The Afterlife | Crítica de jazz London Calling

  • El saxofonista Shabaka Hutchings lidera el nuevo y efervescente jazz londinense con proyectos como el de The Comet is Coming

Shabaka Hutchings, en el centro, con sus compañeros del grupo The Comet is Coming. Shabaka Hutchings, en el centro, con sus compañeros del grupo The Comet is Coming.

Shabaka Hutchings, en el centro, con sus compañeros del grupo The Comet is Coming. / Fabrice Bourgelle

Toda escena requiere un manifiesto. Y el álbum We Out Here (2016) hizo las veces de declaración compartida en la que quedaba compendiado el vibrante estado del nuevo jazz londinense. Y también su prometedor futuro. Fue el productor Gilles Peterson –precursor a finales de los 80 del del modelo acid jazz– quien encargó al saxofonista Shabaka Hutchings la selección de músicos que darían forma al proyecto.

Theon Cross, Triforce, Kokoroko, Nubya Garcia, Ezra Collective, Maisha, Moses Boyd, Joe Armon-Jones y el propio Shabaka expusieron entonces las nociones de una comunidad sustentada en eclécticas fuentes como bossa, hip hop, reggae, dub, calypso o afrobeat y cuyos precedentes podían rastrearse durante décadas anteriores en el trabajo de Courtney Pine, Steve Williamson o el grupo The Jazz Warriors. También en el legado de veteranos de la dimensión de John Surman o Joe Harriott.

En realidad, el espíritu de este movimiento subraya su autonomía con respecto a otras corrientes jazzísticas gracias a una porosidad ubicada en las antípodas del dogma, con desarrollos en incesante mutación y abierta a unos influjos que van desde el cimiento africano al postulado electrónico. Agarrado, en definitiva, al aliento de libertad que ha impulsado al jazz durante toda su existencia.

Portada del disco. Portada del disco.

Portada del disco. / D. S.

En este floreciente panorama, nadie discute a Shabaka Hutchings un liderazgo de alta productividad canalizado a través de tres proyectos simultáneos: Shabaka and The Ancestors, Sons Of Kemet y The Comet Is Coming. Dotados de una penetrante carga ideológica y de específica identidad, el primero de ellos se sustenta en una lectura preferentemente acústica de un legado que discurre entre el pulso espiritual y el flujo sudafricano. Por su parte, Sons Of Kemet da un paso al frente para amplificar su parcela reivindicativa y defenderla desde un prisma afrocaribeño y una singular estructura instrumental con doble batería, tuba y saxo. Finalmente, The Comet Is Coming acentúa los rasgos electrónicos y el gesto retrofuturista en un marco interracial que bebe de iconoclastas del peso histórico de Archie Shepp o Sun Ra.

La industria musical no ha asistido impasible a tan relevante explosión y tanto Sons Of Kemet como The Comet Is Coming ofrecen hoy sus propuestas discográficas desde la acreditada etiqueta Impulse!. La misma discográfica que respaldó en su momento a gigantes del género como John Coltrane, Pharoah Sanders o el propio Shepp, cuyo rastros son detectables en la sonoridad del tenor de Hutchings.

Otra imagen promocional del grupo The Comet is Coming. Otra imagen promocional del grupo The Comet is Coming.

Otra imagen promocional del grupo The Comet is Coming. / Fabrice Bourgelle

Nueve meses después del aplaudido Trust In The Lifeforce Of The Deep Mistery llegó The Afterlife a finales de 2019. Un disco que, al quedar registrado en las mismas sesiones que su predecesor, pudo entenderse como pieza suplementaria del mismo aunque, en realidad, disfrutara de análogo peso ofreciendo una vertiente más reflexiva que concertaba belleza y tensión. Los componentes del grupo volvieron a vestirse aquí con sus nombres de guerra comenzando por un Hutchings convertido en King Shabaka. Un simbólico gesto en absoluto baladí que corona a este saxofonista con nombre de faraón y filósofo nubio, deseoso, no obstante, de compartir protagonismo con sus compañeros de aventura.

Así, todos los miembros del grupo participaron en un ámbito compositor al que volvió a sumarse la voz de un habitual colaborador, el poeta Joshua Idehen, en el inicial All That Matters Is The Moments y que prosiguió por una imprevisible ruta que tan pronto aludía a Alice Coltrane como guiñaba a Can para cerrar con el distinguido The Seven Planetary Heavens. Un canto a la filosofía de un universo aliado, de nuevo, con funk, reggae o electrónica a través de un intenso viaje cósmico, dedicado a Ras G, productor y cofundador del sello Brainfeeder, fallecido el pasado año. Oxígeno para el presente del jazz.

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