Jerez

Del banquillo de los acusados al pupitre para los niños

  • El profesor jubilado del colegio público Miguel de Cervantes, José Barrigón, realiza un exhaustivo recorrido histórico por el edificio donde se encuentra este centro l Antes fue sede de los juzgados y en el S. XVI Casa del Corregidor

n el caso de un edificio lleno de historia e historias, se suele decir, “si las piedras hablaran...” y esto es lo que se podría aplicar perfectamente al colegio público Miguel de Cervantes, situado en la plaza de Monti, ya que con anterioridad a su actual función fue juzgado, y en su interior se llevaron a cabo juicios como el de la 'Mano Negra' en 1883. Pero antes aún fue Casa del Corregidor, un edificio que data de 1541 aunque de este primitivo inmueble sólo se conservan actualmente en el colegio las columnas de mármol sobre las que se asientan peraltados arcos de medio punto del siglo XVI.

José Barrigón es un profesor que ha impartido clases en este centro durante 34 años y que, tras su jubilación en 2003, ha realizado una minuciosa investigación sobre la historia de este centro que todavía no ha dado por concluida. Sus fuentes han sido el Archivo Histórico, la Biblioteca Municipal y otros historiadores como Diego Caro, Francisco de Mesa Xinete, Hipólito Sancho, Julia López Campuzano, Pablo Pomar o Manuel Romero Bejarano.

Barrigón explica que la primitiva Casa del Corregidor “no pudo concluirse, según algunos historiadores, hasta 1572 y se inauguró el 4 de enero de ese mismo año. Pero, según otros, sobre el año 1592. La cuestión es que durante todo el siglo XVI y parte del XVII se estaban planteando las cuestiones sobre su edificación”. Pero, ¿qué era un corregidor? “Este cargo -señala el profesor- fue introducido por el rey Alfonso XI, no sin ciertas reticencias por parte de la nobleza de aquella época. Durante el reinado de Enrique IV adquirió cierta relevancia y ya en tiempos de los Reyes Católicos su función quedó institucionalizada”.

Concretamente tenía como misión el desarrollo jurisdiccional de la autoridad real en los pueblos y villas castellanas y, según Barrigón, “era un funcionario omnicompetente y no podía ser oriundo del pueblo al que se le destinaba ni desarrollar actividades económicas”. El cargo se concedía por un período de un año, pero solía prorrogarse por varios más”.

El primer corregidor de Jerez fue Martín Fernández de Portocarrero, nombrado por el rey Enrique III en 1394 y su cargo finalizó en 1406. El último se llamaba Manuel Monti y Díaz, que ejerció su cargo desde 1824 hasta 1833. Es precisamente este corregidor el que da nombre a la plaza donde se encuentra el edificio, la plaza de Monti, ya que, por acuerdo de 14 de octubre de 1873, pasó a denominarse de esta manera lo que antes era conocido como Arco del Corregidor.

El profesor señala asimismo que “con posterioridad y con ciertas reformas, no también sin cierta oposición por parte de los parlamentarios de la época, el edificio quedó convertido en Sala de Audiencias o Palacio de Justicia con el fin de celebrar los juicios contra la Mano Negra”.

Su configuración actual, sobre todo en su fachada exterior, de estilo Neoclásico, y son sus correspondientes ornamentaciones, data de 1890 y se inauguró el 25 de diciembre, siendo presidente del Ayuntamiento Eduardo Freire y Góngora, como queda reflejado en la lápida o placa conmemorativa sita en la calle Armas, en la parte superior izquierda de la puerta de entrada de Infantil.

Según Barrigón, “en la fachada principal se estuvo trabajando desde 1892 hasta 1896 y su autor fue el arquitecto municipal José Esteve López. El coste fue 44.000 reales, lo que hoy sería unos 62 euros”. Por las investigaciones que ha podido realizar, algunas de las dependencias e instituciones que también estuvieron en este edificio fueron, entre otras las oficias de Contratación y Alojamientos y Bagajes, la inclusa, la Secretaría Local de Beneficencia y el Conservatorio de Huérfanos. “En 1859 -explica- se estableció en este edificio la primera escuela de enseñanza, denominada Hijas de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Con posterioridad, otra denominada de San Dionisio procedente de la calle Caballeros, a la que se le agregó la de párvulos, denominada de San Juan Bautista, allá por el año 1862”. Como anécdota Barrigón cita la efímera existencia en el inmueble de un café-cantante de estilo flamenco promovido por el profesor que vivía en el centro, al que las dependencias le venían bastante amplias”.

