Jerez

De las porfías de Solero al vino y la salud

  • El cura de la comedia de Calvo Sotelo al que le empalagaba el jerez El fenómeno del sherry bar...

Luis Pérez Solero (para quien no lo sepa, que ya le vale) fue un pionero de la publicidad, burgalés de origen aunque de corazón jerezano, dibujante, creativo e ingenioso, que trabajó treinta años en González Byass como 'jefe de propaganda', que se llamaba entonces. Pero si algo le dio popularidad y fama fue la 'humanización' que hizo de la botella del 'Tío Pepe'.

El hombre era escritor y poeta y eran muchas sus incursiones en la Prensa. En 1955, mantuvo una simpática porfía con el dramaturgo Joaquín Calvo-Sotelo, hermano de José y tío del luego presidente Leopoldo. En febrero de ese año, Pérez Solero publica una carta en la Prensa en la que reprocha al escritor los comentarios que hace sobre el jerez el personaje del cura párroco don Ángel Bernárdez en su comedia 'La Muralla', que decía del vino de Jerez "que es un vino que le empalaga", algo erróneo para cualquier conocedor.

A Calvo-Sotelo llegaron los escritos de Pérez Solero y en la tercera edición de su obra, rectifica y pone en boca del cura que no es que el jerez le empalague sino que "le tiene manía al jerez" y añade, disculpándose, "cosas de viejos".

Solero le contesta, no queda muy conforme con la graciosa disculpa y le explica lo que aconteció en Jerez en el estreno de la comedia en un "Villamarta" que estaba de bote en bote. Aquel día, escribía Solero, "se había modificado todo, graciosa y acertadamente y de modo espontáneo por los actores. Y nada más aparecer en escena el cura de la Puebla de Trives, un murmullo fuertemente sonoro vibró en la sala. Al ofrecerle la señora de la casa una copa de oporto y decir el cura "que este vino le empalaga y que prefiere jerez", se oyó una ovación cerrada. Ovación que se repitió cuando el buenísimo actor Miguel Gómez, repite la copa y añade 'que si la señora le va a enviar algunas botellas de las que siempre tiene en 'El Tomillar' (¡un sanatorio antituberculoso que había en Sevilla y donde se bebía jerez!) como ella le ofrece (...) Y siguió el resto de la obra, escuchada con enorme interés por aquel público, ya reconciliado y gozoso, al ver tratado como se debe al mejor vino del mundo. "Nunca he gozado más en mi vida viendo tomar una copa de ese generoso néctar incomparable".

Serafín Rodríguez de Molina fue un periodista de raza. Durante muchísimos años escribió como corresponsal para el ABC de Sevilla: Tocó todo tipo de palos, pero en sus crónicas reflejó con pasión la vida de Jerez y su vino. Ingenioso y divertido, propuso en una ocasión la 'creación' de un 'Club de los Cabales', un estilo del de los cachondos del 'Club de los Gordos' de Nueva York o del 'Club de las Barbas' de Barcelona, que un día al año organizaban un pantagruélico banquete cuyos socios, por obligación de los estatutos, tenían la obligación de engullir cuanto pudieran.

Pues llegó el año 1972, y el 'Club de las Barbas' solicitó la colaboración de González Byass, pero le advirtió que el venenciador que la Casa tuviera a bien enviar debía ser barbón para no quebrantar los severos estatutos. González envió al venenciador Francisco Herrera Benítez, el querido 'Paquetín', que se hizo con una barba postiza y tan bien puesta que lo fue, que al presentarse en el club con el atuendo apropiado de pantalón negro, chaquetilla corta y sombrero de ala ancha, con su correspondiente metopa del 'Tío Pepe' sobre el pecho y, por supuesto, barbado, pasó el reconocimiento previo, alabando todos lo bien cuidado que llevaba el apéndice capilar, con el que cumplió a las mil maravillas su cometido. Lo malo ocurrió cuando acabado aquello, cansado de meter y sacar la venencia en la bota, regresó al hotel, pidió la llave de su habitación y se la denegaron. Un tirón del postizo dejó las cosas en claro.

