Clásica | Sandrine Piau Amores orquestales

  • Acompañada por el conjunto de instrumentos de época Le Concert de la Loge, la soprano francesa Sandrine Piau recrea en Alpha el universo de la ‘mélodie’ de finales del siglo XIX

Sandrine Piau en el Espacio Turina de Sevilla durante el Femás'19 Sandrine Piau en el Espacio Turina de Sevilla durante el Femás'19

Sandrine Piau en el Espacio Turina de Sevilla durante el Femás'19 / Femás

La mélodie francesa representa a la perfección, como el lied alemán, esa necesidad del alma romántica de expresar las emociones, anhelos y deseos subjetivos. Alcanzada su mayoría de edad (en el sentido ilustrado, kantiano), cada vez más emancipado del patronazgo aristocrático o eclesiástico, el músico romántico busca la exhibición en libertad de su mundo interior, de sus sentimientos. Los poetas pusieron letra a esta ambición. La nueva poesía alemana, apasionada e intimista, encontró en la música de Schubert y sus contemporáneos un aliado ideal para difundirse en los espacios privados, en los salones de una burguesía que luchaba por alcanzar, desde el dominio económico, el poder político. La canción se eleva así a un rango de sustantividad que va más allá de la mera expresión artística para convertirse en símbolo de una emergente y ambiciosa clase social.

Es Schubert quien, más allá de la oportunidad histórica, crea el género, le da su espíritu, su sentido. Desde él, el lied adquiere dimensiones estéticas que lo igualan en trascendencia al género sinfónico, la sonata para teclado o el cuarteto de cuerda. En Francia, la nueva poesía de Victor Hugo o Alfred de Musset había ido transformando también los típicos romances de finales del siglo XVIII en algo cercano al mundo del lied, aunque en líneas generales la mélodie francesa tuvo siempre un espíritu más extravertido, menos trágico y trascendente que su equivalente alemán.

En la segunda mitad del siglo, pasada la oleada revolucionaria de 1848, la canción de cámara dará un salto fundamental: va a salir de los ambientes domésticos para afianzarse como oferta en los conciertos públicos. Esto significaría también la ampliación de los acompañamientos. En los teatros, por necesidades sobre todo prácticas, la orquesta se irá imponiendo al piano. En Francia, el caso de Berlioz resulta emblemático: sus Nuits d'été, escritas con acompañamiento pianístico entre 1840 y 1841, serán editadas en 1856 en una nueva versión orquestal. Este nuevo álbum de la soprano francesa Sandrine Piau (Issy-les-Moulineaux, 1965) recoge dos de las seis canciones del ciclo de Berlioz, junto a otras doce mélodies y cuatro piezas instrumentales que le ponen contexto.

Sandrine Piau y Le Concert de la Loge durante la grabación del CD Sandrine Piau y Le Concert de la Loge durante la grabación del CD

Sandrine Piau y Le Concert de la Loge durante la grabación del CD / Hugo Warynski

La mélodie romántica estuvo siempre muy orientada hacia la temática sentimental. Las canciones aquí recogidas pueden considerarse en este sentido emblemáticas. El álbum se presenta en dos partes: la primera bajo el título genérico de Recuerdo; la segunda bajo el de Deseo y Seducción. Un recorrido por las distintas estaciones del amor en el estilo lírico que la canción francesa fue desarrollando a lo largo del XIX, con una influencia de la ópera mucho más marcada que en la tradición alemana, que mantuvo sus señas de identidad dentro del marco intimista de la canción de cámara. En las orquestaciones dominan las armonías refinadas y suaves, el tono en general afable y tierno, que tiende en ocasiones a lo pastoral, con un uso muy variado de los matices de color, que se apoyan especialmente en las maderas o en los arabescos del primer violín.

Todo ello se compadece bien con el tratamiento elusivo de lo trágico que ofrecen los poemas puestos en música. Los recuerdos son en general dulces (el paseo matinal de Bordes); los lamentos y las lágrimas, contenidos (el éxtasis de Saint-Saëns). Las metáforas y los sueños ponen a menudo distancia (las mariposas de Saint-Saëns o Louis Vierne, el fantasma de la amada en Massenet, el rapto soñado de Victor Hugo utilizado por Saint-Saëns). Mientras, la naturaleza sirve el marco ideal para las confidencias (el paseo junto al lago de Dubois), la contemplación o el silencio, una naturaleza bella y benéfica, nunca turbulenta y amenazante como en tantos lieder contemporáneos.

Si j'ai aimé - Sandrine Piau Si j'ai aimé - Sandrine Piau

Si j'ai aimé - Sandrine Piau

Además de las dos noches de estío de Berlioz, el CD recoge su orquestación del Plaisir d'amour de Martini, un clásico de la canción francesa llegado directamente del siglo de las luces. Son estas tres obras berliocianas las más difundidas del contenido de un disco que se caracteriza justamente por ofrecer piezas poco transitadas. Así, las cuatro canciones de Saint-Saëns, que no se cuentan entre las más habituales de un catálogo generoso y ya de por sí poco conocido, o la de Jules Massenet. Tampoco es Louis Vierne un músico que se haya hecho popular por sus canciones. Compositores casi desconocidos como Charles Bordes, Alexandre Guilmant o Théodore Dubois (este por partida triple) son abordados también por Piau y Le Concert de la Loge, el conjunto de instrumentos de época creado hace menos de un lustro por el violinista Julien Chauvin. De las cuatro obras instrumentales que se intercalan entre las canciones, dos de ellas son transcripciones de obras pianísticas (la Chanson d'autrefois de Gabriel Pierné y el vals de Massenet), mientras las otras dos son curiosas, cada una por una razón: A las estrellas de Henri Duparc es una evocativa página orquestal de un músico que si destacó por algo fue justamente por sus canciones; el Grave de la Sinfonía gótica de Benjamin Godard es una auténtica rareza.

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