Jerez íntimo | Espacio patrocinado Pepe Ristori, cinéfilos y el Pregón de la Feria

Alfa: Sesión de trabajo en la (sevillanísima) calle Cuna. Léase: diseño de políticas culturales de tres Fundaciones en una. Es decir: alianza institucional en base a un acuerdo ya establecido antaño y que continúa surtiendo sus (connaturales) frutos. Existen Patronatos que externalizan la profesionalización de la gestión cultural a favor de especialistas en la materia (a algunos de los cuales incluso incluyen en determinados Consejos de Administración). Revela una fórmula de veras eficaz. Y rentable -monetariamente hablando-. Bien: aludíamos a una mesa circular de la calle Cuna. Ya suman varias horas de propuestas, boceto programático, esquemas de vectores directos, tabletas a la quinta marcha e intercambio de impresiones. Hacemos un receso: toca turno a la jarana del impasse: el calor aprieta y la hora convoca al zumo de cebada entre colegas del gremio. Saltamos, por ende, a la planicie de la Plaza del Salvador -con estética manierista y ambientación de foráneos en chanclas-. Cerveza fresca al gañote. Somos ocho al quite. Tres pertenecemos a ASECAN -Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía-. Un institución que vale su peso en oro. Sale a la palestra un par de prodigiosas críticas cinematográficas rubricadas por Carlos Colón: ese lúcido ojo clínico de la gran pantalla. La charla deriva hacia el oficio del crítico de cine y, apenas dos minutos después, aterriza sobre una obra -a mi entender indispensable- a medias conocida: ‘No disparen contra el crítico (o apunten entre los ojos)’ de Javier Cortijo. Se trata de un libro de obligadísima lectura para todo cinéfilo que se precie. Está escrito con pulso literario porque Javier Cortijo maneja la prosa con deslizamiento de calidad de párrafo. Danza sobre el impacto adjetival como bailarín de la estética poética. Este perspicaz ensayo salió al mercado editorial hace ya veinte años: empero no ha perdido un ápice de vigencia. Lo adquirí en 2005 en unos stands de lance de El Corte Inglés. En Cortijo la cultura es lenguaje y la vida un filme sucesivo de metáforas de medio plano. Ni podredumbre, ni ‘progredumbre’. Más bien la gemelar concomitancia de la felicidad.

Beta: Se daba a querer. Sin ser unas castañuelas en las formas. Encarnaba esa inacostumbrada virtud de la bondad serena, a medio camino entre el silencio que observa y la mirada que traza guiños de complicidad. En el trato no distinguía a los ilustrísimos colegas académicos del último y menos extrovertido de sus alumnos. Pepe Ristori era así: nunca estuvo pendiente de un hilo, nunca estuvo picado, nunca estuvo pez en nada, nunca estuvo de moda –¡ese vicio localista!- y nunca estuvo metido en harina de otro costal. Fue un caballero de la amistad. Un hombre de ley y de leyes -de reputada trayectoria profesional-, además de un humanista de alta cultura. Su tranquilidad era un aval en ciernes. Poseía el don de la conversación -esto bien lo sabe el destacado crítico literario Carlos Manuel López Ramos-. Un conversador sin algaradas ni fuegos de artificio. Era además dueño de una capacidad innata para el quevedesco humor inteligente, ¿verdad que sí, Bernardo Collado? Dicho castizamente: soltaba unos puntazos desternillantes. Con las más adustas de las expresiones gestuales -sin aletear ninguna ceja- exponía a su vez las más agudas de las ironías chistosas aliñadas por el giro conceptual del humor negro. Si Ristori tenía habilidad para hacer amigos, a su vez también estilaba la magia personal de no perderlos andando el tiempo. Lo que a día de hoy comporta un mérito incluso mayor. Ha fallecido abrazado a la sonrisa pacífica de saberse buena persona.

Gamma: Ojo al dato: este viernes 10, a las 21.00 horas y en los Claustros de Santo Domingo, de nuevo el Pregón de la Feria de Jerez. Cinco primeros espadas sobre las tablas: Manolo Doña, Felipe Morenés, Marciano Braña, Juan Garrido y el coro rociero ‘La Plata’. ¿Se lo va usted a perder?

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