Jerez

Un binomio perfecto

  • La espartería que regentan actualmente los hermanos Becerra es la única que mantiene el ancestral oficio en la ciudad

Manuel Becerra cose varias pleitas de esparto en el interior de su taller, situado en la calle Porvera. Manuel Becerra cose varias pleitas de esparto en el interior de su taller, situado en la calle Porvera.

Manuel Becerra cose varias pleitas de esparto en el interior de su taller, situado en la calle Porvera. / Manuel Aranda

Los hermanos Becerra aún sobreviven en Porvera. Hasta cinco esparterías llegaron a coexistir en la ciudad en los años 40. Hoy, sólo resiste la de estos hermanos -gemelos por cierto-. Son los últimos supervivientes en Jerez de una profesión que, si nadie lo impide, acabará por desaparecer en la ciudad. Manuel Becerra lamenta que nadie continúa con este bonito y laborioso oficio. Le hubiera gustado que sus hijos, al igual que él hizo con su padre, hubieran aprendido el noble trabajo de coser esparto. Aunque aún no pierde la esperanza.

“Cuando me jubile espero poder enseñar la profesión a alguien”, sueña Becerra. Lo que sí parece seguro es que, en algo menos de diez años, la espartería de la Porvera, esa que lleva un siglo funcionando, echará el cierre. Y no por falta de demanda. Los clientes se iban sucediendo a lo largo del mediodía y evitaban mantener una conversación larga y tendida con Manuel. Buena señal. “La verdad es que hemos pasado tiempos muy difíciles. Si no hubiera sido porque nuestras mujeres tienen sus trabajos, nosotros no hubiéramos podido continuar con esto en tiempos de crisis”, cuenta Manuel. Ahora, el negocio se ha recuperado, aunque “el que quiera ser rico, ésta no es su profesión”, asegura Becerra mientras sonríe. “Es un oficio duro, en el que hay que echar muchas horas que no están pagadas. Si no me gustase no podría trabajar en esto”.

El olor añejo que desprende el esparto en el interior del taller de los Becerra es particular. De esas fragancias que te retrotraen a tiempos pasados. El habitáculo está repleto de cabezas de toro y otros animales. Por supuesto, todo realizado a mano y con esparto. No hay nada en este lugar que no sea de esparto. El motivo de tener tantas cabeza de ganado -de toros principalmente- “es porque a los turistas les encantan. Es una de las piezas que más demandan”, cuenta Manuel.

La peculiaridad del lugar en los tiempos que corren y, sobre todo, los 100 años que ha cumplido esta espartería desde que un señor llamado Triano comenzara en el mismo lugar, llevaron al delegado de Cultura, Paco Camas, a visitarla. Con motivo de las actividades de homenaje a este negocio, denominadas ‘Un siglo cosiendo sueños’, el teniente de alcaldesa se interesó por conocer algo más sobre este antiguo oficio, íntimamente ligado al negocio bodeguero y las labores de viña. Pasaban los minutos y su hermano Juan Luis seguía sin dejarse ver por el taller. “Mi hermano no suele estar por aquí”, cuenta Manuel. “Él se dedica a colocar y reparar persianas a domicilio”. Ambos tienen su función clara. De hecho, “si no fuese por el trabajo de Juan Luis sería imposible vivir únicamente del esparto”. Un binomio perfecto que les permite poder seguir trabajando en aquello que les apasiona y que pudieron heredar de su padre.

Aunque los Becerra no serían lo que son sin su material de primera calidad. En los últimos años se han ido incorporando a muchos productos el esparto procedente de Marruecos. Una materia prima que deja mucho que desear y que es fácil de confundir con el de una calidad superior. Estos hermanos decidieron fabricar un material de una categoría superior. Por ello, su proveedor continúa siendo el mismo que tenía su padre. Una empresa de Almería que les proporciona un esparto de calidad. “Aquí tengo una porción de esparto de Marruecos y a veces se lo muestro a mis clientes para que puedan comprobar ellos mismos la diferencia entre uno y otro”, dice Manuel.

Estos hermanos confían en poder llegar a la edad de jubilación sin preocupaciones. Eso sí, intentarán continuar con este ancestral oficio, aunque a menor escala.

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