Carlota Armillas | entrevista "Hubiera ido a Cambridge aun sin esta beca"

  • La joven portuense es la única española premiada por la Gates Cambridge Trust en esta década 

  • "Vivimos una fuga de cerebros: tenemos un sistema que no valora lo que tiene"

Carlota Armillas comenzará en septiembre el máster financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates. Carlota Armillas comenzará en septiembre el máster financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates.

Carlota Armillas comenzará en septiembre el máster financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates. / Andrés Mora

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PUES claro que es lista pero, sobre todo, resalta su juventud. Quedamos en el parque de La Victoria de El Puerto para las fotos y se preocupa: “Esto, ¿cómo va?”. “Luego tengo una entrevista con la radio... “ Le resulta todo muy extraño porque ella se calló la concesión de “la beca Bill Gates” (Gates Cambridge Scholarship), la beca que otorga la Universidad de Cambridge, financiada por la Fundación de Bill y Melinda Gates, que le permitirá completar su formación en Cambridge: fueron sus amigos los que empezaron a mover la noticia.

–A ver, cuénteme. ¿Fue siempre alumna de brillante expediente, de estudiar a última hora...?

–Siempre fui niña de buen expediente, y estudié siempre en el mismo sitio, en Safa San Luis, hasta bachillerato. Creo que los profesores vieron desde el principio que tenía potencial, pero nunca me hicieron sentir “especial” ni aislada de los demás. Y, desde luego, yo no me lo sentía. A la hora de jugar, o de relacionarme, creo que era una más. Sí que me salté un curso:no hice primero de Primaria pero, por lo demás, todo dentro de lo normal.

–Las carreras técnicas siguen teniendo una minoría de estudiantes mujeres, ¿quién le animó?

–Mi madre es informática, que pienso que tiene que influir de alguna forma, y siempre he encontrado la tecnología muy interesante... De pequeña estaba siempre “inventado” cosas, probando cosas distintas o viendo cómo podían montarse o funcionar. En algún momento, a mi madre le dio por comprar biografías de científicos o algo así, y había una de Edison... y me encantó. No sólo por todo lo que puso en marcha, que para mí era fascinante, sino también por ese lado social que él decía, de contribuir a mejorar la vida de la gente. Claro, ¿qué quieres ser?, me preguntaban, y yo decía:“Inventora”, aunque no supiera qué había que estudiar para eso, ni que terminaría haciendo Diseño Industrial. Muy importante fue el apoyo de mi madre:“¿Que quieres ser inventora?Pues por supuesto que puedes serlo, ¿por qué no?”. Siempre me ha motivado.

–¿En qué sentido?

–Siempre me ha dicho que tenía que rendir a tope, lo máximo, que tenía que aprovechar estos años, que yo no me daba cuenta pero que eran definitivos. Lo cierto es que, para mí, mi madre ha sido siempre una sabia.

–Y, ¿cómo surgió lo de solicitar la beca? Sabiendo que tenía una bolsa tan limitada.

–Pues al plantearme qué hacer al terminar la carrera, me decidí por el máster. Tenía claro que quería hacer algo relacionado con el desarrollo sostenible y el ecodiseño. Había uno perfecto sobre soluciones dentro de la sostenibilidad. El problema es que era en Cambridge: lo primero que hicieron fue decirme que tenía que hacerme con 24.000 euros para los gastos de matrícula y el alojamiento. Así que, bueno, me puse a trabajar y solicité el máster. Eché cuatro becas completas y todo lo que me permitía pedir la estancia. En noviembre, fue lo del premio WONNOW que es un premio de mucho prestigio y ayudaba bastante al perfil. Y en marzo ya sabía que me habían dado la Gates Cambridge Scholarship: de hecho, me lo comunicaron en plena graduación. No sólo es la mejor de las becas porque pague la estancia, sino que reúne a una comunidad internacional de estudiantes de muy alto nivel, que están haciendo cosas muy interesantes. Para mí, esto es una oportunidad de crecer más allá de lo que hubiera imaginado.

–¿Hubiera ido a Cambridge aun sin la beca?

–Por supuesto. Hubiera ido fuera como fuera, aunque me hubiera supuesto meterme en un préstamo horrible:parece mentira que, después de todo, sean universidades públicas. Pero es tan complicado conseguir que te admitan que no me hubiera podido permitir decir que no.

–Tanto sus intereses como el proyecto del máster tratan el tema de la sostenibilidad y el desarrollo. Ante un concepto tan abstracto como cambiar el mundo pocos piensan en “ingeniería”. Pero es fundamental.

–Todos sabemos que una de las cosas más contaminantes es la industria. Creo que no poner todo nuestro esfuerzo en cuidar el planeta es uno de nuestros principales pecados. Podríamos vivir auténticas revoluciones con algo tan simple como cambiar ciertos materiales;o el tema de la energía, la fabricación de recursos a partir de los desechos de los vertederos: hay muchísima energía potencial en esos enormes vertederos de África, que no se aprovecha. Oel tema de las islas de plástico... Todo eso contribuye al calentamiento global, y la desigualdad social va de la mano.

