Provincia de Cádiz

"Quiero saber si vive o no porque esto genera mucho sufrimiento"

  • Un gaditano afincado en Granada vuelve a Cádiz para poner una denuncia en Fiscalía de supuesto bebé robado, su hijo, nacido en el Perpetuo Socorro y trasladado al Mora

Él siempre creyó que había algo extraño detrás del fallecimiento de su tercer hijo, un niño que su compañera, una mujer estadounidense, dio a luz en 1984 en la clínica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Cádiz. José María Ortiz Perea, nacido en Tarifa y en aquella época residente en Rota, hace años que vive en Granada, desde que se separó de su pareja. Pero no por eso ha olvidado aquello. Y no por eso ha dejado de buscar, si no a su hijo, la verdad, como ha podido, llegando a mandar cartas a la clínica en la que su compañera dio a luz, y exigiendo unas explicaciones que, 27 años después, no ha recibido. Por eso, recopilada ya toda la documentación posible, ha viajado hasta Cádiz para interponer una denuncia en Fiscalía de un nuevo caso de supuesto bebé robado.

La denuncia la interpuso el lunes. Un breve escrito, acompañado de numerosa documentación, en el que muestra su convencimiento de que "mi hijo pudo ser cambiado por otro ya muerto". Y ayer, martes, antes de regresar para Granada, habló con este periódico. Sabe que su caso es complicado, pero no por ello renuncia a encontrar, en las administraciones implicadas, "personas que quieran hacer de verdad la práctica de la justicia".

La historia que vivieron él y su compañera fue terrible. Ella ingresó en el Perpetuo Socorro. Hubo que dormirla. Y a él le dijeron que aquello iba para largo. Era el 24 de julio de 1984. "Una enfermera me dijo que esas cosas siempre tardaban, que me fuera si tenía algo que hacer, y volviera más tarde". Y eso fue lo que hizo, y ese cree que fue su gran error: alejarse de su mujer. Tenían otros dos hijos, que habían dejado con una hermana de él en Puerto Real, para el alumbramiento. Así que fue a verlos, regresando poco mas de dos horas después. Y ahí comenzó todo. "Al volver a la clínica, me encontré a un señor, vestido de médico, esperándome en el corredor, y al lado suya, una pequeña vitrina de cristal, con un niño desnudo", recuerda aún extrañado e indignado a partes iguales. Porque el médico le dijo que el pequeño tenía graves problemas de respiración, y que había que trasladarlo al hospital de Mora. Pero, apunta, "yo no vi que tuviera puesto ningún tubo ni nada, y era muy raro que estuviera allí, esperando a que yo llegara, en vez de estar atendiendo al niño si tan grave era". José María fue a avisar a su pareja, que estaba aún adormilada, saliendo de la anestesia. Y en ese intervalo, al pequeño se lo llevaron al Mora. Y así estuvo él, del Mora al Perpetuo Socorro, interesándose por el bebé y atendiendo a su compañera, hasta que, 26 horas después de nacer, le dijeron que el niño había muerto. Y entonces, ocurrió otra cosa que también avivó sus sospechas. "Me propusieron que no registrara al niño, que ellos decían que era un feto que había nacido muerto y así no tenía que hacerme cargo del entierro". Él se negó. Pidió verlo, y, según denuncia, "un señor mayor que supuestamente era el forense cerró la caja con suma violencia, diciéndome que si se abría era bajo mi responsabilidad, que un gato podría entrar por la ventana y morder el cuerpo".

Los restos oficialmente de su hijo fueron enterrados en el cementerio de San José, en un nicho. Hace poco se ha enterado que no están allí. Que en 1999, aunque él asegura que habían dejado sus datos en el camposanto, para que los localizaran, los restos fueron exhumados y trasladados al cementerio mancomunado de Chiclana. Primero, a un nicho, y en 2006, a la fosa común sobre la que se erigió el monumento en memoria de los enterrados en San José, la pirámide. Desde el cementerio ya le han comunicado, según consta en una carta que le han remitido, que "no es posible la localización y exhumación de ningún resto", por tratarse de una fosa común en la que fueron depositados sin identificación alguna, bajo "sucesivos sellados de cemento".

Pero él cree que no es imposible. Que la tecnología ha avanzado mucho. Y que sólo hace falta tener voluntad y ganas de saber la verdad. "Yo quiero saber si mi hijo vive o no porque esto genera mucho sufrimiento. Saber la verdad daría mucha tranquilidad". A él y al resto de las familias denunciantes.

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