Pues bien. Proponía de forma divertida Rodrigo de Molina ese nombre, exclusivo para aquellos cuyos apellidos tuviera relación con el vino, viñas, bodegas o utensilios; es decir, apellidos homónimos o vocablos del léxico de nuestra vitivinicultura. "El reglamento de este club sólo tendría la obligatoriedad de asistir, una vez al año, al banquete, ágape, guateque, comilona, festín o tragantona siempre que el socio se comprometiera a pagar religiosamente lo que se coma o se lo que se beba. Estos apellidos pudieran ser: Aloma, Ambrosía, Alomar Botaina, Bidón, Cabeza, Canilla, Cepa, Cubero, Escala, Flor, Garrafa, Lagares, Montañés, Montilla Palma, Patrón, Pulgar, Sarmiento, Solera, Taberna, Vinagre, Vid... Por lo que queda en libertad cada cual para indagar si su apellido, por parte de papá o de mamá, le da opción en el club que se forme".

El menú debería ser muy jerezano: consomé al jerez, riñones al jerez, lamprea al jerez, compotas de membrillo al jerez... "¿Le interesaría pertenecer a este club? Mire si sus apellidos huelen a bodega o a todo esto que está relacionado con el vino.

Y anímese, hombre, para dos días que se viven..."

Luego estaba su gran memoria y documentación: Ya se sabe que en otoño "por San Andrés, el mosto vino es", que dice el refrán. En esta zona al ya vino seguirá llamándosele mosto hasta la llegada del deslío, la hora de la verdad del vino.

"En el índice de vendimias del pasado siglo, las ha habido clasificadas de muy buenas, buenas, regulares, escasas y catastróficas. Malísima, la de 1901, y el mildiu, por su parte, puso en peligro las de 1950, 1957 y 1963. Hubo pudrición por las lluvias en las de 1960 y 1965. Tardía fue la de 1952 y corta la de 1954, como también las de 1900, 1902, 1912, 1913, 1915, 1918, 1919, 1922 y cinco años siguientes.

Años muy secos fueron los de 1943, 44 y 45. que dieron buenas cosechas. Se anticipó por el calor la de 1949 y se 'mojaron' las de 1951, 55, 58, 61 y 64. Como regulares se recuerdan las de 1905 y dos años siguientes; 1910, 11, 14, 16, 17, 31, 33, 39 y se catalogan como buenas las de 1904, 1920, 21, 42, 59, 62 y 1967. Y por extraordinarias se tuvieron las de 1908, 1928, 29, 30, 32, 34 y cuatro años siguientes; 1946, 47 48, y las de 1953, 1956 y 1968. Hasta ahora, ha sido considerada la de 1969 como la cosecha del siglo.

Los tiempos pasan y, cómo no, el vino avanza de la mano. Quién nos iba a decir hace una veintena de años que una de las promociones más efectivas del vino de Jerez pasa por su madiraje en los ya habituales sherry-bars. En Londres, por ejemplo, el fenómeno ha aflorado como setas en los últimos años. Pero no se queda en la City, sino que alcanza media Europa y ahora Estados Unidos, donde una copa de jerez cuesta entre los 6 y 15 dólares y una botella entre los 26 y 100.

Y, por supuesto, Japón. En Tokyo está el amigo Nakase Kohya, toda una institución, que se emplea en su trabajo en el 'Ollaria', un bar restaurante en el centro de la capital nipona especializado en gastronomía andaluza y vinos de Jerez. Nakase se presenta como "venenciador y cortador de jamón"; viene con frecuencia a Jerez para conocer más de su gastronomía, es un gran conocedor de nuestros vinos y ha escrito la primera guía en japonés del fino español. Un tipo singular que explica que el fino es muy parecido al 'sake', el típico licor de arroz local. Y ahí está el tío, en la foto adjunta, demostrando su habilidad en la venencia. No se olvide el Sherry Club de Tokyo, el bar-restaurante con la más amplia oferta de vinos de Jerez del mundo, incluyendo España. Este paraíso del vino nació a partir de un viaje a Jerez de su propietaria, Michiko Takahashi, donde se enamoró de "aquella bebida maravillosa".

