Jerez

Unos planes excelentes

  • La crisis golpea de manera salvaje a Jerez mientras el Plan de Excelencia Turístico entra en una segunda fase · Trabajo inyecta dinero a través de planes de formación para los desempleados: calco de otras crisis

ESTÁ la ética, está la estética, está la gnosis, está la praxis... y, bueno, también está la política local. El mismo día que Jerez destrozó los registros de desempleo, ese mismo día, se hablaba en un foro de Jerez como destino de calidad gracias a su Plan de Excelencia. Jerez, excelente. Magnífico, sobresaliente en bondad.

UNAS HISTORIAS

El atormentado hombre que me habla tiene un problema. Consiste en que tiene dos pisos alquilados en el centro. Uno lo había heredado y el otro le costó, a mediados de los 90, menos de 20 millones. Antes de que la burbuja hiciera buuum y su cántaro hiciera plaaff, tasadores consideraron que podía vender cada uno en unos 60 millones de pelas. El catastro las tasó en 30 millones, lo que a él le pareció una desvergüenza. Incluso recurrió por el exceso. En realidad, él consideraba que podía sacar a cada uno de esos pisos del casco histórico 80 millones de pelas. Más que nada, en palabras suyas, porque "hay mucho guiri tonto por ahí". Por tanto, el patrimonio de este hombre que me habla ascendía hace unos meses a 160 millones virtuales de pelas en sus dos pisitos. Pero este hombre que me habla tenía los dos pisos alquilados, a 600 euros la pieza. Y llega la maldita crisis, la burbuja que hace buuum y el cántaro que hace plaaaff, o viceversa. ¿A que no saben lo que le ha pasado? Que sus inquilinos no le pagan, ni el uno ni el otro. Hace dos meses. El motivo es que esos zánganos se han quedado en el paro. Uno trabajaba de mecánico, sus principales ingresos le llegaban en negro y ahora no hay coches que arreglar, o eso le ha dicho su patrón. El segundo inquilinó es un belga que montó un bar fetén cerca de la avenida, con mucho glamour. Decoración vanguardista, con un pequeño toque Gaudí y un poquito de música lounge. Hace tiempo que nadie toma las infusiones que prepara el belga entre sus vidrieras modernistas. Es más, hace tiempo que este lugar con tanto estilo está cerrado porque no paga el alquiler del local. Lo del piso, se veía venir. Los mismos tasadores a los que acudió hace unos meses le dicen ahora a este hombre que sus pisos ahora no valen nada, que el mercado sólo absorbería a un precio que no iría mucho más allá de lo fijado por el catastro. Está atermontado este hombre que me habla.

Ahora les cuento una historia de San Telmo. No está basada en hechos reales, es real. Uno se sitúa en una casa que tiene una antena de una televisión digital en el balcón más grande que el balcón. Aún no se la han quitado, pero hace meses que no ven la televisión digital. En esta casa, en la que la mujer vivía con un segundo compañero, el que sustituyó al marido que le zurraba, han vivido años de prosperidad. Piso pequeño, pero bien para la pareja y las dos niñas de la mujer, ya adolescentes. El nuevo hombre saltaba de empresa en empresa de la construcción, para lo que fuera menester, y los fines de semana siempre se marcaba algún chapú. En ese pequeño piso con esa antena había meses que entraban casi 3.000 euros entre una cosa, otra y la de más allá. Las niñas iban punteras a la hora de bajar a la plaza. El tenía un coche, que todavía estaba pagando. Se compró otro y le regaló a su compañera el suyo. Ya estaban pagando dos coches. Y, como si tal cosa, el trabajo se esfumó, el de las constructoras y también las chapus. Muchas horas en casa, muchas horas en el bar. El hombre nuevo, tal y como vino, desapareció. Los coches dejaron de pagarse y la mujer los entregó. Ahí está la deuda. El otro día, finales de mes, consiguió que en Bienestar Social le prestaran 60 euros para pasar los últimos días antes de recibir los menos de 600 euros de ayuda familiar. Con 60 euros hoy en día no se come durante una semana. De las cantidades que tiene que pagar el primer marido, el maltratador, hace tiempo que no se sabe nada, no sabemos nada de este personaje. Ahora tampoco sabemos nada del segundo. Sólo sabemos que a las niñas les da vergüenza ir al insituto con los modelitos de hace seis meses. No queda un euro de los tiempos de esplendor. En Bienestar Social les pueden asegurar que esto no es una historia límite, que el límite en estos días empieza a estar un poco más allá.

SOLUCIONES

Cuando las cosas se ponen feas, llegan los políticos y sacan su varita mágica, consistente en inyectar millones de dinero público en lo que ellos llaman cursos de formación. Es un modo de entretener a los parados. Cuando cerraron Delphi, metieron a los trabajadores en aulas para enseñarles cartografía y cosas así. Había que matar el tiempo mientras llegaban las empresas que nunca llegaron. Paciencia, ya llegarán. Llevamos así desde hace décadas. Hay que formar a los trabajadores, mientras a los niños torpes de los cursos B y C se les enseña a hacer la 'o' con un canuto. Es importante que titulen, que lo de aprender ya vendrá, se supone, en los cursos de formación de las épocas de crisis. ¿Soluciones? No hay soluciones en los tiempos de crisis, se trata de sobrevivir en esta ciudad excelente, magnífica, sobresaliente en bondad. Y si vuelven los buenos tiempos volveremos a comprar coches a pares y a imaginar que nuestros pisos valen lo mismo que los palacios.

(El cuadro que ilustra el artículo, por cierto, es de Roy Lichtenstein. El perro, me temo, es la famosa crisis).

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