Cultura

Húngaros en cuarteto

  • El Cuarteto Casals graba en Harmonia Mundi obras de tres compositores húngaros del siglo XX: Bartók, Ligeti y Kurtág

Metamorphosis. Cuarteto Casals. Harmonia Mundi

Nacido a mediados del siglo XVIII, el cuarteto de cuerdas se convertiría con el tiempo en el género que mejor representa el rigor de la música absoluta en el ámbito camerístico. Frente al sentido de divertimento doméstico que muy pronto adquirieron dúos y tríos o al carácter más o menos concertante con el que se revistieron muchos quintetos, el cuarteto de cuerdas representó siempre la pureza primigenia de la música abstracta y contrapuntística, que había sido heredada de las cuatro voces de la polifonía clásica. Si Haydn dio al género su forma y Beethoven impulso para un viaje de más de un siglo, Bartók reinventó la tradición, instalando el cuarteto en el imaginario de los compositores de nuestro tiempo.

Tras su paso por Haydn, Brahms, Debussy, Ravel o Zemlinsky, el Cuarteto Casals ha dedicado su último disco a Bartók y a dos de sus principales seguidores de la escuela húngara, Ligeti y Kurtág. Creado en Madrid en 1997, pero instalado desde hace tiempo en torno a la Esmuc y el Auditorio de Barcelona, el Casals es el más internacional de los cuartetos españoles jamás formados, lo cual no es decir poco en una época en la que la formación cuartetística vive en esplendente ebullición. Tras su mirada de serena y colorista mediterraneidad que supuso su acercamiento a la música de Ravel, Toldrá y Turina (CD titulado Influencias en Harmonia Mundi), los arcos del Casals vuelven a crisparse con el singular expresionismo bartokiano.

Bartók se inició en la música para cuarteto en 1908 con una obra que asumía sin complejos la herencia del último Beethoven, pero que se distanciaba de igual forma de sus seguidores románticos y postrománticos (el Cuarteto nº1 es contemporáneo del nº2 de Schoenberg) para inaugurar un tiempo nuevo. Su segunda contribución al género se hizo esperar una década pues el Cuarteto nº2 se estrenó en 1918. Su toque expresionista acaso influencia de los vieneses, no resta valor a su juego experimental sobre las posibilidades de renovación tímbrica de la formación. El , de 1927, muy cromático, resulta de una condensación extrema. El (1929), posiblemente el más popular, es el que el Cuarteto Casals graba aquí: se singulariza por su forma en arco (cinco movimientos tripartitos con un lento central, escoltado por dos scherzos y con dos allegros en los extremos), su violencia (que el conjunto español enfatiza de manera formidable) y esa forma de pizzicato que lleva el nombre del compositor y que consiste en que la cuerda pinzada rebote impetuosamente contra el mástil. (1935) y (1941), que contrastan clasicismo y desgarro expresivo, completan una de las series más asombrosas y deslumbrantes de la historia de la música.

Antes de abandonar su patria húngara en 1956, el joven Ligeti escribió su Cuarteto nº1, titulado Metamorfosis nocturnas, muy influenciado por la obra de Bartók, cuya energía rítmica, virtuosismo instrumental y combinación de cromatismo y diatonismo asume plenamente, si bien dando muestras de una distinguida personalidad en ciernes, que gusta de la contrastada fragmentación del discurso y del compacto tratamiento tímbrico. El Casals cambia de registro con los aforísticos Microludios de Kurtág, el amigo de Ligeti que prefirió quedarse en Budapest tras la invasión soviética. La depuración esencialista de esta música, anclada en la tradición, pero de una modernidad desarmante, está magníficamente atrapada por los arcos de un cuarteto que han colocado a España en el mejor escenario del camerismo internacional.

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