Agresiones en el ámbito sanitario

Defensa contra el paciente agresor

  • Un curso del Colegio de Médicos enseña a estos profesionales cómo deben actuar ante el riesgo de sufrir un episodio de violencia

Dos de los formadores escenifican un intento de agresión ante la mirada de los profesionales sanitarios. Dos de los formadores escenifican un intento de agresión ante la mirada de los profesionales sanitarios.

Dos de los formadores escenifican un intento de agresión ante la mirada de los profesionales sanitarios. / MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ

¿Qué puede hacer un médico cuando la situación en una consulta se complica y amaga con acabar en una agresión por parte de un paciente o familiar? La respuesta no es sencilla, pero hay recursos de los que los facultativos pueden echar mano para evitar que todo desemboque en un episodio de violencia, en el que tendría todas las de perder. Y eso es lo que se trata de trasladar en cursos de formación como el que esta semana se ha impartido a un grupo de facultativos en la sede de Jerez del Colegio Médico de Cádiz.

La formación ha corrido a cargo de la empresa 'Emergency Staff', cuyo director de formación, Andrés García Córdoba, explica que el curso se centra en el control del paciente tanto agitado como agresivo, e incide en remarcar la diferencia entre uno y otro, porque la actuación del profesional deberá ser diferente. "Una de las cosas que enseñamos es a ser capaz de darnos cuenta de quién tenemos delante. Si es una persona agitada, en el caso de los profesionales sanitarios, hay una relación terapéutica médico-paciente, y tenemos que intentar reconducir esa situación. Ahora, si quien tenemos delante es una persona agresiva, ya no existe el vínculo médico-paciente, por lo tanto la intervención es diferente y el profesional debe buscar su propia supervivencia", afirma García.

El curso está orientado en todo momento a que la agresión no llegue a producirse y para eso los formadores desarrollan un procedimiento conocido con las siglas ACIS: A de autoprotección, C, de control verbal y no verbal, I de inmovilización y S de sedación.

"En la primera fase lo que hacemos es detectar si hay algún riesgo potencial de agresión hacia nosotros o que se pueda tornar en agresión. ¿Para qué? Para ganar tiempo buscando la huida”. Porque otra de las claves de la actuación del profesional debe ser evitar en todo momento el enfrentamiento. "Buscamos minimizar los riesgos porque no existe el riesgo cero, y huir de ese escenario hostil y solicitar ayuda. A lo mejor después, el profesional tiene que volver al escenario, inmovilizar al paciente, o sedarlo, ya lo que se decida. Pero es muy importante no buscar el enfrentamiento, sino intentar que la agresión no se produzca y ser capaces de detectar si esa persona puede agredirnos".

García mantiene que las medidas disuasorias de las que se dispone en los centros sanitarios, como el caso del botón antipánico, son importantes, pero no de manera aislada.  "En algunas ocasiones generan una falsa sensación de seguridad. Los elementos de protección tienen que ser complementarios a que ese profesional sea capaz de hacer algo hasta que llegue la ayuda, que no es inmediata, según el lugar, puede tardar minutos".

Participantes en el curso practican algunas de las técnicas. Participantes en el curso practican algunas de las técnicas.

Participantes en el curso practican algunas de las técnicas. / MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ

Y es en ese intervalo de tiempo, hasta que llega la ayuda, el médico tiene que poner a prueba sus propios recursos. El coordinador del curso subraya que "el profesional debe ir pensando en la salida, huir, y si no se puede, emplear la autodefensa, pero no desde la perspectiva de la defensa personal, porque entonces tenemos las de perder. Hay muchos cursos que enseñan a doblar por ejemplo un brazo del agresor y no es real, porque en situaciones de estrés en personas que no nos dedicamos al uso de la fuerza, es que no nos acordamos y nos ponemos más en riesgo".

Recalca, en este sentido, que, como formadores, "lo que hemos hecho es desarrollar procedimientos instintivos, ver cómo funciona nuestro cerebro ante una situación de pánico, aprender cómo funcionamos y a partir de ahí, qué somos capaces de hacer cuando no podamos marcharnos de esa consulta o ese espacio. Enseñamos técnicas instintivas, que principalmente buscan quitarnos al agresor de encima para buscar la huida y la ayuda". Y asegura que estas técnicas sirven para cualquier persona, independientemente de la edad o la complexión física.

El curso impartido en Jerez ha constado de dos jornadas, donde además de la teoría, se ha mostrado de una forma práctica a los profesionales médicos participantes cómo actuar en estas situaciones. El manejo verbal del paciente es una de las claves. “Nunca pasa que alguien de repente se levante y nos golpee, siempre ocurre algo previo", afirma García, comparando la situación a la que a veces se enfrentan los profesionales a la de “una olla que se calienta hasta 90 grados. En función de lo que hagamos pasa a 100 grados, hierve y eso ya no tiene marcha atrás, o bajamos la temperatura. En el curso lo que buscamos continuamente es enseñar a bajar la temperatura para que no se produzca la agresión".

Pero lo cierto, es que tampoco existen fórmulas mágicas. Sí están más claras, según el coordinador del curso, las palabras que no se deben decir al posible agresor, como, por ejemplo, tranquilízate, cálmate o no pasa nada, porque producen el efecto contrario. "Son muletillas que utilizamos todos sin querer, pero hay que intentar no hacerlo”, explica. ¿Qué palabras son entonces las que funcionan? "No hay palabras claves porque no hay una situación estándar, pero hay algo que siempre funciona, que es la empatía, entender qué le pasa a la otra persona. Estamos hablando de un hervidero de emociones, una persona que tiene un problema de salud física está nerviosa por su situación o la de un familiar. Vamos a entender qué le pasa a la otra persona, porque me será más fácil ayudarle, bajar la temperatura. Por eso en el curso dedicamos mucho tiempo a la preagresión".

Se estima que los datos y las agresiones a médicos que periódicamente salen a la luz pública, son sólo el 11% de la realidad de este tipo de sucesos. "Desgraciadamente el colectivo médico entiende que cada vez es más normal que te insulten o te empujen, que es parte de tu trabajo y no es así".

El coordinador del curso aboga por que el propio profesional deje de normalizar este tipo de situaciones, pero también por campañas de sensibilización dirigidas al usuario. "La ciudadanía debe ser consciente de que no son normales estos comportamientos".

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