"No esforzarnos en cuidar el planeta es uno de nuestros principales pecados"

–¿Hay algún ejemplo de estos proyectos que le haya llamado especialmente la atención?

–Pues el casco para bicicleta hecho de cartón, con estructura de panel de abeja y un proceso de fabricación súper simple, que ganó el último premio James Dyson a la innovación. Ouna máquina especial que han diseñado para intentar limpiar la isla de plásticos del Pacífico, o una red especial para evitar pescar inmaduros...

–¿Qué opina de las donaciones millonarias? Estos días, además, se está hablando mucho de la de Amancio Ortega.

–Pues yo creo que es un gesto: si ese dinero está ahí y se puede dedicar a investigación, pues mejor que se invierta ahí que en un yate. En el sistema básico de investigación en España hacen falta muchos recursos: el contrato doctoral más habitual ronda los mil euros. En Estados Unidos, en general, se investiga con donaciones de empresas.

–¿Cree que abandonan muchos investigadores a causa de la precariedad?

–Yo creo que a los investigadores les gusta tanto lo que hacen que no pueden hacer otra cosa.

–¿Y respecto a la fuga de cerebros?

–No sabemos aprovechar todo el talento que tenemos, todo lo que hemos invertido como sociedad en educación: una vez terminas, te ofrecen unas prácticas y, con suerte, te pagan.En Alemania, te pagan el doble:sí, el nivel de vida es mayor, pero aun así, es más. Te vas. Muchos de mis compañeros se han ido a Reino Unido o Alemania: claro que estamos viviendo una fuga de cerebros, pero es que tenemos un sistema que parece no valorar lo que se tiene. De hecho, cuando yo me planteé el doctorado, me dijeron que lo mismo, a la hora de trabajar, consideraban que tenía un perfil demasiado investigador. Si te vas fuera, de hecho, el doctorado supone automáticamente otra consideración a nivel laboral: te quieren contratar y dar una posición de responsabilidad.

–Un dato curioso respecto a mujer y ciencia es el que señala que la asociación masculina con los inventos, el laboratorio... comienza muy pronto en las niñas, a los seis o siete años.

–Sí, soy voluntaria en el taller Inspira Steam, que trabaja con niñas cuestiones como esta. Muchas se ven capaces de hacer muchas cosas, en teoría:te dicen que quieren ser astrónomas, por ejemplo, aunque es verdad que pocas decían “científica”. Pero luego, al definir presidenta, se iban al masculino, porque lo entendían mejor. Lo mismo hasta les sonaba la cara de Ángela Merkel, pero no lo asociaban. Hay cosas que ven que son más de niños, la tecnología más que la ciencia. Me impresionó mucho una niña a la que su madre había dicho que no podía ser criminóloga, por ejemplo, porque no era “tan fuerte como un hombre”.

"Sin la evolución de la sociedad, los cambios son muy difíciles"

–¿Qué opina de la política de cuotas?

–Pues creo que hay que contratar a la gente por su valía. Si tengo que escoger a un equipo y hay ocho mujeres fantásticas y sólo dos hombres, pues estupendo. Si es al revés, también. Hay que ver a las personas.

–¿Tiene perspectiva de volver?

–Ni idea: depende de las oportunidades que me surjan.

–En el tema del desarrollo sostenible, ¿cómo pasar de lo utópico a lo práctico? ¿Cómo hacer que un buen diseño, una buena idea, venza las resistencias y llegue a introducirse?

–Ese es uno de los temas que trata el ecodiseño:da igual lo sostenible que sea lo que desarrolles si no te las ingenias para que llegue al máximo de público posible. Si haces una bolsa que se disuelve en agua, por ejemplo, y es mucho más cara que la convencional no va a servir de nada:tienes que ingeniar algo que sea lo más barato posible. Algo parecido sucede si no piensas cómo o dónde se va a fabricar. En este sentido, sin la evolución de la sociedad, los cambios son muy difíciles: por ejemplo, cada vez más somos conscientes del tema de la comida, preferimos productos eco o de cercanía. Pero el impacto está en todo lo que compramos, en la economía: pocas veces pensamos en la ropa, por ejemplo.

–Con un expediente como el suyo, le habrán dicho muchísimas veces que es inteligente. ¿Qué es, para usted, la inteligencia?

–Puedes tener capacidad de aprender cosas rápido pero si no hay esfuerzo, no hay nada que hacer. Creo que una persona inteligente es la que es capaz de aprovechar su capacidad. Hay mucha gente lista que luego no ha conseguido una meta acorde al que era su potencial. Se dice mucho pero es verdad que, si no hay esfuerzo, no llegas.

–Y, ¿cómo cree que vamos de autoestima como sociedad?

–Pues creo que tenemos mucho potencial pero que, en muchos casos, no somos consciente de ello. Es frecuente escuchar a mucha gente de mi edad y más joven decir: “Pero de qué me va a servir eso aquí”. Creo que si fuéramos conscientes de lo que podemos lograr, podríamos avanzar mucho más con un poco de voluntad.

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