Provincia de Cádiz

Periodistas y vecinos que se preguntan mutuamente

Ayer por la mañana, y ya superado el mediodía, el algecireño barrio de La Bajadilla todavía se encontraba agitado, como el jueves por la noche y por la madrugada. Más concretamente en la propia calle Huesca y cercanas se reunían algunos vecinos para otear lo que pudiera ocurrir y hablar de lo ya sucedido.

Era normal que no se hubiera recuperado la normalidad. La puerta del número 11 -una vieja casa con dos plantas y azotea techada con chapa de uralita- continuaba precintada y un coche de la Policía Nacional y dos agentes la vigilaban. Y periodistas de todas las cadenas de televisión buscaban un testimonio certero de qué fue lo que pasó.

No pocos residentes vieron o conocían lo que sobrevino después. Los gritos de la madre pidiendo auxilio alertaron al vecindario. La pregunta que todos se hacían giraba en torno a lo de antes, a qué pudo provocar la muerte de los chiquillos. Periodistas le preguntaban a los vecinos y éstos a los periodistas.

Los vecinos, incluso los de la propia calle Huesca, cuentan, en general, que sabían de la familia, pero que no la conocían bien. Algunas personas preferían no hablar. Una residente se disculpaba diciendo que ya se había tomado "dos pastillas" para tranquilizarse y que no quería volver a darle vueltas al asunto.

De tanto en tanto la gente se asoma a las puertas para verificar que la escena continúa. Una patrulla policial viene a dar el relevo a la que ha estado las últimas horas. En la casa del suceso las ventanas de la segunda planta se encuentran abiertas. En la azotea hay ropa tendida.

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