Proyectos solidarios en Jerez La suma de lo pequeño

  • Andrés Pecino, orientador jubilado de la Compañía de María, ha repartido en dos años casi 8.000 kilos de alimentos con lo obtenido con el reciclaje de todo tipo de materiales

Andrés Pecino, en su domicilio, con una de las cajas de plástico que también recoge para su reciclaje. Andrés Pecino, en su domicilio, con una de las cajas de plástico que también recoge para su reciclaje.

Andrés Pecino, en su domicilio, con una de las cajas de plástico que también recoge para su reciclaje. / PASCUAL

El 9 de mayo de 2017, Andrés Pecino cumplía 62 años, se había prejubilado y tenía tiempo, mucho tiempo. Orientador durante varias décadas en el colegio Compañía de María, empezó a observar y toparse con las necesidades de mucha gente, visitó comedores sociales y dice que la película 'Techo y comida’, ambientada en La Granja, le llamó la atención y fue también un acicate para adentrarse en la exclusión social que sufren muchos jerezanos.

Ese día de su cumpleaños tomó la determinación de pasar a la acción, aleccionado no sólo por su deseo de ayudar sino también de hacerlo a través de proyectos relacionados con el reciclaje. "Intento transmitir siempre que lo pequeño vale, lo inservible sirve, que lo imposible es posible. Todo suma. Y si al mismo tiempo que ayudamos a la naturaleza, ayudamos al más necesitado mucho mejor", argumenta.

Ya en su etapa en el colegio se había embarcado en la recogida de moneditas de 1, 2 y 5 céntimos, que llama 'Operación cobre para ayudar a los más pobres'. Decidió no abandonar la iniciativa y en estos dos años lleva ya recogidas cerca de 50.000 monedas, un total de 1.095 euros. Ha hecho varias campañas en colegios, una de ellas en San José del Valle y el dinero se empleó para comprar carne para personas sin recursos de la localidad. "Donde hago la campaña intento que el alimento se quede allí", explica.

“Intento transmitir que lo pequeño vale, lo inservible sirve, que lo imposible es posible”

A ese proyecto le han seguido otros, bajo el paraguas de la asociación 'Hombros contra el hambre en Jerez'. Siempre relacionados con el reciclaje y con el fin de destinar lo recaudado por su venta a la compra de alimentos. Aunque es la cabeza visible y el gestor de la iniciativa, con el tiempo y gracias también a sus antiguos compañeros, profesores y orientadores, se ha hecho con una amplia red de proveedores y colaboradores. "Es que a todo el mundo que le hablo de esto se contagia", afirma.

Andrés recoge en este momento casi de todo: latas de bebidas, de conservas -43.450 en todo este tiempo, con las que ha conseguido 1.020 euros-, enseres, a los que extrae los metales y lleva a la chatarrería y desde hace unos meses también tapones de plástico (700 kilos ya recogidos, por los que ha obtenido 116 euros). Se recorre además los campos, donde solicita alimentos de las cosechas, y también pide aportaciones a empresas. De hecho, una de ellas le facilita cada seis meses 360 kilos de sal y del campo ha recogido ya 1.050 kilos de melones, 120 kilos de tomates, 86 de zanahorias y 353 de patatas. Todo perfectamente cuantificado en una libreta que Andrés lleva al día.

Aunque su primera intención era destinar los alimentos comprados a través del reciclaje sólo a comedores sociales, en su camino se cruzaron tres familias con muchas necesidades. Compañeros suyos de centros educativos le hablaron de la situación de estas personas y 'Hombros contra el hambre en Jerez' se ha convertido en una especie de benefactor para ellas. Entre 76 colaboradores de la asociación se paga el pan diario de estas familias. Ya son 659 kilos entregados. "Yo voy a principios de mes a tres panaderías y dejó pagado el pan para que ellas lo recojan". Coincidencias de la vida, un miembro de una de estas familias había sido alumno suyo hacía muchos años.

Cada semana Andrés visita a estas familias y les lleva alimentos, sobre todo, aquellos que habitualmente no reparten las ONGs, como carne, pescado, productos frescos que el mismo compra. "Son familias muy buenas que no piden, porque les da vergüenza". Para ellas, Andrés es una especie de ángel de la guarda.

Pero además también entrega alimentos a instituciones como el Hogar San Juan, el comedor de El Salvador, Siloé o a las monjitas del convento de la calle Barja, entre otras. Con el Hogar La Salle colabora en ocasiones y desde esta entidad a su vez, si tienen algún excedente, se lo dan para sus familias.

Aunque la finalidad son los alimentos, Andrés dice que no se niega a recoger otro tipo de artículos, como muebles o ropa. "Del instituto me trajeron 14 o 16 bolsas de ropa. Se los llevé a estas familias para que se quedasen con lo que necesitaran y el resto lo he entregado al mercadillo del Hogar San Juan". Ahora se ha empeñado en recoger libros de texto de segunda mano y ya está buscando la empresa de reciclaje de papel que le de algo por ellos. "La próxima semana seis colegios me van a dar los libros. A ver qué saco. Pero bueno, por lo menos se van a reciclar y a su vez si eso genera un poco de beneficio para las familias o los comedores, pues mucho mejor”.

Andrés ha convertido parte de su casa en un almacén. En su domicilio tiene contenedores donde diferencia el aluminio y el hierro, el plástico lo guarda en su garaje y también colaboradores suyos como Juan Carlos, del bar Don Vito, recoge las latas para tenerlas en su establecimiento hasta que se venden para su reciclaje.

Lo cierto es que este antiguo orientador no para y asegura que va dando salida a los productos casi a diario. Algunos como el plástico lo lleva a una empresa de Alcalá de Guadaíra. Coge el coche en cuanto reúne 140 o 150 kilos y allí se presenta. "La gasolina, todo corre de mi cuenta, pero yo veo que en esa empresa el trabajo se finaliza, porque he visto otros sitios que los tapones terminan quemados y no se hace nada con ellos. Yo cuando recojo un producto intento que el reciclaje se lleve a cabo hasta el final".

Lo conseguido hasta ahora no ha sido poco. Andrés calcula que se han repartido en estos dos años cerca de 8.000 kilos de alimentos, por un valor de unos 4.500 euros. Admite que cuando comenzó con esta faceta solidaria no se le ocurrió colaborar con entidades ya existentes. "Prefiero trabajar en algo que yo sienta mío y todo esto es mi ilusión. A mi me entretiene y me da muchas satisfacciones. Antes como orientador tenía una función pero ahora veo la sonrisa de los niños de estas familias y ya me compensa".

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