24 Festival de Jerez | Crónica Ballet Flamenco en Jerez

  • La muestra jerezana es uno de los pocos escaparates actuales del género

Un instante de 'Invocación bolera' estrenado por el Ballet Nacional de España. Un instante de 'Invocación bolera' estrenado por el Ballet Nacional de España.

Un instante de 'Invocación bolera' estrenado por el Ballet Nacional de España. / Javier Fergo/Festival de Jerez

El Festival de Jerez es uno de los pocos lugares en el que el programador tiene a bien ofrecernos espectáculos de Ballet Flamenco, esa genial invención de la genial Antonia Mercé que, por cierto, jamás empleó dicha denominación. Como tampoco la de clásico español como más comúnmente se conoce a este género de danza, término acuñado en la época en la que Mariemma diseño los planes de estudios de los conservatorios españoles. Precisamente Mercé, que siempre habló de baile español a secas, se inspiró para su creación en El sombrero de tres picos, considerado por Gades "el gran ballet español" pese a que fue coreografiado por el ruso Leonidas Massine. Estévez y Paños se han inspirado en esta obra para su propuesta El sombrero que no es una revisión de la historia original, la del corregidor y la molinera, sino una mezcla exquisita de rigor documental y fantasía, allí donde este no llega, de las circunstancias en las que se creó esta magna contribución al ballet español y mundial. Por el escenario del Villamarta pasaron Diaguilev, Massine y Félix Fernández, un genial Alberto Sellés, además de otros protagonistas de esta historia como Manuel de Falla, Lydia Sokolova, Tamara Karsávina, La Macarrona, Ramirito …. y hasta me pareció atisbar por allí a María Albaicín. De hecho el guión se construyó con los libros de memorias de Massine, Sokolova y Karsávina, con citas directas, de esta última en el idioma original en el que escribió su libro. La puesta en escena disecciona la coreografía original de Massine para mostrarla en otro contexto narrativo, el de la creación de la misma y de la partitura, con lo que adquiere otro sentido narrativo: por ejemplo el proceso creativo de la maravillosa farruca, con un cuadro en el que se superponen las coreografías de Félix, Massine y Ramirito, con el proceso creativo de Falla. O el hallazgo de una música deliciosa por seguidillas en la guitarra de un músico ambulante ciego en las calles de Granada. O como Félix cambia la rítmica de la farruca y prácticamente dicta con sus pies la partitura al compositor gaditano. La función está profusamente documentada, no sólo con los textos citados, también con elementos tomados de fotografías, el peinado de La Macarrona, filmaciones, registros sonoros, cuadros, etc. Pero lo mejor de la obra es la interpretación que sus autores hacen del desencuentro de Félix con Diaguilev y su proceso de enajenación que lo condujo al sanatorio de Epsom. Aquí Estévez y Paños se dejan llevar por su imaginación para mostrar la parte más sentimental, y emotiva, de la obra. De todo ello, interesante y complejo, me quedo con la relación de Sokolova con Félix porque Estévez y Paños han deducido, con razón, que si alguien entendió en esta historia a Félix fue la Sokolova, ella misma desplazada también del rol protagonista por la llegada de Karsávina, y que fue, en la fantasía de Estévez y Paños, la última visita que recibió Félix en Epsom. Las memorias de Sokolova son las más cercanas a la realidad, por la ausencia total de divismo que presenta el texto. Una verdad que, probablemente, no llegaremos a conocer jamás.

El Ballet Nacional de España, por su parte, presentó en Jerez un programa misceláneo que incluía dos nuevas obras de su flamante director, Rubén Olmo. Invocación bolera es una adaptación del lenguaje de la Escuela Bolera a una partitura contemporánea, de Manuel Busto, en la que los bailaores dieron buena cuenta de su habilidad con las castañuelas. Jauleña, el otro estreno, es un lírico solo de Olmo. La primera parte de la presentación se cerró con Eterna Iberia de Antonio Najarro que mostró a las claras la diferentes maneras coreográficas del anterior y el nuevo director del conjunto. La segunda parte fue una reposición, con un par de adiciones, de De lo flamenco, la coreografía con la que Mario Maya llevó a debutar al Ballet Flamenco de Andalucía, en ese momento, 1994, Compañía Andaluza de Danza. Además de un necesario homenaje al maestro y de un rescate de una obra cumbre del ballet flamenco, la propuesta demostró que el legado del añorado maestro está de plena actualidad. El grupo mostró su versatilidad tanto en los diferentes estilos, bolero, ballet y flamenco, como en su capacidad de entender tres universos coreográficos muy distintos. Precisamente el rescate del legado clásico es una de las labores que se ha propuesto el nuevo director del Ballet Nacional de España. Sería una gratísima noticia para la danza española que este empeño de Olmo le llevara a desempolvar el único ballet flamenco de preguerra que se conserva por completo, firmado por Encarnación López La Argentinita. Otra cosa es que consideremos a la versión original de El sombrero de tres picos como un ballet flamenco. Que también.

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