Jerez

"Material desechable"

ES la fuente de la sabiduría: la experiencia, y son ellos, quienes la ostentan: los que, en tiempos mejores, ya olvidados, fueron considerados, respetados y obedecidos. Hoy, son a menudo menospreciados, o "soportados", o, simplemente, ignorados: son nuestros mayores, o ancianos, si quieren, -nada de malo tiene-, o -con todo cariño, y como dicen en "mi" México-: "los viejitos", esos a los que muchos consideran poco menos que "material desechable".

En medio de tanta ingratitud, estoy -la verdad- sorprendido, en este caso para bien, de la posición, disposición y actitud, que a este respecto una cadena de televisión, la pública andaluza Canal Sur, ha venido adoptando con habitualidad en su parrilla de programación.

En estos tiempos, en los que una gran parte de los medios de comunicación se pegan de guantazos por ver quien asume una postura más cateta, partidista y subjetiva en asuntos que se consideran de actualidad; tiempos en los que prima la ordinariez de lo mediocre, la bajeza de lo vulgar y la vergüenza de lo grosero, sobre otras realidades cotidianas; tiempos en los que se obvia de modo pertinaz, por ejemplo, las muchas carencias, los graves problemas, la precariedad emocional y el abandono generalizado que tienen que sufrir los que hicieron posible con su esfuerzo que hoy disfrutemos del mundo en el que vivimos; son tiempos, decía, en los que Canal Sur está asumiendo planteamientos decididos y valientes, preocupándose de buscar, encontrar y confrontar la información que se refiere a los que merecen -y no lo suelen tener- todo nuestro respeto y consideración; reflejando la realidad que otros relegan, olvidan o esconden, y manteniendo una actitud preocupada, objetiva y profesional que honra a esa Casa y a quienes trabajan en ella.

Me causa una tremenda decepción el olvido al que muchos de los supuestos "reyes de la audiencia" -eso dicen ellos- condenan a los mayores. Me da pena, y mucho coraje, el papel de inútiles que, a menudo, las "fieras mediáticas" de la pequeña pantalla reservan para las personas que nos criaron, educaron y enseñaron a ser lo que hoy somos. Me escuece la ingratitud de esos "putos amos" del marketing que desprecian a quien, por su experiencia, "sabe más que el mismo Diablo". Me irrita el trato indolente con el que esos presentadores "estrella" de esos programas basura, se dejan caer, como quien concede un favor, cuando hablan "de" o se dirigen "a" quienes de sobra merecen que estos nuevos arribistas se pusiesen de rodillas hasta para darles los buenos días. Me levanta ampollas la sensación de "deshecho irreciclable" que muchos famosillos -esos a quien los nuevos horteras llaman "celebrities"- dejan translucir cuando se refieren a quienes debieran honrar y respetar. Me da, verdadera pena.

Por esto, por eso y por aquello, agradezco -de veras, y mucho- el celo, el cariño, incluso el mimo, con el que los programas de la cadena pública andaluza ponen, tratan y regalan -respectivamente- a las personas a las que les debemos todo; a esos padres, abuelos, tíos, familiares, amigos, vecinos o conocidos que fueron, antes que nosotros, lo que nosotros somos o aspiramos a ser.

Pocas cosas me parecen más abyectas, despreciables y repugnantes que el no ser agradecido, digo: no ya el ser desagradecido, si no el no ser agradecido. Es la primera, y más elemental, de las muestras que confirman que no somos ajenos al sentimiento de lo justo y a la actitud de lo cabal. Sentir y manifestar agradecimiento hacia quien, en una circunstancia de necesidad, quiso ayudarnos y lo intentó -lo consiguiese o no-, es condición imprescindible para andar por la vida con paso firme y la cabeza alta. La carencia de esta primordial cualidad condena, sin duda, a quien la sufre al pozo rastrero de la mezquindad.

Cuando no hay sensibilidad para apreciar la importancia de quien, con generosidad, nos dio la posibilidad de desarrollarnos como personas; si falta el cariño y la ternura para con los que nos enseñaron su significado; cuando la ambición por "tener" es capaz de envolver en las telarañas del olvido a quien relegó la suya por dibujar una sonrisa en la cara del niño que fuimos; entonces el futuro está perdido. Y lo estará porque no lo puede haber para quien no sea capaz de valorar y saber agradecer hoy, lo que otros hicieron en el pasado para que tengamos el presente que disfrutamos.

Si el cambio de la economía rural -basada en la agricultura, la ganadería y el comercio- a la economía urbana, industrial y mecanizada, marcó el comienzo de la Revolución Industrial que desde finales del XVIII hasta la primera mitad del XIX, cambió por completo el mundo civilizado; la informática haría lo propio con nuestra sociedad durante el siglo XX y será, ya lo está siendo, el desarrollo tecnológico de la comunicación el protagonista del XXI. Los "medios" son como la sangre de nuestra sociedad: irremediablemente vital. Lo que no esté en ellos, lo que ellos no cuenten, simplemente no existe. Por eso reclamo atención, tiempo e interés para educar a los que hoy crecen, en el respeto a sus mayores, y aplaudo, a rabiar, a los que han asumido ésta actitud sin esperar a que ningún molesto periodista se lo exija.

¿"Material desechable"?, puestos a seleccionar, de lo que tendrían que prescindir radicalmente muchas exitosas cadenas de televisión, es del material desechable -éste, sin comillas- que sí tienen en su patética y descorazonadora programación.

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