Antonio Cepero | Alcalde de Benalup-Casas Viejas “Hemos recuperado a gente que no votó al PSOE por la fobia que le tenían a Cabaña”

  • Cepero anuncia el inicio de una nueva etapa en Benalup con un gobierno "que da sensación de frescura, que trabaja en equipo, que es más municipalista y que escucha más a la gente"

  • "Deberíamos llevarle la contraria a nuestro partido más a menudo. Nos debemos antes a nuestro pueblo"

  • "Lo que hace falta es inversión en empleo y formación. El joven no tiene una alternativa seria para asentarse aquí"

A la Alcaldía sin haber sido jamás concejal. Así se resume la trayectoria política del nuevo regidor de Benalup-Casas Viejas, Antonio Cepero, que, eso sí, suma ya dos décadas como militante del PSOE. Su puesto de funcionario del Ayuntamiento benalupense era un freno muy importante que le impedía entrar en una lista electoral porque su empleo era incompatible con el puesto de concejal. Pero este año, y ante la vacante que había al frente de la lista del PSOE de Benalup, sopesó los pros y los contra y decidió dar el paso adelante. Y ello trajo tres consecuencias: que el Partido Socialista volvió a ganar en esta localidad jandeña manteniendo sus seis concejales, que Cepero es alcalde gracias a un pacto con IU, y que en Benalup, dice, se ha iniciado una nueva etapa ya sin Francisco González Cabaña ni Amalia Romero como referentes.

–Acaba de cumplir 100 días como alcalde de Benalup-Casas Viejas. ¿Cuáles son sus sensaciones?

–No quiero parecer exultante pero mis sensaciones son buenas porque la gente por la calle nos dice que todo está bien. Pero, claro, a lo mejor es que a quien está gobernando no le suelen decir la verdad. En cualquier caso, yo lo que quiero que se visualice, y creo que lo estamos logrando, es que en Benalup ha habido un cambio. No me gusta la palabra ruptura, pero sí ha habido un cambio después de un periodo muy largo de gobernabilidad de dos figuras como Amalia Romero y, sobre todo, Paco Cabaña. Ahora en el gobierno municipal hay sensación de frescura porque de los seis concejales del PSOE, dos somos nuevos y los otros cuatro están en el Ayuntamiento solamente desde 2015. Antes estaba todo más personalizado y ahora somos más un equipo. Y antes Cabaña tenía muchísimos cargos, el hombre no se podía dividir y no estaba tanto en la calle. Eso también ha cambiado porque yo soy de aquí, vivo aquí y estoy en la calle con un contacto más fluido con la gente. Y eso es algo que requerían los vecinos.

–Desde fuera da la sensación de que la sociedad de Benalup está muy dividida entre los pro PSOE y los anti PSOE. ¿Es así?

–El problema no es el PSOE. El tema era Paco Cabaña, para lo bueno y para lo malo. En sus mejores años, cuando tenía el 80% de los votos, él tenía el apoyo de gente de izquierdas, de derechas y de centro. Pero luego, y debido al desgaste, fue perdiendo apoyos y al final tenía mucha gente fiel y mucha gente que ya eran enemigos suyos.

–¿Se siente usted heredero de Cabaña? ¿Qué influencia tiene él en el gobierno actual?

–En precampaña y en campaña mis adversarios me atacaban diciendo que era la marioneta de Cabaña. Me planteé entonces que mi primer objetivo era quitarme esa sombra. Lo hablé con él y me dijo que siempre iba a estar ahí para lo que necesitara pero que no iba a volver al Ayuntamiento. Yo le agradezco su disponibilidad porque es un activo del partido en Benalup y en la provincia. Pero ya no me considero su heredero. Esto ha cambiado, él no tiene ningún tipo de influencia en el equipo de gobierno y en el pueblo hemos recuperado a gente que quería votar al PSOE pero que no lo hacía por la fobia que le tenían a Cabaña.

–¿Se pensó mucho lo de dar el paso para ser el candidato del PSOE a la Alcaldía?

