Barriadas

Setenta escalones

  • Los vecinos de San Juan de Dios, atrapados en viviendas de 40 metros cuadrados, reclaman que se inicien ya las obras de los nuevos pisos. Para la mayoría, jubilados, las escaleras se han convertido en un infierno

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"El primer día que entré yo por aquí conté los escalones, 57 hasta llegar a la puerta de casa y otros 13 dentro". Miguel Zarzuela Ortega está operado de corazón, cuenta que le pusieron tres bypass y que en diciembre le volvieron a ingresar otra vez en el hospital. "He estado ocho días porque tengo tres venas obstruidas y no me han podido hacer el cateterismo. Con las medicinas dicen que se me puede ir arreglando algo, pero las escaleras me vienen fatal. Tengo que subir tres escalones, pararme y así".

A Miguel le falta aire cuando habla. "Imagínese para subir escalones. Ya me dirá las perspectivas que tengo y mi mujer está operada del pecho y tiene una prótesis en la rodilla. Usted me dirá qué hacemos".

En el último pasillo de Doctor Girón Segura, bloque 2, de la barriada de San Juan de Dios, se forma un corrillo de vecinos. Desde allí se ven los bloques nuevos, los primeros que se construyeron ya hace unos años. Según los planes municipales, el resto debía construirse inmediatamente después, mientras los antiguos pisos se echaban abajo y se realojaba a las familias en unas casas más grandes, en una sola planta y sobre todo, con ascensor. Pero no ha sido así.

"Este hombre ha aguantado muchísimo. A él deberían darle ya otra vivienda. Ya ves, nosotros no queremos que se vaya porque es muy buen vecino, pero así no puede seguir. ¿En septiembre le operaron a usted, verdad?, le pregunta Juana Cruz, otra de las vecinas, a Miguel. Ella es de las más antiguas. Llegó a los bloques de San Juan de Dios en el 72. "Entonces yo era joven y corría por las escaleras, pero ahora tengo depresión crónica, me dan unas fatigas y me caigo, me asfixio, bajo por las escaleras y me tengo que parar 30 veces y me gustaría que ya esta mujer (se refiere a la alcaldesa Pilar Sánchez) hubiera empezado las obras de los pisos nuevos".

Juana enseña su casa, apenas algo más de 40 metros cuadrados en dos plantas, "que cada uno ha arreglado a su manera". Todas tienen la misma distribución: abajo la cocina y una pequeña sala, y arriba, dos dormitorios y el baño. Entre una planta y otra, 13 empinados escalones, que a los vecinos, la mayoría personas mayores, se les hace cada vez más cuesta arriba. "Mi cuarto de baño lo tengo que arreglar porque hace ya 38 años que está hecho, pero para que voy a meterme en una obra, si esto se va a tirar y además el día que me den una vivienda yo necesito dinero para muchísimas cosas, porque nada aquí sirve para unas viviendas más grandes". En esos 40 metros cuadrados, comenta Juana que algunas familias han llegado a criar hasta ocho y diez hijos. "El comedor no era comedor, ponían camas y en las habitaciones, literas. A ver. Eso era lo que había".

Miguel vivía en el centro, hasta que el matrimonio y un hijo tuvo que salir de allí porque la casa estaba en ruinas. "El dueño nos ofreció un poco de dinero, que es lo que vale esto y nos vinimos aquí, gracias a Dios, porque sino estábamos en la calle. Pero ahora no tenemos perspectivas. Mire como está eso -señala los dos bloques que ya han sido desalojados - Es un nido de ratas y ahí se está metiendo la gente". Los vecinos quieren que tiren esos bloques, dicen que ya no hay motivo para que no se derriben, porque han salido los últimos inquilinos con los que existía problemas de tipo legal.

En el pasillo del bloque 2 recuerdan una reunión en diciembre de 2007 en la que la alcaldesa fue a San Juan de Dios y les dijo que "se iba a meter mano a la barriada y no se ha hecho nada. Llevaba dos propuestas: una que los pisos se hicieran de una sola vez y que se tardaría tres años y la otra, hacerlos por fases conformen se fueran cayendo los bloques antiguos. Entonces, claro, todos dijimos que lo primero", asegura el presidente de la asociación de vecinos, Ángel Loreto. "Pero ahora me entero yo por los medios de comunicación que va a empezar la primera fase. Entonces es que no se va a hacer todo junto, como nos prometió. A la asociación de vecinos no nos dicen nada, nos enteramos por los medios de comunicación, de hecho no tenemos ninguna fecha para empezar". Loreto insiste en que el comienzo de las obras de los siguientes bloques lleva tres años de retraso. "Nos dicen que hay que esperar a que se apruebe el Plan General de Ordenación, pero si nosotros estábamos en el Plan General, lo que pasa es que han hecho modificaciones y nos han dejado fuera. Que no nos den la excusa del PGOU, que no somos tontos".

