Alvaro Mur | Pianista "Los músicos estamos en permanente evolución"

  • El joven pianista ceutí Álvaro Mur, que debuta esta semana con la ROSS en el Maestranza, ha dejado en su primer disco un tríptico en torno a tres obras magistrales de Franck, Falla y Ravel

Álvaro Mur (Ceuta, 1993)

Álvaro Mur (Ceuta, 1993) / Michal Novak

Álvaro Mur (Ceuta, 1993) se formó en el Superior de Sevilla. Ahora vuelve a la ciudad para su debut en el Maestranza junto a la ROSS. Para celebrarlo, acaba de presentar su primer disco.

–¿Qué supone este concierto?

–Es muy importante. Estoy muy ilusionado. Estudié durante muchos años en Sevilla. Con 18 años yo fui abonado de la orquesta, así que volver a Sevilla, al Maestranza y compartir escenario con los músicos a los que he visto tantas veces me hace mucha ilusión. Aparte tocar una obra como el Concierto nº20 de Mozart, que es una maravilla, después de todo lo que hemos pasado, lo cojo con muchas ganas.

–¿Fue Mozart su elección?

–Ha sido consensuado. Yo propuse un concierto romántico, pero se programó el año pasado en condiciones de aforo limitado y orquesta reducida, y ante la duda, optamos por un concierto clásico para asegurar.

–Este concierto es producto de su vinculación con Juventudes Musicales...

Gané el Premio de JJMM de España en 2018, y a raíz de ahí mi carrera tuvo un gran impulso, y empecé a colaborar con muchas entidades. Pero con JJMM de Sevilla tengo relaciones desde antes, porque estudiando en el Superior, me dieron la oportunidad de hacer mi primer concierto, y luego siempre me han apoyado mucho.

Introspección - Álvaro Mur Introspección - Álvaro Mur

Introspección - Álvaro Mur

–Estudió con Alfonso Calderón de Castro, que es un poco su mentor...

–Mi mentor, guía, padre musical y casi de vida. Entré en contacto con él a los 17 años. Yo todavía vivía en Ceuta con mis padres y me iba a Málaga a visitarlo. Cuando empecé los estudios en el Superior me fui con él a Sevilla, y fue una vivencia muy intensa. Empatizamos muy bien. Me enseñó y me inspiró muchísimo. A día de hoy somos grandes amigos. Le debo todo.

–Su primer disco también está vinculado a un concurso.

Gané el Antoni Besses, un pequeño concurso que se hace en Cataluña. La convocatoria me pilló un poco de sorpresa, pero me fue bien, lo gané y el primer premio era la grabación de un CD con Edicions Albert Moraleda. Me dieron vía libre para elegir programa y plantearlo como yo quisiera. Grabamos justo antes del inicio de la pandemia. Yo quería hacer algo especial. Deseaba mostrar la mayor cantidad de facetas mías como pianista, que en la hora que dura el cedé el público pudiera decir, este es Álvaro.

–¿Qué significan estas tres obras para usted?

–Las llevo tocando muchos años. Me han acompañado en muchos conciertos, festivales, concursos. Son como mis amigos. Eran las obras que mejor representaban en este momento mis ideales artísticos. El Preludio, Coral y Fuga de Cesar Franck es una obra muy meditativa, de corte espiritual, esencialista. Trata de mostrar el contrapunto, el desarrollo de las diferentes voces, pero yo veo en ella sobre todo el intento de mostrar la trascendencia musical. La música como algo eterno en el tiempo. Con la Fantasia Bætica quería mostrar mis raíces, la música que llevo dentro de mí de forma natural, el sur, Andalucía, la danza, el factor rítmico, y con Gaspard de la nuit era un poco ese mundo interior, que es a la vez expresionista e impresionista, pero también el color, otros elementos que me representan como músico. Creo que las tres obras se complementan en ese sentido.

–¿Y el título de Introspección?

–El título vino después. Estuve dándole vueltas durante meses al programa, y cuando terminé me di cuenta de que lo que había hecho era un proceso de introspección. Estaba mirando dentro de mí, qué era lo natural en mí, de forma muy sincera, como si estuviera ante un espejo, y de esa mirada salieron estas tres obras.

