JEREZ ÍNTIMO

Zurita, Sollero, López, Ruiz-Cortina…

Alfa: Todo acontecimiento cuenta con su pertinente mensaje previo. El IV Pregón de los Reyes Magos abarrotó de público la sede social de la Real Academia de San Dionisio. Lleno hasta la bandera. ¿Overbooking? Se trata a no dudarlo de una convocatoria que se consagra y consolida por años. El ofrecido por Paco Zurita Martín posee envergadura religiosa de cuasi ejercicio espiritual. Magnetizó su mensaje. Expuso una oración -metafórica- que romanceaba enseñanzas evangélicas.

El flamante pregonero marida verso y prosa en favor de sus profundas convicciones cristianas. Se siente cómodo proclamando la preeminencia y la vigencia de la Epifanía. Sorprende a propios y extraños con una pieza literaria que es reivindicación social y puesta en valor del papel que, Deo volente, continúan desempeñando Melchor, Gaspar y Baltasar a tiempo presente: “Queridos Reyes Magos: le pido a Dios encarecidamente que este año nos traigáis oro en forma de generosidad, incienso en forma de Fe y mirra en forma de humanidad. No habrá mejores regalos para nuestra sociedad de hoy", enfatiza Zurita. Saludamos a Félix Sollero -siempre tan elegante de formas-. Dialogamos con los académicos José Carlos Fernández Moreno, Andrés Luis Cañadas Machado, Juan María Vaca Sánchez del Álamo, Antonio Millán Garrido y Francisco Garrido Arcas. El ambiente rezuma la magia ilusionada propia de sus Majestades de Oriente. La concurrencia rescata la niñez que siempre gravita en el epicentro de la mismidad del hombre. Asisten Rafael Padilla, Ramón García, Santiago Zurita, Ramón Emilio Mejías Mateos, Juan Manuel y Ángel Bocarando, Alberto Villagrán, Fernando Romero, Pepe Arcas de los Reyes, Juan Luis Rosa Elena… La riqueza interior forma círculos concéntricos sobre el verso reivindicativo. Enrique de Mora, al cante por villancicos, y Joaquín Vallejo, a la guitarra, bordan una pureza antigua que requiebra de melodías la anchura del aforo. “Si supieras la entrada que tuvo el rey de los cielos en Jerusalén…”.

Dos Manolos: Alcocer y Doña: siempre al quite. Francisco Camas, Isabel Paredes, Antonio Saldaña. Los Reyes de Jerez 2019: Francisco Gandón, Ana Huguet y Félix Moreno. El texto y el contexto van dedicado por entero a la encarnación de este trío de ases (humanitarios). El padre Antonio López encabeza por segunda vez consecutiva la mesa presidencial: su -docta- reflexión final es un pacto de sangre con la paz interior. La existencia de los Reyes Magos no es rara utopía merecedora de crédito. Más bien un autobiográfico reencuentro con el patrimonio inmaterial de la tradición que no se desmanda y no se escabulle. Ya lo cantó el poeta: “No me hace falta más para creer al menos que no miento”.

Beta: La muerte es toda ella de pronto inmediata. En el poema ‘Mal de ausencia’ Caballero Bonald escribe que “esa escalera comienza ya a bajar / hacia el centro insondable de la ausencia”. Desconocía -mea culpa- la recentísima recaída, en los fustes de su enfermedad, de Manolo Ruiz-Cortina Reimóndez. Estreché amistad con Manolo a partir de nuestra común pertenencia al consejo de redacción del Boletín de las Cofradías de Jerez -primeros años noventa- dirigido por Francisco Barra Bohórquez -en la época de presidencia de la Unión de Hermandades de Manuel Piñero Vázquez, otro cofrade de peso específico-. Manolo siempre se mostró consecuente en los criterios que fundamentaban sus exposiciones. Hasta la aseveración más seria y rigurosa puede aliñarse con una sostenida y sostenible sonrisa. Manolo fue risueño incluso por amor a María Santísima. Un clásico de las Angustias -secretario, mayordomo, Hermano Mayor, Medalla de Oro-.

Manolo solía comentar entre bromas y veras que el respetable público cercenaba de raíz su apellido materno. Además de pregonero literario y pregonero gráfico de la Semana Santa y destacado miembro de la Unión de Hermandades, fue nazareno hasta que sus facultades físicas así lo posibilitaron. Encarnó esa naturaleza de cofrade que ahora tanto molesta a cierta mediocridad imperante: el activo -con responsabilidades dirigentes o sin ellas según las etapas- de principio al final de sus días. Jerez, hoy, besa el pedestal de su recuerdo.

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