Otra de las circunstancias descubiertas en el transcurso de su investigación es que “en la calle Consistorio -actual Ayuntamiento y Academia de San Dionisio- existió un hospital de caridad que se llamaba de San Bartolomé y que era, además, centro de acogida de personas abandonadas: niños expósitos, pobres, 'vagantes'... Cuando esta institución se trasladó a otro lugar fueron repartidos por otros centros o llevados a la Casa del Corregidor, donde se habilitó una zona para ellos”. Estaba entonces de alcalde Francisco Revueltas y Montiel, que mandó hacer obras en el edificio para dedicarlo a casa-cuna y escuelas públicas.

“Entre los años 20 y 30 del siglo pasado -explica el profesor- funcionó la popularmente conocida como la maternal, dirigida desde su fundación por Luisa Regife y Silva hasta su jubilación en 1942 como se demuestra por la placa conmemorativa existente en el centro”. A esta señora se le impuso la Cruz de Alfonso X El Sabio y la Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII por los méritos contraídos.

Posteriormente las escuelas tuvieron otras denominaciones: una exclusivamente femenina llamada Santa Teresa y otra con el nombre de Miguel de Cervantes, que en un principio fue sólo de niños. Ambos centros estuvieron en el mismo edificio hasta que en 1932 se unificó con el nombre de colegio público Miguel de Cervantes.

“Dicho inmueble -señala Barrigón- se quedó pequeño para albergar tanto alumnado, por lo que una parte del centro, aunque dependiente de él, estuvo ubicada en otras dependencias en diversos puntos de la ciudad como la calle Arcos (niños y niñas), Doctrina (niñas), Juan de Abarca (niños y párvulos), calzada del Arroyo (niñas), calle Juan Sánchez (primero niñas y después niños), Madre de Dios (niños) y calle Letrados (niñas)”.

Posteriormente se dieron los pasos necesarios para la unificación del alumnado, así como para la consecución de un patio de recreo en lo que fue solar del antiguo Teatro Eslava.

El colegio contó asimismo con dos obras de arte procedentes de los fondos del Museo del Prado. Una fue 'La muerte de Lucano' de José Garnelo, que obtuvo por esta obra el segundo Premio Nacional de Bellas Artes en 1866. Este cuadro fue trasladado posteriormente al instituto Padre Luis Coloma y, tras un penoso deterioro, fue restaurado y en la actualidad se encuentra en el Museo de Montilla.

El cuadro que sí adorna todavía las paredes del colegio Cervantes es 'Derecho de asilo', de Francisco Javier Amerigo y Aparicio, al que le otorgaron por este trabajo el segundo Premio Nacional de Bellas Artes en 1892. También hay un busto sobre pedestal de Miguel de Cervantes realizado y donado por los alumnos de la Escuela de Artes Plásticas en 2005. Asimismo, hay un azulejo de San Dionisio Areopagita en la planta baja y otro de la Virgen de la Justicia en la planta principal, ambos diseñado por un juez que residió en la casa que existió en los antiguos juzgados.

En cuanto a lápidas conmemorativas, hay una buena colección: a la directora de la maternal en la planta baja, la que conmemora la remodelación de los antiguos juzgados, en la planta principal y la de la inauguración del edificio tal y como hoy lo conocemos, fechada en 1890 y situada en la calle Armas por la entrada de Infantiles.

Además, en el centro del patio principal interior hay una maceta de mosaico procedente de los antiguos juzgados, así como una bañera. A todo esto hay que añadir que, con motivo de la Constitución de 1812, se colocaron sendas placas conmemorativas en la plaza del Arenal y Palacio de Justicia (Casa del Corregidor) pero ambas fueron tiroteadas años más tarde: la del Corregidor en 1814 y la de la plaza del Arenal en 1816.

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