Jerez

La soledad de 'la Torre'

  • Los vecinos de Torremelgarejo vuelven a ver cerrado este año el acceso principal a la barriada · La medida impide que se beneficien de sus "tres grandes días del año"

Las cerca de cuatrocientas almas que ocupan la barriada de Torremelgarejo volverán este año a mirar los toros desde la barrera. Son ya tres años así. Ya es fastidio: Llega un gran premio de motociclismo, llegan los moteros con sus veloces cacharros y extraños atuendos y el pueblo se cierra a cal y canto. Como suena. Este año ha pasado lo mismo. Los responsables de la barriada han vuelto a exponer a las autoridades la oportunidad económica que puede reportar al pueblo la celebración del evento. Y las autoridades han vuelto a darle la espalda: La entrada principal al pueblo se cierra. Se utilizará como salida de seguridad y punto. Nadie, nativo o no, podrá entrar en Torremelgarejo desde la autovía de Arcos. Tendrá que hacer más kilómetros por carreteras de los tiempos de maricastaña: Primero Guadalcacín, luego Nueva Jarilla -donde aparece un cartel con el rótulo 'carretera cortada'- y, por fin, Torremelgarejo. Más kilómetros, más molestias.

El pueblo se ha venido abajo de nuevo. Desde su propio delegado de alcaldía, Manuel Garrido, hasta el ultimo vecino. Que Torremelgarejo, 'La Torre', no merezca beneficiarse de los réditos del Gran Premio de motos duele, sobre todo si durante todo un año soportan el rúnrún que viene a tiro de piedra. Torremelgarejo y el circuito son inseparables. Hace años, desde la propia torre podían seguirse las carreras. La torre, erigida en la Edad Media, fue conocida en todo el planeta por las motos. Y su historia es bien curiosa. Se remonta a los tiempos de Alfonso X El Sabio. Perdida la ciudad de Jerez, los moros se retiraron. En su huida, moros disfrazados rebanaron el pescuezo al conde y a mandos cristianos que celebraban en ese momento una cena en la estancia principal de la torre. La historia dice que este acontecimiento fue conocido por 'Melgarejo', que en su traducción al castellano significaba 'Cena amarga'. Muchos siglos después, una fábrica de lino procedente de Granada se encargó de aglutinar a la gente. Y el pueblo creció y creció.

Inés Sánchez Cristóbal fue la delegada de alcaldía por el PSA hasta 2008. Nació en Jerez, pero hace 28 años construyó con mucho tiempo y esfuerzo su propia casa en Torremelgarejo. Hija de un portero de escuela, aprendió de su padre albañilería, carpintería, fontanería y electricidad. "Con estas manos -dice Inés-. Yo hacía de albañil, mi marido de peón (se ríe)". Ahí llevan viviendo doce años. Inés se planteó siempre rehabilitar la torre. Dice que existen hasta subterráneos que llegan a El Puerto.

"Si no te hacen caso, llama a Inés, a mama Inés", dicen siempre en Torremelgarejo. Cuando era delegada, consiguió evitar el aislamiento del pueblo durante el fin de semana de 'las motos'. Desde 2003 se le ocurrió dar tickets para que los lugareños pudieran acceder a 'la Torre'. Luego hizo pases, desde 2005, pero aquello fue un dislate. Dos pases para cada familia de muchos miembros no solucionaba nada. "Mire ahora: mi yerno trabaja en Estella; tendrá que dar una vuelta hasta Gibalbín en dirección a Arcos para ir a hasta la pedanía, cuando Estella está aquí enfrente".

