La guerra comercial de Trump "Estamos con las carnes abiertas"

  • Sólo en Setenil el aceite mueve unos seis millones de euros y su cooperativa El Agro tiene la mitad de su negocio en Estados Unidos

El gerente de El Agro posa con una de sus garrafas de aceite de la Sierra El gerente de El Agro posa con una de sus garrafas de aceite de la Sierra

El gerente de El Agro posa con una de sus garrafas de aceite de la Sierra / Ramón Aguilar

Los olivareros de la Sierra de Cádiz tienen poco que ver con la guerra entre Airbus y Boeing, pero ayer se desayunaron con un jarro de agua fría al enterarse de que Estados Unidos impondrá aranceles a productos importados como el aceite de oliva, el queso, el vino o los productos porcinos de origen español, británico o alemán, una consecuencia derivada de la guerra comercial que mantiene con Europa por la industria aeronáutica. “Desde que nos hemos enterado de la noticia, se nos han abierto las carnes por lo que puede acarrear para Setenil”, dice en tono agobiado Juan Sánchez, el gerente de la cooperativa El Agro, de esta localidad serrana, que da cobertura a 650 agricultores en activo.

Y es que la decisión de Donald Trump de gravar a partir de mediados de octubre con un 25% el aceite de oliva importado de España traerá consecuencias importantes para el sector del olivar de montaña de la Sierra. Por ejemplo, es el caso de la cooperativa de Setenil que vende, a través de un importante cliente, más de la mitad de su producción anual a Estados Unidos y teme que los aranceles frenen el consumo allí por la obligada repercusión en los precios que esto supondrá.

“Importamos indirectamente a través de un cliente, que nos compra el aceite y lo vende allí con su marca. Los aranceles nos van a fastidiar muchísimo. Entiendo que, si mi cliente ve reducida su línea de exportaciones, a nosotros nos comprará menos. Eso es una pérdida importantísima para Setenil. El aceite de oliva es el motor económico del pueblo, independiente de que tengamos ahora, también, mucho turismo”, reflexiona.

El Agro vende desde hace cinco años aceite de oliva a Estados Unidos a través de este cliente, que pone su marca propia. Eso supone entre el 50 o el 55% de la producción total de esta cooperativa. “A mí, en el momento que me ha llegado la noticia, se me han abierto las carnes por lo que puede traer esta decisión. Nuestra producción no se vende con nuestra marca, pero son nuestros aceites, de muchísima calidad. Estamos centrados en obtener esa calidad, trabajando con muchos esfuerzos tanto los agricultores como la misma cooperativa. En fin, todo el sector”, dice el responsable de los cooperativistas.

La producción de aceite en Setenil mueve un volumen de actividad que puede rondar los 6 millones de euros al año directamente. Sin embargo, de manera indirecta puede llegar a los nueve millones de euros, según datos de la organización olivarera.

“El futuro es muy incierto”, añade Juan Sánchez. “No sé ahora cuando iniciemos la actividad en qué sentido se desarrollará todo esto”, alega, temiendo que el mayor cliente que tiene Setenil reduzca sus pedidos. “Estarán diciendo que tiene que incrementar su precio en EEUU por el 25% de arancel, que tienen que sumar a los costes. Y nos preguntaremos qué pasará con nuestros aceites. Si ellos van a ver reducidas sus ventas, yo verá reducidas las mías. Ahora mismo, esto es una mala noticia, un jarro de agua fría”, lamentan en El Agro.

También la decisión del Gobierno de Estados Unidos ha caído con una losa en el resto de almazaras de la comarca de la Sierra. Antonio Villalba, gerente de la cooperativa Los Remedios, de Olvera, que vende muy poco al mercado norteamericano, y presidente de la Denominación de Origen Aceites Sierra de Cádiz, cree que todo el aceite que no va a Estados Unidos por la cortapisa que supondrán estos gravámenes “se quedará en España y aumentarán las existencias y afectará, de una manera u otra, al mercado. Eso se traduce en que subirá la oferta y se bajarán los precios”. Apostilla que a Estados Unidos irá aceite de Túnez, Italia, Grecia, Egipto, con los que no podrá competir España.

Eso supondrá otra “puntilla” más para el sector del olivar de montaña de la Sierra, que está vendiendo por debajo de los costes de producción por los excedentes del mercado, por la competencia de las grandes superficies y por la falta de controles más duros en los etiquetados, entre otros. “Esto, sin duda, es sobre todo grave para el olivar de montaña, el intensivo luchará y podrá competir, pero nosotros no podremos de ninguna de las maneras”, resume.

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