Flamenco

Una cantera inagotable

  • David Lagos produce un disco para algunos de los jóvenes valores del cante jerezano actual

Los intérpretes de este disco durante su presentación en el Festival de Jerez. Los intérpretes de este disco durante su presentación en el Festival de Jerez.

Los intérpretes de este disco durante su presentación en el Festival de Jerez. / Javier Fergo

Pasaje en el tiempo presenta un ramillete de jóvenes promesas, algunas francas realidades ya, del cante jerezano actual. Producido por David Lagos, la obra es además una antología del cante jerezano de todos los tiempos. Manuel de la Nina canta, con la guitarra de Diego del Morao, uno de los estilos más jerezanos que podamos echarnos al oído, la bulería por soleá. Posee el joven intérprete corazón y conocimientos jondos. Y un inefable sentido del compás para unas formas acuñadas por Terremoto, Sordera y Niño Gloria, entre otros. De la Nina sale airoso en la comparación con estos maestros porque entiende el cante, no como un ejercicio museístico, sino como un envite con las emociones del intérprete, del momento. La saeta por seguiriyas es otro estilo en el que Manuel de la Nina se muestra cómodo, como demuestra también en esta obra, un cante que acuñaron Manuel Torre y el Niño Gloria. Finaliza su intervención con una memorable malagueña del Mellizo, un estilo que aprendió de Fernando Terremoto según señala David Lagos en las notas a este disco. Manuel de la Nina (Manuel Marín Valencia, Jerez, 1995) canta desde los 8 años con que debutó en Sevilla en el espectáculo Trilogía flamenca de Moraíto Chico. Además de su cante solista, es un reputado cantaor para el baile.

Enrique Remache abre su participación en esta obra con el cante por tarantos tal y como lo acuñara su paisano Manuel Torre, que por cierto nunca utilizó esta denominación de tarantos, tras su paso por tierras de Jaén. Remache hace unos cantes mineros cortos, justos, de mucha emoción, con un acompañamiento delicioso de Diego del Morao. Posee Remache un estilo enjundioso impropio de su juventud, muy afinado y genuino, pese a inscribirse, como no podía ser de otra manera, en la mejor tradición cantaora jerezana. Por seguiriyas se acuerda de su paisano El Loco Mateo para un cante pausado, sereno, pese a lo trágico de su concepto. El cante de Remache es austero, esencial, mineral, pese a inscribirse dentro de la estética jerezana. Remata brillantemente Remache con la famosa cabal en tonos mayores. Finaliza su intervención el joven intérprete con dos letras por fandangos jerezanísimas, de El Gloria y Manuel Torre, con la guitarra de Manuel Parrilla. Remache es el apellido artístico de Enrique Ruiz Carrasco (Jerez, 1990), de la familia de los Sordera y de los Terremoto.

El cante clásico vive una nueva edad de oro en las voces de estos jóvenes intérpretes

Rafael el Zambo (Rafael Fernández Ruiz, Jerez, 1990) inicia su recital por tientos. El cante del más joven de los Zambo es lírico y pujante, visceral. Diego del Morao le ofrece el acompañamiento brillante y concentrado que en él es habitual. En la soleá irrumpe de nuevo la guitarra nerviosa de Parilla para un cante solemne, desolado pleno de ritmo y emoción. Por cantiñas hace el cantaor estilos muy ligados y de enorme sabor, cantes del Pinini y de Rafael el Tuerto, entre otros, de estribillo gustoso. Rafael es hijo de Enrique el Zambo y sobrino, por tanto, de Luis el Zambo, auténtico maestro de la fiesta jerezana.

Y precisamente la cosa termina, como no podía ser menos, con una fiesta. Estamos en Jerez. Y a los protagonistas de esta obra se suman las voces de dos Enriques con solera, Soto uno y Zambo el otro. Tío de Remache el primero y padre de Rafael el segundo. Una fiesta en familia y en Jerez, ¿podría pedirse más? Pues unos cantes a capela donde los cinco intérpretes demuestran que son magos del compás.

El toque del disco, salvo en los casos señalados, lo pone Fernando del Morao, el más joven de la mítica saga de tocaores. Fernando Romero Moreno (Jerez, 1991) ha actuado entre otros, en el Festival de Jerez y en la Bienal de Sevilla. El compás y los jaleos, imprescindibles en una obra de cante jerezano, tienen las firmas del maestro Bo y Rafael Junquera, Manuel Cantarote y Juan Diego Valencia.

La mano de David Lagos es patente en la pulcritud de la producción y en la brillante selección, tanto de los intérpretes como del repertorio, pulido hasta el extremo, no sólo en relación al cante, también en lo que concierne al toque.

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