Álvaro Mur debuta discográficamente con tres obras imponentes del repertorio. Álvaro Mur debuta discográficamente con tres obras imponentes del repertorio.

Álvaro Mur debuta discográficamente con tres obras imponentes del repertorio. / Michal Novak

–Ahora que vemos un poco el final de la pandemia, ¿cómo se plantea su actividad?

–En esta última semana he empezado a recibir muchas llamadas. Me he quedado incluso sorprendido. Lo cierto es que desde finales de abril he tenido muchos conciertos y ya tengo el verano casi lleno y cerrando proyectos para 2022, que es algo que me da mucha alegría. Para el año que viene pinta bien. Muchos conciertos los estoy recuperando de giras por España con JJMM, el 8 de julio toco en Lyon, luego tengo conciertos en Baleares, uno en Alemania en agosto... Poco a poco todo se va normalizando.

–¿El trabajo con orquesta es complicado?

–Es más difícil. En un recital sólo necesitas un espacio y el piano. Con orquesta sólo tengo cerrado este con la ROSS y uno que estaba programado en Jerez en abril de 2020, se tuvo que aplazar y no sé aún cuando podré recuperarlo.

–¿Cómo se plantea la preparación del repertorio, en función de los proyectos que van saliendo o trabaja en el largo plazo en torno a obras que le interesan?

–Voy como puedo, repartiendo el tiempo entre unas cosas y otras: ahora tengo un programa preparado con obras del disco mientras adelanto cosas que voy a incorporar el año próximo. Yo soy de los que piensa que uno tiene que vivir con la obra. Puedo coger una partitura y tocarla en poco tiempo, pero no hacer en ese poco tiempo algo que yo considere relevante. No me gusta cumplir, sino que pretendo meterme allí donde veo que puedo aportar algo. Por eso soy precavido y tengo también la mirada puesta en el largo plazo. Intento leer mucho repertorio, estar activo y fresco.

–¿Y en qué repertorio siente que puede aportar más?

–Ahora estoy tocando mucho la música del Romanticismo tardío, Liszt, Franck y algunos de sus coetáneos. Me siento muy cómodo también en la música francesa y en la española. Pero no desdeño nada. Estoy disfrutando como un niño con este Mozart.

–Siendo alumno de Alfonso Calderón, seguro que también le interesa la música contemporánea…

–De hecho, hace apenas dos semanas hablaba con Hugo Gómez-Chao Porta, compositor residente de Juventudes Musicales, que me ha compuesto una obra para que yo la estrene en los conciertos que acabamos de cerrar. Quizá por mi personalidad no como para especializarme en ello, pero sí que creo que es importante estar en contacto con la música que están haciendo los compositores de hoy, compañeros míos en muchos casos. Alfonso me ha enseñado mucha música contemporánea, me ha hablado mucho, gracias a Alfonso conocí a Joan Guinjoan y pude preparar una de sus obras con él.

–¿Otro disco ya en mente?

–Tengo pensado dos más. El primero me pilló de novato, pero tengo mucho repertorio, con ideas que se podrían grabar y les voy dando vueltas. Con matices, el repertorio del segundo lo tengo ya más o menos decidido.

–¿Cuál es la función del disco hoy?

 –Promoción. Los discos no se venden. Yo soy el primero que no los compro, porque no tengo reproductor de CD en casa. Pero puedes ir a un programador con el disco. Y también dejas el recuerdo de lo que has hecho para el melómano que quiera escucharlo ahora o en el futuro, un poco con el valor de la colección.

–¿Va a resistir la visión de esas obras que tenía cuando las grabó el paso del tiempo o no?

–Los músicos estamos en permanente evolución. De hecho, al mes de haberme grabado me escuché y me dije, 'Tendría unas palabras con Álvaro'…

–Al mes pensaba ya que algunas cosas las haría distintas…

–Bastantes cosas. Después volví a escucharlo pasados otro par de meses y fui más benevolente, no tan crítico, pero seguiría cambiando cosas, sí. Es lo natural. No sé cómo será el futuro. A lo mejor cuando pasen veinte años y lleve muchos discos detrás escucho este primer disco y me cuesta reconocerme.

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