Cultura

¿Demasiada música en Málaga?

  • La ciudad vive un otoño con más de 120 conciertos en salas gracias al empuje de la iniciativa privada · El sector cree que un exceso de programación puede ser negativo porque el público no está acostumbrado

El pasado viernes, los adeptos malagueños a la música tenían donde elegir. En la Sala Vivero la opción era uno de los grupos de pop de moda, Love of Lesbian; a sólo unos metros, la sala París 15 ofertaba una apuesta de tintes más comerciales, Pereza; y en el Teatro Echegaray las entradas llevaban ya mucho tiempo agotadas para el directo de Jay Jay Johanson. A pesar de que la crisis auguraba una mala racha para la cultura, en Málaga la programación musical ha explotado este otoño: más de 120 conciertos y 150 grupos, sin contar a bares y pubs, que sumarían varias decenas más.

La apertura de nuevas salas en los polígonos, la llegada de nuevas empresas al sector y la aparición de colectivos ciudadanos promotores ha permitido que la capital de la Costa del Sol viva una época dorada para la música en directo con bandas de todos los estilos y circuitos, del hip hop al rock, del folk al jazz, del pop al flamenco, de lo más comercial a lo más independiente, de lo local a lo internacional. Una variada y completa oferta que, para muchos, es insostenible en una ciudad poco acostumbrada a tener un abanico musical amplio y plantea una pregunta: ¿tiene Málaga público para tantos conciertos? El pasado viernes, por ejemplo, también estaba previsto el concierto de Quique González en el Auditorium  Club: Se aplazó dos días antes. ¿Había sitio para cuatro grupos el mismo día? Las opiniones en el sector son diversas. "En Málaga hay más de 600.000 personas, pero es cierto que por ahora no hay tanto aficionado a la música como para llenar dos salas el mismo día" subraya Martín Moniche, responsable de la programación musical del Centro Cultural Provincial.

"Si nos volvemos locos, es malo para todos. El exceso de oferta, no sólo en música, en cualquier negocio, siempre será malo porque el mercado se puede saturar, es algo básico en economía. Pero lo que está ocurriendo en Málaga es positivo. Al menos por ahora", explica Daniel Rodríguez, responsable de una de las empresas con más tradición en la ciudad, Espectáculos Mundo, que se centra principalmente en macroconciertos en el Auditorio Municipal o el Estadio de Atletismo y que echa de menos mayores recintos. "Si hubiera aquí un sitio para 60.000 personas, U2 no hubiera tocado en Sevilla, si no aquí", destaca. 

Mientras, otros creen que es el amante de la música el que finalmente, "sale ganando" con tanta competencia, como subrayan fuentes de la sala París 15, una de las nuevas iniciativas de la ciudad. Por su parte, Alejandro Gámez, responsable de otro de los recintos malagueños con más solera, la Sala Vivero, avisa de la necesidad de que haya una buena relación entre todos "y que a la hora de programar se tenga en cuenta la oferta que ya han confirmado los demás". "En caso contrario, será malo para todos", avisa Gámez.

A falta de espacio y apoyo en el centro de la ciudad,  las salas privadas han ido naciendo en los polígonos industriales de la ciudad. De ahí que miembros del sector como Federico Atamaniuk, de la empresa de comunicación y promoción cultural La Baulera, hayan propuesto la creación "de una especie de Soho musical malagueño", de denominar la zona como "el Polígono de la Música". Razón no le falta. Al Auditorio Municipal le rodean, a una distancia que se puede recorrer fácilmente a pie, recintos de diverso calado como la Sala Vivero (polígono la Estrella), Sala Eventual (San Luis), Sala Innova (Camino San Rafael), Sala Filmore Rock (El viso) o Sala París 15 (El Viso). A los que hay que unir recintos de otras características como el Centro de Iniciativas Universitarias Espaciu que también programan música regularmente.

La Sala Vivero es la más asentada de todas ellas. Con siete años de vida, está avalada por una intensa programación mensual con grupos de estilos variados y es uno de los recintos más respetados de Andalucía junto con La Copera o Planta Baja en Granada y Malandar en Sevilla. Una referencia para los grupos que quieren venir a Málaga. Y alrededor de ella han nacido proyectos como Paris 15, que con un aforo de 3.500 personas es una de las salas con mayor aforo de toda España. Sus responsables destacan la intención de traer grupos de nivel internacional "buscando crear un triángulo musical junto a Barcelona y Madrid". "Creemos que el hecho de que cada vez haya más salas y espacios dedicados a la música es bueno, sobre todo en una situación económica como la actual en la que las administraciones cuentan cada vez con menos recursos para estas actividades", subrayan. La administración pública, de hecho, dedica en plena crisis cada vez menos presupuesto a eventos musicales, como demuestra la caída de la programación musical del Teatro Cervantes, dependiente del Ayuntamiento de Málaga. El Consistorio también gestiona los renovados teatros Albéniz y Echegaray, recintos a los que se ha unido con fuerza en los últimos meses el auditorio de La Caja Blanca. Salvo éste último (ubicado en Teatinos), frente a las salas medianas y grandes del extrarradio, el centro se ha especializado en pequeños recintos de gestión pública (con un aforo medio de 300 asientos), aunque su programación depende cada vez más de la iniciativa privada.

