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Los franceses despiertan bruscamente del sueño Hollande

  • Las nuevas y duras medidas económicas anunciadas el pasado domingo por el presidente de la República le hacen caer de manera vertiginosa en las encuestas

La euforia de muchos franceses tras el triunfo socialista tuvo un abrupto final. En vez de mayores prestaciones sociales, el recientemente electo presidente François Hollande anunció duros recortes y aumentos de impuestos. Y el efecto en las encuestas no se hizo esperar: a cuatro meses de su asunción, el 47% de los franceses desaprueban la gestión del sucesor de Nicolas Sarkozy.

Hollande dejó en claro en su última aparición televisiva que mantendrá los planes de ajuste anunciados. En una entrevista realizada en la noche del domingo, el presidente anunció un nuevo aumento de los impuestos para lograr sanear las cuentas públicas en 2013. Sólo durante ese año, hogares y empresas deberán hacer un aporte extra al fisco de 10.000 millones de euros.

La medida implica que en el próximo año no se aplicará la prometida adecuación del impuesto a las ganancias a las tasas de inflación. Aunque se evalúa una excepción para aquellos con menores ingresos.

Pero las alzas a los impuestos no deberán esperar al 2013, ya que el presupuesto suplementario de este año resuelto por el nuevo Gobierno contempla ajustes. "Mi tarea es sanear el país", dijo Hollande, y pidió comprensión a los franceses. Para lograr equilibrar las cuentas necesitará dos años, explicó el presidente.

Los críticos apuntan que el problema no es el plazo mencionado por el presidente para lograr sus objetivos, sino cómo espera hacerlo. Y señalan que Hollande pasa por alto dificultades básicas como por ejemplo la falta de competitividad de empresas francesas. Un ranking de competitividad coloca al país en el puesto 29, 20 por detrás de Alemania.

"Quien realmente tiene valor, baja los impuestos", criticó el ex ministro de trabajo Xavier Bertrand, cercano a Sarkozy. Bertrand advirtió que los planes de Hollande provocarán mayor desempleo y menor crecimiento.

La tensión por los ajustes se refleja especialmente en la discusión sobre un impuesto del 75% para ingresos anuales mayores al millón de euros, en particular con el caso del multimillonario Bernard Arnault.

Arnault, de 63 años y dueño del conglomerado de productos de lujo Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), anunció que solicitará la ciudadanía belga.

La decisión del empresario generó indignación en Francia, pese a que aclaró que seguirá pagando impuestos en el país.

"¡Márchate, rico idiota!", tituló en portada el diario de izquierda Libération con una imagen del empresario.

"Una traición", lo calificó el legislador socialista Bruno le Roux.

En cambio, el diario conservador Le Figaro advirtió de las consecuencias de las medidas del Gobierno. "Entre los empresarios que cada día luchan por el desarrollo de sus empresas, que innovan, que abren nuevos mercados y crean trabajo, se ha generado un gran fastidio", criticó el periódico parisino. Y remarcó que si el Gobierno continúa aumentando impuestos a los ricos "contra toda lógica económica" no sólo se verán afectados los empresarios, sino también los empleos.

La única buena noticia para los empresarios es una prevista reducción de sus prestaciones sociales, que podría comenzar a regir a a partir del año que viene. Pero lo que es alivio para unos es también una mayor carga para muchos otros, ya que los menores ingresos al fisco serán financiados con un aumento de los impuestos a los ingresos de los ciudadanos.

"A partir de 2014 haremos todo lo posible para construir una sociedad más humana", dijo François Hollande.

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