Turrones y pasteles de Navidad

Una Navidad para comérsela

  • Soler mantiene la elaboración tradicional de sus productos

  • La familia llegó desde Jijona por los helados y desde 1938 tiene las puertas abiertas

Huele a almendra tostada y a miel. El ruido de las máquinas 'cantan' que ya es Navidad, porque en Soler se extiende el turrón en la gran mesa de la fábrica y los pasteles de gloria se crean a mano y uno a uno. Huele a almendra tostada y a miel. La Navidad es Soler y Soler es Navidad.

Hoy toca hacer tortas imperiales y se empieza temprano. El equipo, liderado por una nueva generación de la familia, se pone manos a la obra. La mezcla de miel, azúcar y almendra alcanza una temperatura superior a 100 grados y si en otras empresas la fabricación ni se ve, aquí la fabricación se siente. Se siente hasta quemar las manos mientras se amasa cada torta para rellenar el cilindro y darle forma.

El maestro turronero, Juan José Córdoba, saca un poco de mezcla, la pesa, la reparte y comienzan a salir las quemaduras. ¡Qué dulce es el producto y qué duro su elaboración! Elaboración como siempre, como se comenzó hace 80 años. "Cuando le digo a profesionales del sector de Jijona que seguimos utilizando estas máquinas no se lo creen. Y es la pura realidad", declara Marco Soler Gil.

La familia Soler venía las temporadas de verano desde Jijona para vender helados y como reza la canción, volvía a su casa por Navidad para la elaboración de los turrones. Sin embargo, la vuelta al hogar se vio truncada por la Guerra Civil y se tuvieron que quedar en Jerez.

"Soler nació con mi bisabuelo que se dedicaba a la almendra y mi abuelo trabajó el turrón y dio el paso también al helado. Antes del 1900 venía ya por Jerez los jijonencos porque venían a helar. Buscaban la venta del helado viajando a la costa. Era un ir y venir, porque en Navidad se volvía a casa a hacer el turrón y en verano se buscaba la costa por el helado. En una de las ocasiones estalló la Guerra Civil, le cogieron en esta parte y se quedaron. Compraron tierras para cultivar calabaza, para la miel y mi familia se asentó. Nos quedamos porque no pudimos volver", relata Marco. Aunque el trabajo comenzó mucho antes, los papeles que aún guardan en la fábrica datan de 1938 como apertura del local de la calle Rosario.

Y desde 1938 Soler no ha parado. En sus genes llevan a Jijona y por ello el turrón "por excelencia" es el que lleva su nombre: "Por medio de unas galeras de presión el vapor va a la 'Boixet', la máquina del turrón para hacer el Jijona y el blando. Tiene un serpentín con el objetivo de cocer el turrón y así quitarle el agua y que se quede compacto. Después se mete en cajones y se procede al corte, embolsar y al vacío. Un día antes de este proceso de cocción hay que mezclar la miel con la almendra, pasarlo por los molinos, refinadora, de nuevo al molino y se saca algo parecido a un praliné". "Se hace igual que hace 50 años, seguimos trabajando con máquinas que en Jijona están en museo", subraya Marco.

Soler Gil pone en valor que sólo trabajan con productos de calidad suprema. En este caso, para el turrón de Jijona utilizan almendra marcona y miel de azahar y en algunos productos también la de romero. "La idea de mi abuelo era utilizar los productos de la zona. Él vio una calidad extrema aquí y no entendía cómo no se explotaba las cosas", señala el gerente.

Se trabaja con los mismos productos y de la misma forma: "Decir que se trabaja por amor al arte puede sonar ridículo, pero puedo asegurar que casi es así. Las figuras de mazapán como los pasteles de gloria –en Jerez el que más se vende es el de batata– tienen una labor manual muy grande, son dos productos que se venden mucho pero tienen un margen muy pequeño porque se hace uno a uno a mano. No queremos pasar al proceso de maquinaria porque le quitarías la esencia de estos pasteles".

El mazapán y los pasteles de gloria se elaboran uno a uno de forma manual

Gracias a ese empeño por la elaboración tradicional sigue al pie del cañón Juan José Córdoba, maestro turronero de Soler. Comenzó a trabajar en la casa con 14 años y a día de hoy sabe por el ruido al romperse el caramelo cuándo es el momento perfecto para mezclarlo con la almendra.

"Me gusta la Navidad, me gusta el trabajo de la elaboración. El éxito del turrón es la calidad y que todo está recién hecho. Un producto que se ha fabricado hace seis meses no puede tener la misma calidad que el que elaboramos hoy", declara Juan José.

El maestro turronero sigue existiendo porque es el que le da el "punto" al turrón: "Por mucha mecanización que tenga la fábrica, con el oído sabe el maestro que el turrón está bueno, porque suena diferente cuando cae la pesa o cuando se rompe tras mojarlo con el alambre. Es difícil de explicar, se aprende con los años", declara el maestro, quien añade que para qué cambiar el proceso de elaboración "cuando las cosas funcionan bien. Me llena de orgullo que me feliciten por la calle por el trabajo bien hecho".

"Tengo la seguridad de que lo que se está haciendo se hace bien. Es increíble que los trabajadores se adelanten y se preocupen por el negocio. Y creo que también es una de las claves por la que se ha podido aguantar tanto, porque el trabajador al final se ha hecho de la familia", reconoce Marco.

La casa Soler está en manos ahora de la cuarta generación, con dos establecimientos en Jerez (Rosario y Consistorio) y una heladería en El Puerto (Misericordia). "Nosotros nos hemos criado entre almendras, pero para llegar aquí hay que poner en valor el trabajo de mi abuelo y mis tías Carmen y Edelmira", subraya Marco.

"Si hace diez años me hubieras preguntado cuál era el futuro de Soler te hubiera dicho que era 'comerme el mundo' -reconoce Marco- Hoy día me he dado cuenta de que lo más bonito que puedo hacer es seguir igual, que no se pierda lo que hay. Se puede mejorar en técnica pero no quiero grandes cambios, me gusta tal y como está. No necesito más. Es un modo de vida con el que disfrutas de tu trabajo, con la gente, con la amistad de los clientes. Es un ambiente muy atractivo y característico. Aquí hay algo especial. Se respira Navidad".

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