30 aniversario de Tiananmen Historia de una foto histórica

  • El fotoperiodista estadounidense Jeff Widener recuerda las circunstancias en las que logró tomar la famosa instantánea del 'hombre del tanque'.

La célebre fotografía del 'hombre del tanque', tomada en la Plaza de Tiananmen el 5 de junio de 1989. La célebre fotografía del 'hombre del tanque', tomada en la Plaza de Tiananmen el 5 de junio de 1989.

La célebre fotografía del 'hombre del tanque', tomada en la Plaza de Tiananmen el 5 de junio de 1989. / Jeff Widener

Jeff Widener, autor de la famosa fotografía del hombre del tanque tras la masacre de Tiananmen, cuenta que la imagen fue en realidad producto del azar, aunque reconoce "la influencia que ha tenido en la percepción que la gente tiene del mundo". "Muchos la consideran un icono. Yo la considero suerte. Estaba en el sitio equivocado en el momento justo", recuerda Widener, que en 1989 viajó a Pekín desde su puesto fijo en Bangkok para cubrir las protestas estudiantiles contra la corrupción y en demanda de una mayor apertura.

La imagen del hombre desarmado que se paró frente a una columna de tanques del Ejército chino -después de que ésta acabase con cientos o incluso miles de vidas- se convirtió "en una muestra de que las fotografías pueden ser muy poderosas", comenta el fotógrafo estadounidense justo 30 años después de tomar la instantánea.

Era la mañana del 5 de junio, cuando Widener logró subir, gracias a "la inestimable ayuda de un estudiante chino", al sexto piso del Hotel Beijing para tomar la simbólica fotografía a unos 200 metros de la plaza, ya entonces bajo el control de los militares. "Una foto así -opina-, tendría la misma repercusión hoy que hace 30 años", a pesar de que "ahora hay tanta gente tomando todo tipo de fotografías que acaba saturando. Vivimos en un constante bombardeo de imágenes que insensibiliza los sentidos", afirma.

"Prefieren la ficción a la realidad y alimentan las noticias falsas"

Respecto a hace tres décadas, el panorama mediático ha ido a peor en muchos aspectos, dice Widener, crítico con quienes "prefieren la ficción a la realidad y alimentan las noticias falsas". También lamenta que "los medios han fallado a esta profesión noble" al preferir "la cantidad a la calidad" y dejar de ser "neutrales". "Me enseñaron en la escuela que el periodismo es una profesión noble que debe ser neutral y objetiva. Los medios de comunicación de masas sólo favorecen sus propios intereses, no lo que es importante para el público. Han fallado, y eso es una vergüenza trágica", asegura.

El fotógrafo no parece muy amigo de los nuevos medios porque "hoy día miles de fotos pasan sin garantías, sin que se examinen bien y sin una edición estricta, porque el énfasis está en la cantidad por encima de la calidad", antes de añadir que "están despidiendo a los mejores editores del mundo para ahorrar".

A sus 62 años, el autor de la foto del hombre del tanque, por la que fue finalista de los premios Pulitzer en 1990, admite que ni en sus mejores sueños pensó que una instantánea suya pudiese provocar reacciones tan masivas. "La fotografía me cambió la vida y continúa inspirando a mucha gente. Excepto en China, donde sigue estando prohibida", recalca.

Jeff Widener, durante una conferencia sobre la foto del 'hombre del tanque'. Jeff Widener, durante una conferencia sobre la foto del 'hombre del tanque'.

Jeff Widener, durante una conferencia sobre la foto del 'hombre del tanque'. / Efe

Widener también opina sobre la polémica desatada en abril tras la publicación de un controvertido vídeo promocional de la fabricante alemana de cámaras Leica que recreaba las protestas de Tiananmen. El anuncio retrataba varios momentos de conflictos a través de las lentes de fotoperiodistas y provocó un acalorado debate en las redes sociales chinas. La firma alemana acabó distanciándose de él.

"Hoy día, China tiene sus manos metidas en todas partes", apunta Widener antes de declarar que sus fotografías "todavía ponen de los nervios al Gobierno" del país asiático. "Cuando publico en Instagram, recibo muchos comentarios negativos de funcionarios chinos, aunque también hay muchos positivos de gente que me apoya", indica.

Sobre aquellos días, Widener recuerda que recibió el encargo de la agencia Associated Press de cubrir las protestas como algo "increíble", aunque sintió "miedo" de que el desenlace se tornase fatídico. El californiano fotografió las encendidas discusiones de los estudiantes y tomó instantáneas de la estatua de la Diosa de la Democracia que se construyó sobre una estructura metálica revestida de poliestereno y papel maché.

Sensación de peligro

Pero, después de una semana, Widener empezó a tener la sensación de que algo malo iba a ocurrir. "Creo que la mayoría de los periodistas tienen un sexto sentido cuando el peligro se acerca", relata, sobre los días previos a la masacre. Recuerda a gente de a pie subida a los tanques dando proclamas megáfono en mano. "Aquello no iba a acabar bien. La noche del tercero de junio recibí el impacto de una piedra en mi cabeza, y temí mucho por mi vida -narra el fotoperiodista. Por suerte, la cámara absorbió el impactó y pude salvarme. Todo aquello parecía surrealista, nada me sorprendía ya", agrega.

Widener pensó entonces que lo mejor era retirarse, hasta que el día 5 por fin logró infiltrarse en el Hotel Beijing para retratar al hombre del tanque, "casi por error y pese a estar herido y enfermo", poco después del desalojo de la plaza.

"¿Qué se suponía que tenía que hacer el Gobierno chino? La situación estaba fuera de control, con miles de manifestantes que amenazaban con vandalismo. Los estudiantes tuvieron la oportunidad de obtener algunas concesiones menores, pero no estaban organizados. Creo que fueron demasiado lejos", comenta el fotógrafo.

"Además, el pueblo chino nunca antes había experimentado con conceptos como la libertad y no tenía experiencia con la diplomacia. No estoy justificando los asesinatos pero, en mi opinión, cañones de agua y gases lacrimógenos sólo hubieran empeorado la situación. Admiré el coraje de aquellos chinos, pero su falta de experiencia negociadora condenó sus sueños", concluye.

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