José Luis Jiménez nos ha aportado una interesante relación de los establecimientos más señeros donde el jerez y sus formas de maridaje aparecen en las cartas. En Londres, el 'Gordon´s Wine Bar', entre Charing Cross y Embankment, puede que sea uno de los más antiguos del planeta. El jerez se vende de unos barriles que hay detrás del bar. Precio algo caro, calidad más o menos aceptable y buen ambiente. El 'Bar Pepito', que nos suena a todos, es otra institución en la capital. El 'Financial Times' lo eligió como uno de los mejores lanzamientos en Londres. 'Bar Pepito' es un proyecto entre el restaurador Richard Briggs y González Byass y está asentado en el norte de Londres, cerca de la estación de King' s Cross, una zona que ahora se ha puesto de lo más chic.

Y ahora en Londres se abrirá otro establecimiento, el 'Drake´s Tabanco', que lleva el nombre de aquel pirata inglés que popularizó el jerez en la corte inglesa en un acto de pillaje en los muelles de Cádiz. Se anuncia como un bar de sherry a la antigua usanza con comida inspirada en la cocina andaluza e inglesa.

El famoso 'Sherry Bodega' se encuentra en el barrio Leidseplein de Amsterdam y formaba parte de la empresa de distribución y ventas de vinos de 'Jerez Continental Bodega', regentada por la familia Vlasman. Y así podríamos seguir y seguir, sin ver el final. Por tanto, en lo que se refiere a los hosteleros extranjeros, podríamos decir que el 'sherry' sigue en buenas manos.

Aunque conocido pediatra, el doctor Jaime Bachiller Martínez guarda una gran pasión por el vino de Jerez. Su suegro Joaquín Burgos, gran enólogo y antiguo director de Lustau, enseñó a Jaime todo lo que sabe. Investigó y parió el trabajo 'El vino, fuente de salud', que expuso en su día en el Consejo Regulador, por el que demostraba que el consumo moderado de vino y, en especial el de jerez, es beneficioso para la salud. Estas eran algunas de sus ideas.

La paradoja francesa.- 'Mónica' fue un proyecto coordinado por la OMS y realizado entre 1985 y 1991 en quince países europeos. El doctor Serge Renaud demostró que, a pesar de que los franceses consumían grandes cantidades de grasas saturadas, la mortalidad por infarto era la más baja. La explicación a esta paradoja se buscó en su dieta, que incluye un consumo moderado o alto de vino. En esas condiciones, su consumo disminuye el riesgo de infarto entre un 30 y un 50% frente a un abstemio.

La protección del vino.- El vino posee unos 250 componentes. La mayoría actúan como antioxidantes que podrían tener efectos beneficiosos sobre enfermedades cardiovasculares, el alzheimer, el párkinson, el proceso de envejecimiento o el cáncer.

El colesterol.- La tesis doctoral de Maribel Estévez y los estudios de investigación de los científicos sevillanos Félix López y Juan Miguel Romero ponen de manifiesto que el consumo moderado de jerez produce una reducción de un 24 a un 30% del colesterol total en la sangre.

Cuánto se puede beber.- La dosis de riesgo es de 40 gramos de alcohol por día en los hombres y de 24 en las mujeres, mientras que la dosis de salud es de 34 gramos día. "La dosis perfecta es la de tres copas diarias, acompañadas siempre de la comida".

Porqué hay que beber vino.- Para retrasar la vejez, evitar enfermedades degenerativas, frenar el estrés oxidativo y consumir antioxidantes. "Hay que hacer de la vida un buen uso para que sea una bebida fisiológica, en la que el hombre domina al vino, frente a la vida abusiva o patológica, donde el vino domina al hombre". Pues ya lo sabéis, amigos. Tres copas, tres... y con comida. Total, como decía el otro, "para dos días que estamos aquí..."

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