Reflexiones sobre psicología

El mejor regalo navideño

  • Jugar ofrece innumerables ocasiones para fortalecer la autoestima

Son muchos los artículos sobre autoestima que han sido escritos y publicados tanto en libros y revistas especializadas, como en prensa y revistas de divulgación. Sin embargo, todavía seguimos encontrando quien piensa que hay niños que pueden tener una autoestima positiva y niños que nunca la tendrán, por mucho que hagamos por conseguirlo. Desde luego, un niño no nace totalmente indefenso y sin ninguna pauta a seguir, sino que nace con un "programa de funcionamiento" que ha heredado de sus progenitores. Afortunadamente este programa dispone de una muy importante capacidad de actualización, descarga megas y megabites continuamente de "internet", la red que representa el medio ambiente en el que se desenvuelve el menor. Imaginaros si a lo largo de las sucesivas generaciones, estos programas de funcionamiento no se actualizaran, seguiríamos actuando como nuestros antepasados prehistóricos, desconfiando, por ejemplo, de todo el que se nos acerca.

En honor a la verdad, hay partes esenciales de estas programaciones ancestrales que aún mantenemos. Es el caso de algunos miedos incondicionados, seguimos teniendo miedo a algunos animales, como es el caso de los reptiles, sin que hayamos tenido experiencia alguna con ellos. Por tanto la actualización no implica eliminación, no sustituimos parte de nuestra programación, sino que la ampliamos. Esta capacidad de "actualización" es la que los neurocientíficos llaman plasticidad y físicamente se desarrolla en el cerebro, donde nuestros cien mil millones de neuronas se conectan o desconectan entre ellas, creando nuevos circuitos que consolidan nuevos aprendizajes, con el objetivo de poder adaptarnos a situaciones nuevas y desconocidas.

Entonces, como decíamos, podemos construir una autoestima positiva en base a nuestras experiencias. Dando por sentado, las repercusiones positivas que esto tendrá en los menores a nivel emocional y la correlación tan directa que existe entre autoestima y salud o autoestima y rendimiento, resulta obvio que es una de las inversiones más rentables que se puede hacer en los menores. Ayudar a los menores a actualizar su autoestima, a descargar archivos que la positivicen, les posibilitará transformarse en adultos sanos y bien integrados en la sociedad.

Cuando un psicólogo valora la salud mental de un menor, ha de valorar su nivel de ajuste o de adaptación en el colegio, con sus compañeros y amigos, con su familia y por su puesto consigo mismo. Este nivel de adaptación consigo mismo es lo que llamamos autoestima y es requisito necesario e indispensable para que exista un buen nivel de ajuste o adaptación en los otros ámbitos.

Tratando de ser prácticos, para construir una autoestima positiva no es necesario tener excesivos conocimientos técnicos de Psicología, salvo que esta autoestima se encuentre seriamente dañada. En principio debe ser suficiente con inundar la vida de los menores con experiencias positivas, ayudándoles a reconocerlas y a valorarlas, insistiendo más en sus triunfos que en sus fracasos y por supuesto tratando de primar el premio frente al castigo.

En Navidad, sin duda el mejor regalo es la autoestima. Una lista de regalos para nuestros menores podría ser la siguiente: reconocer su simpatía, su generosidad, su seriedad, su amabilidad, su educación, su inteligencia, su prudencia, su cariñosidad, felicitar por cumplir sus obligaciones, alagar su capacidad para tomar decisiones, resaltar la facilidad con la que se relaciona con otros, sentarnos a dibujar, a colorear, a recortar, a escribir, a leer, a hacer rompecabezas, a hablar idiomas con ellos para valorar lo bien que lo hacen.

Jugar, jugar y jugar, ofrecerá innumerables ocasiones para fortalecer la autoestima tanto de menores como de adultos. Actividades aparentemente sencillas, que tan sólo requieren de tiempo y de la adecuada actitud.

Aunque sin pretender caer en tópicos, estos regalos sin duda les inmunizarán, es decir, les vacunarán, evitando que puedan sufrir por una posible, y en ocasiones irremediable, falta de juguetes.

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