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Siria retorna al mapa

Siria ha abandonado la lista negra donde fue incluida por George Bush. Con la nueva Administración demócrata, Washington reactivó las relaciones con un Estado que ha permanecido ocho años aislado de la comunidad internacional. Hoy, la bandera del Líbano, Estado que Siria no reconocía porque lo consideraba parte de su territorio, ondea orgullosa en la embajada de Damasco, tras haber permanecido 65 años sin relaciones diplomáticas.

En junio George Mitchell, enviado especial norteamericano en la región, se entrevistó en la capital siria con el presidente de ese país, Bashar al Asad, después de haber afirmado que "no tenía sentido no hablar con la autoridades de Damasco".

Pero no sólo EEUU ha conseguido que Damasco vuelva a aparecer en el terreno de juego de las relaciones internacionales, sino que Francia también ha realizado una ardua labor al respeto. París ha sido siempre la potencia colonizadora y mandataria en el terreno. En el verano del año pasado, Sarkozy luchó para que Damasco ingresara en la Unión por el Mediterráneo.

¿Por qué a EEUU le interesa ahora mantener buenas relaciones con Damasco?

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño, profesor del Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante, afirma a este diario que "Obama considera que Siria es una potencia central en Oriente Próximo y que no se puede firmar la paz con Israel sin la colaboración de Siria". El problema es que la reactivación de amistades, por iniciativa del Gobierno estadounidense, suponen una serie de condiciones a Siria que plantean un gran número de incógnitas.

En primer lugar, EEUU exige a Siria que cese de respaldar a uno de sus aliados tradicionales: Irán. "Es muy difícil de conseguir, ya que Siria no dejará de cooperar con Irán y el grupo islamista de Hamas, establecido en Gaza, si a cambio Israel no abandona sus asentamientos en los territorios sirios de los Altos de Golán", afirma Álvarez-Ossorio.

Por otro lado, aunque Siria haya abandonado el Líbano,no va a dejar de brindar su apoyo al grupo islamista libanés de Hezbolá.

"Va a haber una mejora de relaciones, pero no un cambio radical. Seguramente se vuelva al diálogo existente durante la época de Bill Clinton", analiza Álvarez-Ossorio.

Con la UE, EEUU, y también con Arabia Saudí Damasco ha mejorado sus relaciones, dañadas desde que en 2005 fuera asesinado el ex presidente libanés Rafic Hariri, hombre protegido de la dinastía de los Saud ya que defendía sus interes económicos en Beirut. Las autoridades de Riad culparon sin duda al Gobierno sirio del asesinato, debido a su ocupación en el país.

Fue un momento muy tenso entre ambos países que se ha ido limando paulatinamente, sobre todo tras la retirada de las tropas sirias del Estado libanés ese mismo año, presionadas por la resolución 1.559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que también estipuló el desmantelamiento de las milicias libanesas, menos Hezbolá, considerada por muchos libaneses no como una guerrilla sino como el símbolo de la resistencia contra Israel. Una prueba de la mejora es la visita del presidente sirio Asad a Riad. Álvarez-Ossorio señala que las "relaciones entre ambos se restablecerán, pero nunca llegarán a ser lo que fueron en el pasado".

En cuanto a los lazos de Siria con el resto de los países árabes, afirma que Damasco siempre ha apostado por fortalecer vínculos con las potencias regionales, como Egipto y Arabia Saudí, en lugar de con sus países vecinos, Jordania e Iraq. Sadam Husein llegó al poder en el 79 a Iraq y no mantuvo relaciones con Damasco a pesar de que en ambos países controla la situación el mismo partido, el Baas. "En la actualidad, hay dos millones de refugiados iraquíes en Siria, por lo que Asad sabe que está forzado a negociar con Bagdad", comenta el experto.

Álvarez-Ossorio entiende que en los próximos años Siria volverá a la normalidad en la que vivió hasta el bloqueo impuesto por la Administración Bush, pero que sufrirá constantes altibajos.

Las tensiones pendulares de la política exterior de Damasco son el contraste entre sus ambiciones hegemónicas, ya que quiere consolidarse como la gran potencia de la zona, y el encajonamiento al que se ve sometida por sus países vecinos, Israel, Turquía e Iraq.

Pese a todas las dificultades, parece que Siria vuelve a aparecer en los mapas.

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