Es el caso de la promotora cultural Arena de Málaga, empresa responsable de citas como el Festival Flamenco Jazz El Duende del Albéniz, que contará con Tomasito, Arcángel o Jerry González; así como del Festival Málaga Futura, con nombres como el de Pablo Alborán, Anni B. Sweet, Dry Martina o The Filetones. "Parta que la amplia oferta cultural que se ha programado sea sostenible es necesario que haya planificación y profesionalidad por parte de las empresas privadas", explican fuentes de esa firma, donde creen que hace falta apostar por eventos de calidad. 

A los recintos municipales hay que sumar las salas Cánovas y Gades de la Junta de Andalucía y, sobre todo, el auditorio del Centro Cultural Provincial de la Diputación, uno de los que más tiempo lleva programando en la ciudad. "Nosotros lo que buscamos es traer una oferta diferente, dar al público lo que las salas privadas no dan", explica el responsable de la programación del recinto, Martín Moniche, con una larga lista de conciertos a la espalda. El tradicional ciclo Martes Música se une a otras citas que tienen un denominador común: entradas a bajo precio -generalmente a entre cuatro y seis euros- y grupos que vienen a caché. Una fórmula "casi imposible" de repetir por la iniciativa privada realizar por su poca rentabilidad, pero que sirve para completar el abanico musical de la ciudad.

Otros que han revolucionado la oferta musical de Málaga han sido, sin duda, los miembros del colectivo ciudadano Wild Weekend. Ellos comenzaron su labor el verano pasado con un buen número de conciertos del pop rock más indie en La Caja Blanca. Y su éxito ha hecho que en otoño hayan aumentado su programación extendiéndose igualmente a la sala del Centro Cultural Provincial de Ollerías y a la sala Eventual. Su fórmula también es diferente al de la iniciativa privada, ya que el colectivo dice trabajar "sin ánimo de lucro". Ellos ofrecen la taquilla íntegra a los grupos y, los que aceptan sus condiciones, forman parte de su cartel; y los acuerdos con las instituciones hacen posible las salas de conciertos. "Es una de las pocas cosas buenas que ha tenido la crisis. Los grupos necesitan tocar y por eso aceptan este tipo de condiciones", añade Martín Moniche.

Gracias a Wild Weekend, el público malagueño ha podido y podrá disfrutar de grupos que no tocaban en Málaga desde hace tiempo o que nunca lo habían hecho, conformando un circuito de música independiente con nombres como Maga, Hola a todo el mundo, Tulsa, Depedro, Sr. Nadie…

"Creo que en Málaga hay público para este tipo de conciertos, y estaba un poco desatendido. Algunas salas como la Vivero, París 15, el Teatro Cervantes, el Echegaray o el propio Centro Cultural Provincial lo estaban (y lo están) haciendo muy bien programando conciertos de música independiente. Nosotros sólo queremos aportar algo más a esa oferta, y la gente lo está agradeciendo", asegura uno de los responsables de Wild Weekend, Fernando Morgado.

Pero, ¿este escenario musical será sostenible?, ¿será flor de un día la intensa programación en Málaga? "Esperemos que no. Nosotros queremos asentarnos y seguir dando a la ciudad lo que se merece", asegura Morgado. Su optimismo contrasta con la iniciativa privada, que no lo tiene tan claro. "Yo no sé si podrá seguir este ritmo, quizás sea demasiado alto para la ciudad", añade Daniel Rodríguez, de Espectáculos Mundo. De hecho, en lo que el sector está completamente de acuerdo es en la falta de formación musical del público malagueño, "que no está acostumbrada a que haya tanta música o a guardar dinero para asistir regularmente a conciertos", afirma, por su parte, Moniche.

Lo que está claro es que el público ha sido el gran beneficiado de la mayor competencia y el incremento de salas e iniciativas para programar música. Y también ha ganado en servicios, ya que La Baulera, por ejemplo, ofrece llevar las entradas a domicilio y próximamente ofertará un servicio de canguro para los asistentes a los conciertos.

Más facilidades para los malagueños que, en lo que queda de año, podrá ver a un buen número de grupos de los más variados estilos musicales. Del hip hop de Hablando en Plata al flamenco de El Barrio; Del rock de Auténticos Decadentes al pop de La Casa Azul; sin olvidar a Franz Ferdinand, Enrique Bunbury, Micah P. Hinson, Loquillo, Standstill… Eso sí, habrá días donde tendrán que pensárselo bien porque coincidirán hasta seis conciertos en la misma noche; como el próximo viernes.

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