–Nunca he tenido ganas de ser protagonista y siempre he preferido defender mis ideales en el partido antes que en las instituciones. Pero en el fondo sabía que éste podía ser mi momento, que era un tren que si lo dejaba pasar ya no volvería. El partido vio que era el momento del cambio, que había un desgaste y que si íbamos a la oposición podíamos tardar mucho en recuperar el poder. Así que me lo pensé, lo hablé con mi mujer y decidí dar el paso adelante sabiendo que era un riesgo, porque si no era alcalde tendría que volver a mi puesto de trabajo con unos jefes a los que me habría enfrentado en unas elecciones.

–¿Por qué se decidió a cerrar un pacto de gobierno con IU? ¿No pensó en gobernar en minoría? ¿Tanto miedo tenía a un acuerdo a tres bandas entre PP, AxSí e IU?

–Es que teníamos la experiencia de los cuatro años anteriores, con un gobierno, el de Amalia Romero, en minoría. Fueron cuatro años muy duros. Y nos inclinamos por el pacto porque tanto el PP como AxSí intentaron por activa y por pasiva al acuerdo a tres bandas con IU para echarnos. IU jugó bien sus cartas, porque se dejó querer hasta el final, pero yo sabía desde el principio que ese acuerdo a tres era muy difícil que saliera, porque era un pacto antinatura. Yo conozco a gente de IU que es muy congruente con sus ideas y que no hubiera aceptado de ningún modo ese acuerdo con la derecha. Además, en los últimos cuatro años el PP e IU habían chocado muchas veces en la oposición, tirándose incluso los trastos a la cabeza.

–¿Y cómo va el pacto?

–La coalición de gobierno, que es como prefiere IU que se le llame, va de lujo. La concejala de IU (María José Grimaldi) está implicada en el gobierno como una más y todos estamos centrados en nuestras competencias. También es muy importante el apoyo de su partido. Antes la crítica anti PSOE venía de la derecha, de los reticentes con Cabaña y de IU. Ahora en IU no hay una crítica destructiva.

–¿Se puede afirmar que el gobierno municipal de Benalup es ahora más rojo?

–El gobierno de Benalup siempre ha sido rojo. Nunca ha estado mezclado con algo azul o verde. En la coalición IU puso sobre la mesa una serie de medidas que aceptamos porque eran muy parecidas a las que defendíamos nosotros.

–¿Cómo se lleva eso de tener al frente de AxSí a un histórico del PSOE como Manolo Moguel?

–Siempre he dicho que aplaudo que cualquier persona se presente a unas elecciones pero creo que en este caso Moguel lo ha hecho por razones personales y no por motivos políticos. Él siempre ha sido amigo mío y yo entré en el PSOE de su mano. Fue concejal socialista durante 16 años pero intentó destacar, empezó un toma y daca con la dirección del partido y en 2015 se quedó fuera de la lista. Ahí empezó su guerra particular contra Cabaña y Amalia. Cuando le trasladé que yo iba a ser el candidato del PSOE, primero me dijo que él no movería un dedo porque me consideraba su hermano, y al poco tiempo salió con que iba a montar un partido independiente y después nos encontramos con que era el candidato de AxSí. Todo me pareció muy sorprendente pero no hay problemas personales entre nosotros porque yo le aprecio y él me conoce y sabe que puedo funcionar como alcalde. Además, sabe mucho de política. Las relaciones entre nosotros no son las mismas, pero hay fluidez.

–¿Cuál es su prioridad para estos cuatro años?

–La prioridad es generar riqueza para Benalup fuera de lo que tradicionalmente estamos generando, que es la mano de obra de la construcción. Tenemos que buscar alternativas antes de que vuelva otra crisis del ladrillo. Porque la crisis de 2011 fue tremenda y aquí sufrimos todas las miserias del mundo. Y en clave de gobierno, la prioridad en esta etapa nueva e ilusionante es escuchar a todo el mundo, como ya estamos haciendo, y dejar de mirarlo todo con el prisma del partido. Tenemos que ser más municipalistas.

–Explíqueme eso. ¿Quiere decir que hay que llevarle la contraria a su partido más a menudo?

–Deberíamos llevarle la contraria al partido más a menudo. Por ejemplo, en Paterna salieron a la calle para pedir el arreglo de la carretera a Medina y aquí no lo hicimos con la carretera del Castaño porque la Junta era entonces socialista. Ese tipo de cosas nos ha perjudicado. Yo sé que estamos aquí porque nos ha puesto el partido, pero nos debemos antes a la gente y a nuestro pueblo.

–¿Cuáles son las principales carencias que tiene Benalup en infraestructuras y servicios?

