Urbanismo San Mateo se derrumba

  • El popular barrio jerezano de intramuros soporta la cantidad de unas 200 viviendas abandonadas y palacios con un gran valor histórico arruinados desde hace años

Una de las múltiples viviendas en ruinas que alberga el barrio de San Mateo. Una de las múltiples viviendas en ruinas que alberga el barrio de San Mateo.

Una de las múltiples viviendas en ruinas que alberga el barrio de San Mateo. / Vanesa Lobo

“Aquí a San Mateo llegó una persona que se enamoró de una de las viviendas del barrio y comenzó a arreglarla hasta que se terminó marchando aburrido”. Este vecino que quiso construir su hogar en la conocida barriada jerezana se tuvo que marchar “porque todo eran impedimentos y trabas administrativas por parte del Ayuntamiento para arreglar la vivienda”, cuenta una de sus vecinas. Tan sólo es uno de los ejemplos que se pueden encontrar el céntrico barrio de San Mateo, donde es posible llegar a contar alrededor de 200 viviendas totalmente abandonadas.

Lo cierto es que este lugar no atraviesa uno de sus mejores momentos. Realmente lleva años siendo así, quizá 20 o 30 según apuntan vecinos, aunque por cada mes que pasa, por cada año que transcurre, se ve peor. Una imagen que no favorece nada a la ciudad, al ansiado turismo ni, por supuesto, a sus vecinos. Por un lado se hace lógica la situación cuando “es un problema que podemos situar en fechas anteriores a la democracia, aunque es cierto que se ha ido agravando poco a poco, sobre todo desde hace 30 años, llegando a provocar la situación actual”, explica uno de los vecinos que sigue viviendo en el barrio.

Por todos los jerezanos es conocido el estado en el que se encuentran decenas de viviendas de la zona. Todas ellas en riesgo de derrumbe, algunas derrumbadas y otras en las que sólo queda una vieja fachada con un solar en su interior inundado de matojos y basura. Basta con dar un paseo a cualquier hora del día por sus calles y comprobarlo en primera persona.

En uno de estos paseos, matutino concretamente, varios vecinos cansados de la delicada situación urbanística del barrio mostraban a este medio lo que “menos se conoce de él”. Muchos jerezanos se han percatado de la problemática de este lugar al transitar por las calles más conocidas, pero existen otras, por las que apenas pasan personas, que suponen verdaderamente un peligro público, por no mencionar la insalubridad de las mismas.

“El Ayuntamiento es el segundo propietario de más casas abandonadas de intramuros”

Durante el paseo a media mañana se puede contar con los dedos de las manos el número de personas que se pueden encontrar por las calles, plazas y callejones de San Mateo, exceptuando los puntos más neurálgicos de la barriada, como la plaza del Mercado.

La principal solución que ven sus vecinos es la repoblación. “Lo es todo. Incluso el turismo depende de la repoblación del barrio”. La propia Asociación de Vecinos de San Mateo realizó en el año 2013 un escrito, que posteriormente fue enviado al Ayuntamiento gobernado por el Partido Popular, en el que aparecía un listado completo de las casas abandonadas. En aquel entonces 150 aproximadamente. Hoy, seis años después, muchas más, aseguran sus vecinos. “De ese escrito nunca recibimos respuesta. Suponemos que estará en el cajón, como muchos otros. Aunque no solo tiene la culpa de esto aquel gobierno de Pelayo, ese escrito fue enviado a todos los grupos políticos. Todos tienen constancia de la situación especifica de San Mateo.

Justo detrás del mítico Palacio de Riquelme, que se sitúa en la plaza del Mercado y que expropió el Ayuntamiento hace unos 40 años, se encuentra un calle peatonal que pocos conocen. La esquina de una de las viviendas, cuyo propietario no es el Ayuntamiento sino un particular, se cae a pedazos. Literalmente. Es posible ver aún restos del muro en el suelo y la fachada resquebrajada a punto de caer sobre el acerado. Un peligro de derrumbe que aumenta si se tiene en cuenta el empuje al muro que realiza uno de los árboles que han crecido en la ‘selva’ que yace en su interior. “Aquí incluso hacen botellón algunos niños. Es un grave peligro esta zona. Como algún día se caiga encima de alguien lo mata”, advierte un vecino. Como medida de ‘seguridad’, el Ayuntamiento ha colocado dos vayas de plástico -las que se usan para cortar el tráfico- que no permitían el acceso a la calle. Algo que, como se presuponía, ha servido de poco.

En la calle Cordobeses, justo al lado de Muro, aún permanece el famoso y extenso solar que fue embargado a la constructora portuense Jale, cuyo propietario era José Antonio López Esteras. Seguramente lo recuerden por ser los terrenos que iban a albergar los nuevos pisos de esta constructora y que aún siguen pagando algunos, a pesar de no haberse levantado ni un tabique. Incluso fueron utilizados como aparcamiento en algunos momentos puntuales. “Este terreno es propiedad del banco, excepto el casco de bodega -o lo que queda de él- de su interior, que sigue siendo de Jale”, apunta uno de los vecinos de la zona, que añade, “en este solar, que está totalmente abierto y desprotegido, hay varios pozos”.

La calle San Blas, cercana a la calle Espíritu Santo, acoge otro de los famosos solares del barrio. Cerca de 10 años estuvo cortada esta calle por los puntales de hierro que aguantaban la fachada de la casa. En su interior, al que se puede acceder porque se llevaron su puerta, poco hay que rescatar. Matojos, árboles y más matojos. Foco de infección al que acuden ratas normalmente y peligro de que, sobre todo en estas fechas, se prenda alguna de la vegetación seca que allí crece a su antojo.

