Fátima Domínguez. Tripulante del 'Reto Pelayo Vida 2020' PELAYO VIDA 2020’ “Valoro la vida desde el minuto cero que supe que tenía el primer cáncer”

  • Esta gaditana, afincada en Chiclana, junto a otras cuatro mujeres con cáncer de mama, navega a vela por la península para dar visibilidad a su enfermedad

  • La Asociación 'Cádiz con El Cano’ premia mañana a la tripulación

Fátima Domínguez en el Clu Náutico de Cádiz poco días antes de iniciar la aventura desde Bilbao. Fátima Domínguez en el Clu Náutico de Cádiz poco días antes de iniciar la aventura desde Bilbao.

Fátima Domínguez en el Clu Náutico de Cádiz poco días antes de iniciar la aventura desde Bilbao. / Jesus de Sobrino

Fátima Domínguez (Jerez 1964 y afincada en Chiclana)) ha iniciado una travesía a vela alrededor de la Península Ibérica, uniendo los puertos de Bilbao y Barcelona. Le acompañan otras cuatro tripulantes, mujeres supervivientes de cáncer, al mando de Ángela Pumariega, campeona olímpica de vela en Londres 2012. Navegarán a bordo de un velero de la Regata Vuelta al Mundo. Es el Reto Pelayo Vida 2020. 1.530 millas náuticas a lo largo del mar Cantábrico, océano Atlántico y mar Mediterráneo. La Asociación ‘Cádiz con Elcano’ premia mañana sábado este proyecto RetoPelayoVida, a las 20:00 horas, en el salón de actos del Real Club Náutico.

–Una no, dos veces cáncer. Riñón y mama.

–La primera vez, en 2004, no me di cuenta de que tenía cáncer hasta que me ingresaron. Estaba trabajando en un proyecto de restauración y pensé que era de todo menos un tumor. Ocupaba el riñón entero. Estuve un mes hospitalizada en el hospital clínico de Puerto Real. El que de verdad lo pasó fatal fue mi marido, José María. El cáncer fue muy agresivo y solo recuerdo que me moría. Estuve en un estado realmente crítico. Ya tenía un hijo de dos añitos.

-–¿Qué hacía por entonces?

–Tenía mi empresa de restauración y conservación de patrimonio. Estábamos restaurando la capilla del Castillo de Santa Catalina, en Cádiz. Me llamaron para decirme que tenía que ingresar, y yo contesté que mejor otro día, que había que entregar unas pinturas. Evidentemente, tuve que cambiar mis prioridades. En esa época también regateaba y entrenaba con el equipo de la Federación Andaluza de Vela.

–Y a los ocho años viene el segundo, cáncer de mama.

–Empezó con un dolor intenso en una mama. Al cabo de unas semanas y consultas con dos oncólogos me confirmaron el nuevo cáncer. Me operaron en Cádiz, en una unidad de mama excelente. Este tumor también era grandísimo, parece que todo lo hago así (sonríe). La quimio posterior fue durísima, horrible.

–¿Cómo se afrontan esas situaciones?

–Siempre digo que no me he permitido el lujo de tener depresión. Hay un proceso mental que tienes que gestionar. Se involucra toda la familia. Lo pasas fatal físicamente, pero te repones para seguir la rutina: vestir a los niños para el cole… y hacer lo posible para que a la vuelta me encontraran preparada para la merienda.

–¿Y el deporte de competición?

–Me desmotivó practicar deporte si detrás no podía competir al máximo. Gradualmente dejé el windsurf, pero llegaron otras recompensas, como navegar en nuestro barco en familia, desde su base de Sancti Petri. Y durante los dos procesos de recuperación me ayudó mucho jugar al golf con mi grupo de amigas.

–¿Qué fue lo peor?

–Bueno, ahora se ve todo con la perspectiva del tiempo. Recuerdo que llevaba fatal la pérdida total de pelo. Respecto a la mama, en mi caso fueron seis operaciones de reconstrucción. Me empeñé. Ahora bromeo diciendo que, sí o sí, me tenía que hacer fotos en top-less en la playa. Personalmente, creo que la reconstrucción es muy importante para la mujer.

–¿Valora la cosas sencillas cuando pasas por una experiencia así?

–Valoro la vida desde el minuto cero que supe que tenía el primer cáncer. Allí estaba de pie, frente a las pinturas murales que estábamos restaurando, que pensé eran lo mas importante. Las terminamos, pero poniendo otras prioridades por delante. Pero lo que realmente te hace pensar es ver como compañeros tuyos del hospital, con los que hice amistad, no superaban el cáncer y morían.

–¿Sientes estar en una ruleta rusa?

– Eran personas que habían superado la enfermedad, y al poco tiempo te enterabas de una recaída, de su fallecimiento. Hubo una época en que empecé a dejar cosas por escrito, muchas, hasta cartas a mis hijos para cuando cumplieran los 18, terminaran las carreras, se casaran… Y un montón de encargos a mis amigas, especialmente dirigidas al cuidado de Jimena, mi hija pequeña.

–¿Por qué embarca ahora en el Reto Pelayo Vida?

–Venía siguiendo las ediciones anteriores mientras estaba luchando contra el cáncer. Conseguí el contacto de Eric Frattini, creador de la iniciativa, e insistí, especialmente cuando supe que el de este año era a vela. No puedo esperar a estar embarcada en un VOR 70, un barco extremo para competir en regatas oceánicas. Participar es tener la posibilidad de demostrar que el cáncer puede curarse, que hay que ser capaz de pelearlo por una misma y por las personas a las que queremos y por las que se fueron.

–¿Y siente de nuevo el estímulo extra como cuando empezó en el circuito mundial de funboard a finales de los 80?

–Nunca he dejado de ser deportista. Ni de pensar como tal. Mis hijos no vivieron esta etapa mía, la conocen por fotos y reportajes, y en cierta manera esta experiencia me conecta con mi pasado competitivo.

–Entonces fue una pionera.

–Y ahora me espera una experiencia única en un barco extremo. Estoy deseando verme en una planeada a 20 nudos. Y sueño con entrar en la Bahía de Cádiz.

–¿Cómo ve la situación generada por la pandemia del Covid?

–A veces me resulta surrealista ver las noticias, comprobar cómo se ha transformado todo. Como historiadora del arte, te das cuenta que a lo largo de la humanidad ha habido situaciones parecidas, que se reflejan en el arte. Cuando hubo epidemias de peste, coinciden pinturas tétricas, oscuras. Espero que esta etapa no sea así.

–¿Eres feminista?

–Recientemente hablaba como una chica muy feminista y que además presume de feminista. Yo le decía que el feminismo es cuestión de los moldes y esquemas que tú vayas rompiendo. Se hace camino al andar. No tengo que ponerme una medalla para ser feminista. La realidad es que, poco a poco, como en una ceñida a vela, las mujeres hemos ido ganando el terreno que nos corresponde.

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