–En infraestructuras nuestro gran problema está en la carretera del Castaño, los 22 kilómetros que conectan el pueblo con la autovía Jerez-Los Barrios y que está en un estado lamentable, peor incluso que la Paterna-Medina. La Junta empezó las obras en los cuatro kilómetros que estaban menos mal, pero queda lo peor y, además, esta obra ya no está en los nuevos presupuestos. Y en cuanto a los servicios, siempre se ha dicho que Benalup los tiene todos, aunque pequeños. Tenemos cubiertos los servicios educativos y sanitarios, contamos con un teatro que aunque es pequeño es ya una referencia, hay zonas deportivas, estamos construyendo el segundo pabellón... Todo es mejorable, evidentemente, pero creo que para un pueblo de 7.000 habitantes tenemos de todo. Ahora lo que hace falta es inversión en empleo y en formación. No queremos que el joven de Benalup vuelva a la construcción, porque es un joven formado, pero ahora tiene que salir del pueblo porque aquí no tiene ninguna alternativa seria para poder asentarse.

–El sector de la construcción siempre ha tirado del empleo en Benalup. ¿Cómo está ahora?

–El sector de la construcción remontó muy bien después de la crisis y ahora se está manteniendo. De momento no hay temor a una recesión. Lo que sí hay es miedo al Brexit, porque hay muchos benalupenses trabajando en Gibraltar y si hay Brexit duro y se endurece la entrada en el Peñón, pude haber despidos. También hay gente que dice que no pasa nada, que en la Costa del Sol sigue habiendo trabajo en la construcción, pero, claro, eso queda más lejos.

–Se detecta cierto repunte del sector turístico en Benalup con la reapertura del hotel Fairplay, los conciertos que ha habido este verano, la Noche de la Historia... ¿Va por ahí el desarrollo futuro?

–En materia turística estamos empezando a pelear con el resto. Estamos saliendo del letargo y todo lo que consigamos es bueno. La programación de verano ha sido impresionante pero falta que todas esas actividades se consoliden en el tiempo para que puedan crear empleo. Por ahora el turismo no es una alternativa estable. Para generar riqueza la clave está en explotar nuestros recursos naturales. Tenemos un campo y un entorno envidiable y lo que tenemos que hacer es buscar ese turismo activo y natural. Lo que hay ahora, que es lo del Celemín y lo de otra explotación, no genera mucho empleo. Por eso nos tenemos que poner las pilas todos, el Ayuntamiento y las empresas privadas.

–¿La ruta de los sucesos de Casas Viejas está trayendo a mucha gente a Benalup?

–Sí, viene gente, pero lo que ocurre es que es un público muy peculiar, muy estudioso. Además, esa ruta no puede enfocarse nunca de un modo festivo porque fue un episodio muy trágico.

–Siempre me ha sorprendido lo pequeño que es el término municipal de Benalup. Que Los Badalejos o Malcocinado, que están ahí al lado, pertenezcan a Medina Sidonia es curioso. ¿Benalup tiene pensado a medio o a largo plazo pelear en los tribunales por ampliar su término municipal?

–Lo de Los Badalejos y Malcocinado es cierto, y además son dos núcleos a los que nosotros, desde Benalup, asistimos en materia educativa y sanitaria. Pelear por la ampliación del término municipal es muy complicado, porque el Tribunal Supremo ya se pronunció en su día. Y además creo que la decisión que se adoptó fue la más adecuada porque lo que nos rodea son muchos latifundios. Lo de nuestra independencia fue como aquel joven que se quiere ir de casa y tiene dos opciones: o volar pronto al nido más pequeño que encuentre o esperar a crecer para tener luego un sitio mejor. Nosotros nos decantamos por la primer opción y creo que acertamos. Pese al handicap de nuestras hectáreas, hemos crecido en servicios e infraestructuras y contamos con una autonomía plena.

–Da la impresión de que el auge demográfico se ha frenado.

–Ahora estamos creciendo poco pero vamos muy bien en comparación con otras localidades del entorno. Por ejemplo, ya tenemos 1.500 habitantes más que Alcalá de los Gazules, cuando no hace mucho estábamos muy parejos. Benalup no ha alcanzado aún su techo demográfico. Es un lugar ideal en segunda línea costera para asentarse.

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