Jerez

La desesperación no entiende de peligros

  • Georges llegó a España hace dos años en patera y, a pesar de las dificultades, asegura que "lo volvería a hacer"

"La situación política y económica de nuestro país empuja a muchos jóvenes a salir de allí". Él es Georges VII Dzoumbala. En 2014 decidió salir de Camerún -su país natal- sin decir nada a su familia y con el único fin de tener una vida mejor, en todos los sentidos. "Si le hubiera dicho a mi familia que me iba, no me hubieran dejado salir. Tenía que hacerlo así", cuenta Georges. Este joven decidió, como muchos otros, buscar su futuro lejos de su país.

"Es muy complicado vivir con la pobreza que existe en Camerún y asumir la dictadura política en la que estamos sumergidos", lamenta Georges. Y precisamente un día, como otro cualquiera, decidió marchar a Marruecos él solo, donde permaneció dos años. Su intención era saltar la valla de Melilla y asegura que lo intentó hasta en ocho ocasiones, pero no lo consiguió. Este salto se presupone difícil para los que quieren pisar suelo español. "Primero debemos esquivar a la guardia de Marruecos para llegar a la valla. Acto seguido, intentar cruzarla, aunque al otro lado te está esperando la Guardia Civil", explica. Ante las últimas noticias en las que algunos de estos inmigrantes rociaron con cal viva a algunos agentes, Georges entiende que se cree una mala imagen de ellos, pero "nosotros sólo tenemos la intención de cruzar a España. Jamás salimos para atacar a la policía, pero ellos intentan pararnos y nosotros intentamos cruzar. Cada uno tenemos nuestro objetivo", relata este joven, que también cuenta como reciben pedradas de la policía de Marruecos mientras intentan llegar a la famosa barrera.

Es muy complicado vivir con la pobreza económica que existe en nuestro país y asumir la dictadura política "No había motor. Nosotros sólo teníamos nuestras manos para remar y el mar no es amigo de nadie"

Georges no consiguió acceder al país y por ello, junto a diez jóvenes más que se encontraban en su misma situación, planearon la segunda opción: La patera. Si el salto de la valla fue misión imposible, este segundo plan a punto estuvo de ser idéntico al primero. Ante la inocente pregunta de si consiguió cruzar El Estrecho al primer intento, Georges no puede evitar que se le escape una sonrisa. "Lo intentamos muchas veces, pero la mayoría los guardacostas y la policía de Marruecos nos interceptaban, no todo es tan fácil como parece".

El día que por fin emprendieron el viaje definitivo, hace cuestión de dos años, tardaron en llegar 12 horas a Tarifa. "Salimos a las 22 horas y llegamos a las 10 de la mañana". De nuevo la inocencia hace acto de presencia ante la sorpresa de cómo iban a tardar tanto tiempo con un barco a motor. "¿Motor?", ríe de nuevo Georges. "Nosotros sólo teníamos nuestras manos para remar y el mar no es amigo de nadie". Ahora se entiende que el viaje se alargara de esa forma. Eso sí, los diez componentes de la patera llegaron a tierra sanos y salvos, "aunque algunos muy cansados", cuenta Georges, que tras la difícil experiencia asegura que "si volviera atrás en el tiempo, lo volvería a hacer".

A partir de ahí, tras permanecer 28 días por obligación en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Tarifa (CIE), Georges y sus nueve acompañantes emprendieron cada uno su camino. El protagonista de esta historia vive actualmente en Jerez, sin papeles, a la espera de cumplir tres años en la ciudad o de encontrar una oportunidad laboral que le permita obtener el permiso de residencia. "Vine a Jerez porque una asociación me acogió tras contarle que no tenía nada aquí y se ofreció a ayudarme".

Su futuro ni él mismo lo sabe. Se define como "un ciudadano del mundo, no sólo de Camerún. Si encuentro estabilidad aquí en la ciudad, me quedaré. Sino me tendré que marchar a otro lugar". A pesar de que aún tiene alguna esperanza en Jerez, este joven confiesa que la ciudad tiene muy pocas posibilidades laborales". Este camerunés está siendo ayudado por diferentes asociaciones que le ofrecen facilidades. También, cuenta, es voluntario de Ceain en muchos proyectos. "Mi intención siempre ha sido integrarme, generar contactos y encontrar un trabajo", asegura.

A día de hoy, sin trabajo, se intenta ganar la vida lavando coches, aunque confiesa que le encantaría trabajar de cara al público como comercial o camarero, "pero sin papeles es difícil". Esto se puede tornar complicado para cualquier otro en cuanto al idioma se refiere. La lengua natal de Georges es el francés y llegó hace año y medio sin haber hablado nunca español, "pero fue una de las primeras cosas que me propuse: aprender el idioma. Sin él estoy perdido", afirma este joven que se maneja bastante bien con el castellano.

Georges VII seguirá en su lucha personal de encontrar un trabajo digno y poder ayudar así a su familia para que sus hermanos no tengan que hacer lo mismo que él. "No puedo decirle a los de mi familia que hagan lo mismo que yo sabiendo lo que es. Si ocurre algo malo sería mi responsabilidad".

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