Jerez

Aunque la desfachatez, de justicia se vista...

  • Tierra de nadie

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NO es cuestión de desear mal a nadie, ni tampoco es asunto de rencores o envidias, ni siquiera se trata de pretender ser más justo que los que imparten justicia; nada des eso, tan sólo es el intento de llamar, aunque sea un poquito, la atención sobre el tremendo sentimiento de impotencia, asombro e incredulidad, que abochorna, aplana y descoloca a cualquier ciudadano de bien al contemplar el rosario de actuaciones judiciales con el que la alta judicatura española se está empeñando en obsequiar nuestros días.

Si hubiese que escoger una sola razón para explicar el porqué de la Ley, sin duda esta debería ser la de sostener, afianzar y garantizar el Estado de derecho.

Y dentro de la diversidad de connotaciones que este estatus, irrenunciable, implica, el respeto a la libertad ajena y la garantía de la propia, la protección del débil ante el poderoso, la salvaguardia de los derechos humanos y el ordenamiento de la convivencia civilizada; son, a mi entender, las premisas ineludibles para que la conclusión inferida sea la que todos necesitamos, la adecuada.

Pues bien, examinando el panorama que nos rodea y también el que recientemente nos ha rodeado, no queda por más que preguntarse: ¿es este el papel ejemplarizante que la Ley ha de cumplir?, ¿no está recibiendo el atónito ciudadano, un mensaje de total impunidad para los delincuentes, de: ¡vivan los golfos!, de: ¡tonto el último!?

Y no me vengan, a estas alturas de la película, con aquello de: 'lo que se ha hecho es aplicar la ley', porque si la ley es injusta, los mismos que la hicieron, la cambian y punto.

Los 'Albertos', Cortina y Alcocer, recurrida su condena hasta el tribunal de apelación de la señorita Pepis, con sentencia firme, reconociéndose la certeza de los hechos… ¡en libertad!; Juan Antonio Roca, tras el desfalco del Ayuntamiento de Marbella, tras la inmensa fortuna que 'apareció' en su bolsillo de la noche a la mañana, tras todo lo que todos hemos oído mil veces… ¡en libertad!; seis violadores juzgados, condenados y encerrados en la cárcel de Barcelona, al poco de iniciar su condena… ¡en libertad!; Julián Muñoz, condenado por varias delitos urbanísticos y de prevaricación, con otras muchas más causas pendientes de juicio… ¡en libertad!; un GRAPO de cuyo nombre, ni me acuerdo ni acordarme quiero, culpable del asesinato de un guardia civil, por no sé que fallos en el procedimiento… ¡en libertad!; los procedimientos contra Emilio Ibarra -ex pez gordísimo del BBVA-, Ángel Corcóstegui -ex pez gordo del Santander-, Emilio Botín -'el' Santander-, por oscuros asuntos de muchísimos millones y millones de euros… ¡sobreseídos, anulados… olvidados!

Pero, amigo mío, a usted, anónimo ciudadano currante y pagador de impuestos, no se le ocurra, por ejemplo, pagar los abusivos seguros sociales un solo día más tarde del treinta de cada mes, porque le cascarán un veinte por ciento de multa, sin derecho a protesta; no se le ocurra, tampoco, circular por una segura autopista sin peligro para nadie, a 140 kilómetros por hora, porque le pondrán un multazo, le quitarán un talego de puntos y si va un poco más de prisa…¡al trullo!, para eso es usted un peligro público.

No se le ocurra, ni en broma, dejar de pagar, en el plazo prescrito -en el plazo prescrito, digo-, alguno de los innumerables impuestos con que nos agobian -IBI, IRPF, IVA, etc- porque le caerá encima -con todo el peso de la Ley, para usted, sí- la Administración, la policía y el ejército, si se pone usted chulo; no se le ocurra, ni borracho, dejar su coche mal aparcado, porque los municipales, la grúa y la madre que los parió, le multarán, le quitarán el coche, le volverán a multar cuando vaya a recogerlo y… de protestar ¡nada!, si no los 'hombres de Ambrosio' le pondrán a caer de un burro, también.

No se le ocurra, ni de coña, pagar un poco más tarde de lo acordado, esos caprichos banales, lujosos e innecesarios que usted se permite, como la luz, el gas, el agua, la hipoteca de su casa, el colegio de sus hijos o la letra del coche, porque se quedará a oscuras, sin poder comer, sin poder lavarse, a su hijo le pondrán la cara colorá, y los recibos de los préstamos se verán incrementados, de modo abusivo, con recargos, intereses sobre intereses, comisiones, descubiertos y la leche en polvo y en verso.

Y es que, queridísimos lectores, si los hubiera o hubiese, 'aunque la mona -la desfachatez- de seda -justicia- se vista, mona -desfachatez- se queda'.

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