Diferentes vecinos de San Mateo siguen asegurando que “el Ayuntamiento es, sino el primero, el segundo propietario de más casas abandonadas en intramuros”. El problema de todo ello, según estos residentes, es que “se ponen muchas trabas a las pocas personas que se deciden por venir aquí”. En sus angustiosas declaraciones, estos vecinos aseguran que han sido muchas las casas que se han derrumbado por su propio peso y “cualquier día habrá un susto grande”. Por ejemplo, dicen, en calle Barranco hay una casa que tiene el hueco hecho para su garaje, con su puerta de metal, y el Ayuntamiento no permitió a este vecino que aparcara su coche ahí. “Qué menos que los residentes tengan sus plazas de garaje”, asiente una de las vecinas mientras señala la vivienda. Aunque esto va más allá de un caso concreto. “Realmente no se permite la construcción de garajes en las viviendas de la zona”, apuntan varios vecinos. “Y así es muy difícil”.

Uno de ellos asegura que la solución es crear un departamento de disciplina urbanística (que se ocuparía de prevenir y castigar el incumplimiento de las normas urbanísticas) mientras muestra un antiguo edificio, derrumbado también, que albergaba en la segunda mitad del siglo XX un reñidero de gallos que se denominaba El Embrujo. Otro de los derrumbes que propició el corte de la calle durante varios meses. “El Ayuntamiento tiene que ocuparse de sus propiedades en primer lugar y luego ocuparse de las particulares”.

Este residente de San Mateo cree que la expropiación es el último paso. Además, en Jerez se ha demostrado que las expropiaciones “no son nada fiables, sino fíjate en el Palacio Riquelme, que fue expropiado hace 40 años y mira como está”, lamenta. “Su arreglo se tasó en los tiempos de Pacheco en 4 millones de euros, imagina lo que cuesta ahora arreglar eso”.

Las viviendas anteriormente mencionadas son sólo algunos -pocos- ejemplos de hasta las 200 que se calculan. Pero no son sólo viviendas. Intramuros cuenta con Palacios que tienen un gran valor arquitectónico e histórico. No sólo el de Riquelme. También el Palacio de Dávila, de origen renacentista (siglo XVI), okupado prácticamente al completo. Su estado interior, como pueden imaginar, no es el más idóneo, aunque aún se pueden divisar algunas de las maravillas que mantiene. Desde la fachada es posible ver su balcón. “En Jerez sólo hay dos balcones de esquina renacentista, el de Dávila y el de Ponce de León, y fíjate cómo lo tienen”, señala un vecino mientras lo observa. Justo frente a él se encuentra el Palacio de Campo Real, en el que aún vive Alfonso de Domecq-Zurita.

San Mateo aloja palacios muy valiosos que se encuentran en ruinas desde hace años

No sólo esos. En una de las esquinas de la plaza del Mercado se encuentra también el Palacio de San Blas -conocido popularmente como el Pantera- en un estado ruinoso, con todos sus accesos tapiados para evitar males mayores. Un palacio que iba a ser adquirido por las conocidas hermanas Koplowitz para ser posteriormente convertido en un hotel de lujo. A su lado, más ruina. Se trata del antiguo edificio donde vivía el cura de San Mateo. “Antes tenía dos plantas, pero ahora sólo queda una”, dice uno de los residentes de la zona, que asegura que dentro yacía “un maravilloso patio de columnas de gran valor que ahora está en una casa de Aracena”.

En este amargo paseo también es posible, por supuesto, observar viviendas con mucha vida que lucen una buena imagen. Es la otra cara de la moneda. Seguramente puedas encontrarla frente a otra que lleva 20 años arruinada. “Es lo que ocurre con la plaza Belén. Está muy bien la zona, porque quitaron ese solar que había ahí, pero de qué sirve si todos los edificios que la rodean están vacíos”, lamentan sus vecinos. “Se está demostrando que una acción puntual no sirve de nada y esto es prácticamente lo único que se ha arreglado en el barrio en democracia”.

Estas personas son conscientes de que los tiempos han cambiado y la ciudad se ha ido expandiendo a la periferia. Las casas de vecinos se han ido quedando obsoletas, pero “desde el Ayuntamiento nunca se ha hecho nada por evitar esta huida. No se ha promovido la vivienda del centro, parece que no interesa”, explican, ya que “en otras zonas de Jerez cada vez se dan más licencias para construir, expandiendo más la ciudad”.

Ante toda esta situación, el nuevo delegado de Urbanismo asegura que ya está trabajando en ello. “Esta delegación está trabajando en la regeneración del centro histórico, donde San Mateo tiene un papel protagonista”, afirma. “En unas semanas saldrá a la luz un nuevo plan de urbanismo para llevar a cabo este fin, pero de momento no hay plazos”. Eso sí, Díaz afirma que lo que se quiere hacer es algo que “realmente sea efectivo para intramuros y no algo bonito de cara a la galería”.

Los vecinos del barrio no confían demasiado en que esto se vaya a arreglar pronto, pero “deseamos que sea cuanto antes. Hay gente que lleva viviendo toda la vida aquí que está harta de ver tanta ruina”. Lo que si piden es que “los políticos no miren hacia detrás y empiecen a hacerlo ya”.

Ahora toca esperar para ver si, en algún momento, alguien decide mover un dedo para comenzar con la repoblación y, por tanto, la regeneración de un barrio que lo tenía todo y que está arruinado por la dejadez y la falta de atención durante muchos años. Sus vecinos así lo piden y así lo esperan.

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