En el bar San José, el único de la barriada, volverán a notar la bajada de los beneficios en el fin de semana más próspero que Torrelmegarejo pasa a lo largo del año. Comenta un empleado que, "en tiempos de Pacheco, cuando no se cerraba el pueblo a los moteros, había que echar a la gente. No paraban de salir y entrar, pero había que limpiar, tener esto en condiciones. En esos años del Gran Premio, despachaba desayunos desde las seis de la mañana hasta la una de la tarde. Y porque decíamos: 'Se acabó'. Si no, desayunaban hasta más tarde. En los tres últimos años, cuando cortaron el acceso, ya a las once de la mañana no había nadie". Como el de la única papelería cercana, que confiesa que cerraba más tarde que otros días y "para nada, nadie venía. Aquellos noches del Gran Premio esto se ponía de muerte. Y había gente que aprovechaba la ocasión y cogía su dinerillo vendiendo latas, agua o lo que fuera. También tienen su derecho, ¿o no?"

La buena de Inés, 'mama Inés' sigue hablando. Es una institución entre los 'moteros'. "No son moteros, para mí son amigos. Somos una gran familia". Hace años que acoge a moteros en su casa. Inés, 'mama Inés', no impone precios; cobra lo que diga su clientela.

- ¿Y si algún motero se porta mal?

- Si ocurre algo, yo estaba allí para decirle: 'Tú vienes a divertirte, ¿no? Pero sin hacer daño'. El motero es agradecido. Conozco a muchos de ellos por acogerles en mi casa. Me llaman todos los años diciéndome: 'Mama, que voy a verte'. Son como una familia. Incluso me conocen fuera de aquí. Le contaré una cosa: Cuando yo me operé de vesícula, no sé cómo se enteraron, vinieron a verme desde Madrid en la habitación del hospital cuatro moteros. Son como mis niños, algunos incluso mayores que yo, pero yo los llamo así. Y muchos me decían: Yo, si Torremelgarejo se cierra, no volveré más al circuito de Jerez. Porque Torremelgarejo es el 'escaparate' de Jerez, y si no se arregla..." Por delante nuestra pasa una mujer mayor con un pequeño plato. Inés comenta: "Cuando podían llegar las motos, se ocupaba de guardar los cascos. A cada uno le ponía su nombre. Ganaba un dinerillo. Ahora ya no".

Se acerca al corrillo que hay formado Rafael, que recuerda que, hace dos años, viernes de un Gran Premio de Motos, cuando su hija volvía de trabajar en Huelva, sobre las tres de la tarde, la Guardia Civil le impidió entrar en Torremelgarejo. "Estuvo hasta las siete -comenta Rafael- de un lado a otro intentando entrar en el pueblo. Hablé con ella, que llegó a llorar de exasperación, y me presenté allí. Le dije lo que había que decirle a los agentes y mi hija volvió". A la tertulia se añade Felipe, que me enseña los papeles para solicitar una casa en Jerez.

- Me voy de aquí, ¿sabe? Ya ve usted los papeles.

- Después de cuánto tiempo?

- El que tengo en el cuerpo: Ochenta y un años.

El nuevo delegado de alcaldía se llama Manuel Garrido. Es delegado de alcaldía por el PSOE tras Inés. Es empresario de la construcción, no es militante socialista, pero conoce a la perfección el problema que les ha creado el cierre del pueblo. "Los responsables son el Ayuntamiento y la dirección del circuito. Yo estoy aquí por la barriada; gracias a los recursos de mis amigos, hemos podido levantar algo en el barrio. ¿Sabe usted lo que cobra un delegado de alcaldía al mes? Se lo diré: 175 euros. Y esos 175 euros los utilizo yo para dar trabajo a los jóvenes parados del pueblo para que hagan trabajos de jardinería, limpieza y adecentamiento en algunas zonas".

"Pero nos sentimos engañados, muy engañados. En la última reunión que mantuvimos con los vecinos para discutir el cierre de la barriada, concluimos todos que estábamos muy defraudados por el dispositivo montado por el Mundial. No es sólo eso. Tenemos un consultorio médico; pues bien, hace años vino la alcaldesa a decirnos que había dinero para ponerlo en condiciones. Hasta hoy".

Inés añade más problemas: "La luz y el agua nos la quitan sin aviso, no se adecuan las aceras, han cerrado la parte que corresponde a la cañada real, el paro sube... Y no me fío de unas antenas que han puesto en el circuito. Diría que, últimamente, hay más casos de cáncer en la barriada".

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