Miguel interviene. "Pues en todas las obras que mientan no nombran para nada a San Juan de Dios. Que si las 'casitas bajas', que si Guadalcacín, pero San Juan de Dios para nada".

Según el proyecto que existe, cuando se construya otro nuevo bloque serán 120 pisos para acoger a los vecinos que ahora habitan dos de los bloques antiguos. En San Juan de Dios quedan aún seis bloques con familias, unas 360 viviendas.

Manuel Corbacho, con 78 años a sus espaldas, vive con su mujer, también con problemas en las piernas. Está en San Juan de Dios prácticamente desde que se entregaron los pisos y reconoce que entonces eran una maravilla. "Para lo que había en el año 63, que se alquilaba un cuartito esto nos pareció estupendo. Si tenía que arreglar cualquier cosilla subía un saco de cemento como si fuese papel pero ahora ya no puedo hacer nada. Sólo esperamos a ver si arreglan algo. Aquí todos somos gente mayor, procuramos bajar lo justo. Pero si hay que comprar, llega uno asfixiado". Recuerda que hace un tiempo "una muchacha del Ayuntamiento me hizo una encuesta y me preguntó qué ganaba. ¿No saben que gana un jubilado? Y a última hora vino esa mujer pero no me han vuelto a decir nada más".

En la segunda planta vive una mujer a la que tienen que ayudar para salir y otra se ha tenido que ir del piso porque estaba en silla de ruedas. "Aquí el que no cojea de una pierna cojea de las dos", bromea Miguel. "Hay muchas personas mayores y también algunos jóvenes que son los que nosotros decimos de recambio porque compraron los pisos luego", agrega Juana. "Claro, los unifamiliares también tienen escaleras, pero tienen un baño y una habitación abajo que si cae uno malo no tiene que andar subiendo, porque una persona en la cama, como estuvo mi marido...". Juana se quedó viuda, con una pensión pequeña, de unos 500 euros, como la de muchos de sus vecinos. " Cuando nos tiren esto no nos van a dar nada. Decían que lo valoraban en dos millones y medio y a última hora dicen que no. Yo tengo mis escrituras y cuando nos den los pisos nuevos vamos a tener que pagarlos durante 25 años, que yo no voy a durar 25 años, pero no me importa, lo pago porque merece la pena vivir mejor".

María, su vecina, de luto riguroso, nació en el 34. "Esta mujer ha pasado muchísimo", comenta Juana, mientras María muestra sus manos, con los dedos amoratados. "Me han dicho que es del azúcar. Tengo de todo menos dinero. Me tengo que apañar como puedo. Qué voy a hacer. Ya me he caído dos veces pero no me he hecho nada. Si parece que tengo siete vidas. Por las escaleras tengo que ir agarrada".

San Juan de Dios apenas tiene dos tiendecitas, más que nada para los apaños, dicen los vecinos, pero las compras las hacen en supermercados. "A nosotros nos tienen que traer los mandados que pedimos, pero hay que dar un dinero para que te lo suban". La farmacia, el centro de salud, la parroquia, la zona más comercial, todo queda al otro lado de la rotonda, que sustituyó al puente, en Eduardo Delage y Los Naranjos. El párroco de San Juan de Dios, Antonio Labrador, sabe de las dificultades que encuentran las personas mayores de San Juan de Dios en sus recorridos más habituales. Como Manuela Suárez, otra vecina que se ha apañado para subir lo menos posible las escaleras que separan la primera de la segunda planta de su casa. "Yo he cogido mis mañas, porque me cuesta subirlas, aunque para las cosas de casa todavía me arreglo. Llevamos aquí años y cuando mi marido estuvo enfermo, hasta que se murió, subiendo y bajando las escaleras".

A Joaquín Carrera le conocen como El Junco. "La alcaldesa ha sido muy informal. Pacheco hasta estuvo aquí en una manifestación contra la droga pero ella no aparece para nada. En Navidad no nos mandaron ni caramelos ni la tarima para que subieran los reyes magos. Eso no se hace. Nos tienen olvidados".

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