XXV Festival de Jerez

Un febrero sin Festival

  • Artistas, maestros, cursillistas y organizadores de la muestra jerezana analizan la situación en un día en el que hubiera arrancado la XXV edición, que se presentará definitivamente el próximo 10 de marzo en Jerez

Una imagen de la fachada del Teatro Villamarta. Una imagen de la fachada del Teatro Villamarta.

Una imagen de la fachada del Teatro Villamarta. / Vanesa Lobo

En circunstancias normales, hoy viernes 19 de febrero, Eva Yerbabuena hubiera levantado el telón del XXV Festival de Jerez en el Teatro Villamarta. Jerez estaría repleto de cursillistas deambulando de aquí para allá con sus maletras a cuestas, de artistas preparando espectáculos y cursos; de bares ofertando menús especiales y de hoteles y apartamentos turísticos a pleno funcionamiento, por no hablar de toda esa oferta formativa y artística paralela y de esa industria de la moda que rodea esta cita anual. 

Pero no, la pandemia ha obligado al aplazamiento de la muestra que en el aniversario de su cuarto de siglo tendrá lugar del 6 al 22 de mayo. Por ello, como aseguran muchos de los protagonistas habituales, "no parece ni que estemos en febrero".

Con la curva descendiendo y el proceso de vacunación a pleno rendimiento, aunque quizás no a la velocidad deseada, Isamay Benavente, directora del Festival y del Teatro Villamarta, rebosa optimismo. Tal es su capacidad de convencimiento que es sólo hablar con ella y disiparse cualquier duda sobre su celebración el próximo mayo. De momento, ya hay fecha de presentación oficial de la programación, que en su día (el pasado 9 de noviembre) tuvo que ser cancelada ante el cierre perimetral de Andalucía. Será el 10 de marzo, una fecha que servirá para iniciar la cuenta atrás.

Consciente de la situación que atravesamos, Benavente asegura que "hemos hecho una programación adaptada a la pandemia", de hecho se han suprimido espacios como Sala Paúl o el Palacio de Villavicencio y se han incluido otros como el Museo de la Atalaya, que ha sido remozado en los últimos meses. Además, el número de funciones "también se ha reducido", aclara.

Evidentemente, la presencia de cursillistas es hoy por hoy muy escasa "en torno al veinte por ciento de lo habitual", recalca, si bien, desde la dirección de la muestra se confía en que "con el paso de los meses esto vaya mejorando y podamos incorporar más cursillistas, sobre todo de Europa porque tenemos claro que ni asiáticos ni por supuesto, australianos van a venir".

De cualquier forma, y debido a que "hay muchas personas que nos están escribiendo sugiriéndonos esta posibilidad", el Festival está trabajando en una oferta formativa "vía streaming, porque sobre todo desde Estados Unidos nos han venido muchas peticiones". Además, se han adecuado los espacios habituales de cursos buscando entornos mucho más amplios. 

Como todos, Isamay Benavente confiesa que "está siendo un mes de febrero atípico, porque a estas alturas ya estaríamos preparados y con la adrenalina al cien por cien, pero bueno, es lo que toca, esperemos que el primer gran acontecimiento cultural de la ciudad sea todo un éxito en mayo, porque además cumplimos 25 años".

Igual de extraña se siente una de las maestras que más veces ha venido al Festival dentro del programa de cursos, la sevillana Rocío Coral. Para ella, "es cierto que todo es diferente, es más, hoy incluso me ha dicho una mujer que viene a casa a ayudarme con la limpieza que si me iba ya a Jerez, porque quieras que no, tenemos asimilado que cuando llega febrero nos vamos a Jerez".

La maestra, que estos días capea el temporal como puede en su academia de Sevilla, confía en que "podamos disfrutar del Festival en mayo, que también es buena fecha, yo tengo muy buenos recuerdos, junto a mi madre (Matilde Coral), de los primeros festivales, cuando se celebraban en abril".

Con tristeza vive también estos días otro de los ilustres del Festival, Antonio 'El Pipa'. El bailaor jerezano, que ha crecido y triunfado en la muestra desde su nacimiento, reconoce que "son días raros, porque además yo estaba acostumbrado en los últimos años a hacer siempre en enero unos cursos en Alemania y nada más acabar, venirme a Jerez al Festival, y este año ni una cosa ni otra".

"Que el buque insignia del flamenco de Jerez no se celebre en febrero, es algo muy extraño, al menos yo lo notó así, porque a estas alturas ya estaría como una moto", insiste. Además, "es una situación desconocida para muchos de nosotros, yo al menos nunca he vivido algo así, y sientes que te falta algo". De hecho, el bailaor admite que estos meses "estoy aprovechando para formarme en idiomas, y para recuperar algunas coreografías y proyectos que tenía sin terminar".

Pero esta sensación de vacío la tienen también allende nuestras fronteras. "No ir a Jerez en febrero es algo muy extraño porque toda mi gente y yo esperamos todo el año este momento para disfrutar del flamenco y empaparnos del arte de Jerez. Vamos a alimentarnos en todos los sentidos porque vemos espectáculos, tomamos clases, comemos cosas buenas, vemos sitios que nos encantan, en fin, son experiencias que nos enriquecen cada año", destaca Mónica Morra, directora artística del Concurso Internacional de Baile Flamenco Puro de Turín.

"No tener que preparar la maleta para salir es rarísimo, parece que el tiempo se ha parado, porque no entendemos febrero sin el festival y por supuesto, sin Jerez. Además, en mi caso, el vacío es doble, como aficionada y como responsable del concurso. De hecho estoy recibiendo mensajes de mucha gente que está igual que yo", añade.

"Es un momento duro, porque además aquí en Italia llevamos un año sin cultura, las academias cerradas, los teatros cerrados...y Jerez para nosotros es libertad, es aire y todo eso lo echamos de menos".

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