Jerez

¿Qué será de Rachid?

  • La Junta no encuentra soluciones para un joven marroquí que ha estrenado su mayoría de edad con una operación a corazón abierto en el Puerta del Mar. Voluntarios de La Salle han evitado que se quede en la calle

Rachid tiene el pecho cosido con grapas y sus ojos no se despegan del Marca, una página en la que se glosa una hazaña de Arbeloa. Y no despegará los ojos del periódico mientras habla conmigo con monosílabos en la habitación 409 del hospital Puerta del Mar. El cardiocirujano, una eminencia llegada de Francia para realizar dos operaciones especialmente complejas a corazón abierto, una de ellas la de Rachid, le explicaba así su estado, lo que había superado, con lenguaje que él pudiera entender: "Has ganado al Barcelona y al Madrid, eh. No has ganado a cualquiera. Has ganado a los mejores. Ahora te queda ganar la final".

La 'final' es su recuperación. "Ahora estoy bien", me cuenta desde la cama del hospital de donde salen cables, vendas y olor a acaroína. Pero para jugar esa final Rachid contaba con pocos efectivos. Para ser exactos, él solo. El motivo está en su edad. 18 años y tres meses. Si hubieran sido 18 años menos tres meses, Rachid hubiera sido operado y habría regresado al centro donde ha pasado casi dos años, su minoría de edad desde que atravesó la frontera en los bajos de un camión: el colegio Nuestra señora del Cobre, en Algeciras. Esa pequeña diferencia mensual le empujaba a otro destino, el que se buscara él con su cuerpo cosido de grapas. La Junta de Andalucía no tenía ninguna solución para su ex tutelado.

El caso de Rachid, aunque más dramático por el mal funcionamiento de las válvulas de su corazón, no es especialmente extraño. Según la organización Inter SOS, en Andalucía hay 1.700 personas desaparecidas. 900 de ellas son chicos como Rachid, menores que dejaron de serlo y entraron en un agujero negro de la estadística. Desaparecieron... al menos para la Administración.

Claudia Zafra, adjunta al defensor del menor del Defensor del Pueblo de Andalucía, reconoce que "existe un debate sobre estas personas que han sido tuteladas porque es cierto que hay pocas salidas concretas". El propio José Chamizo, Defensor del Pueblo, se interesa por el caso de Rachid y ofrece algunas soluciones: "Está el centro de Sor Magdalena en La Línea...", propone. Sor Magdalena, hija de la Caridad de San Vicente Paul y que durante años trabajó con enfermos de sida, es conocida también como Sor Caracoles porque acoge a muchachos ex tutelados en la finca El Pino, donde han establecido una granja para criar bichos para la cazuela. La granja se montó en 2005 "al descubrir que no todos los chavales ex tutelados obtenían el permiso de residencia y lograban empleo cuando alcanzaban la mayoría, quedando en ese momento en la calle y sin ninguna posibilidad de integración". Pero Sor Magdalena puede ayudar a seis por año, no a muchos más. No había sitio para Rachid. ACCEM es otra organización de enorme fuerza que tiene numerosos programas de acogida y ayuda al inmigrante, incluidos pisos tutelados. Pero ellos también tienen sus listas de espera.

Desde 1997 existe en Andalucía el programa P+18 para jóvenes ex tutelados. El programa ayuda a dar los pasos intermedios entre la tutela y la autonomía a través de la formación e inserción. La Junta está satisfecha con los resultados. Cada año se atiende a unos 2.000 jóvenes, no todos inmigrantes. Es, sin duda, un buen programa, pero cuando hablo con Rachid en el hospital, que está esperando el alta en las próximas horas, sigue sin recibir ninguna llamada de la Junta.

Rachid no está solo. Junto a él está Manolo, un visitador médico jubilado que pertenece a la asociación de cooperadores salesianos. A él le ha tocado el turno de compañía que han montado con Rachid desde que ingresó en el hospital. El hogar La Salle de Jerez fue informado de la situación de Rachid y puso en acción a decenas de personas para que el joven no estuviera solo durante su estancia en el hospital. Michel Bustillo ha sido el encargado de coordinar a todo el grupo de personas que ha participado en esta "emergencia". "Pusimos en marcha toda la red de solidaridad que tenemos en Cádiz y Jerez a través de correos electrónicos. Recibimos rápidamente respuesta de asociaciones como Yameya, Mujeres Gades, La Salle La Viña, Cooperadores Salesianos. Además, marroquíes, chavales como Rachid, se prestaron a acompañarle. Rachid nunca ha estado solo".

Y una vez compuesto el equipo con el que jugar la 'final', Rachid ha encontrado rostros nuevos al lado de la cama. Manolo ha llegado a la habitación 409 la mañana del martes y ha visto a Rachid con la mirada tímida tras sus gafas de pasta negra. Le ha preguntado que qué quería y él le ha pedido el Marca.

Ahora Rachid me atiende a medias porque su atención está puesta en la clasificación del Real Madrid, goles a favor y en contra, las fotos de los jugadores. "Qué, el otro día nos ganasteis". Se sonríe. "A este paso ganais la Liga". "No sé". "¿De dónde eres?" "De Tánger". "¿Y cómo llegaste?" Tarda en contestar, prefiere hablar de fútbol. Lo resuelve con una sola palabra: "Clandestino". "¿En patera?". Niega con la cabeza. "¿Tienes familia?" "Un hermano en Barcelona". "¿Y quieres ir con él?" "Prefiero estar aquí". (El servicio de protección del Menor se puso en contacto con su hermano en Barcelona, pero su hermano habló de miles de dificultades) "¿Y tienes familia en Tánger?" "Sí". "¿Hablas con ellos?" Aquí Rachid se cierra definitivamente. "Sólo tengo padre" y en ese 'sólo tengo padre' parece esconderse algún reproche del que su gesto, ya muy serio, informa que no piensa hablar. "¿Qué querrías hacer en España?". "Soldado". "¿Soldado español?". "Sí, ya fui soldado en Marruecos. Me recuperaré, me gusta ser soldado".

El futuro soldado fue recogido el martes por la tarde por Michel Bustillo. Hasta el último instante el hogar de La Salle esperó respuestas de la Junta, pero hubo un momento en que se dieron cuenta de que la Junta había encontrado una solución y la solución eran ellos, pese a sus limitaciones de plazas en su modesto hogar de Jerez. "Estaba claro que la Junta sabía que no dejaríamos a Rachid en la calle". Así es como, de momento, Rachid no ha entrado en el agujero negro de la estadística, el de centenares de jóvenes marroquíes que 'desaparecieron' cuando cumplieron 18.

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