coronavirus | salud mental Un 22% de los pacientes con Trastorno Mental Grave ha necesitado aumentar la medicación

  • Los especialistas esperan un desbordamiento de casos similar al de la crisis de 2008

  • Durante el confinamiento, sin embargo, los ingresos disminuyeron en el área de psiquiátricos de Puerto Real 

Como en la crisis de 2008, conforme aumente la crisis social, se prevé un aumento en el número de suicidios. Como en la crisis de 2008, conforme aumente la crisis social, se prevé un aumento en el número de suicidios.

Como en la crisis de 2008, conforme aumente la crisis social, se prevé un aumento en el número de suicidios. / Julio González

Eulalio Valmisa, director de la UGC Salud Mental del Hospital de Puerto Real, comenta que, durante el confinamiento, el comportamiento de los pacientes con seguimiento ha sido “ejemplar”. “En psicóticos con trastornos mentales, esquizofrenia y demás, cuando vieron que el criterio que había era de fuerte realidad, no hubo ningún problema –explica–. De hecho, disminuyeron los ingresos en marzo, abril y mayo. Quienes estaban ingresados en hogares, en la comunidad terapéutica, dieron muy buena respuesta. El problema en aquella época derivaba de la gente que estaba más sola, sin casa, sin familia, a los que cogía la Policía y los traía. Pero era un tema de problemática social más que nada”.

La plataforma Grupo 5 acaba de hacer público, de hecho, un estudio sobre personas con trastorno mental grave (TGM) en el que apunta que el 22% de ellas pasó en soledad el pico de la pandemia: aunque el 53% lo pasó con su familia, el cuidador de referencia era una persona de 64 años o más. De hecho, una de las conclusiones más relevantes es que cerca del 22% de los pacientes con TMG han necesitado un aumento de la medicación antipsicótica para prevenir o mitigar una posible aparición de una crisis. Fórmulas como la teleasistencia –que también comenzó a practicarse en Puerto Real– se revelaron válidas para acompañar y detectar pacientes en riesgo, pero menos efectivas para intervenir en la capacitación.

“No funcionó mal –añade Valmisa–, pero llegó la pseudonormalidad, y se disparó la demanda”. Comenzó a darse una situación de aumento creciente de consultas: “Muchas eran necesarias pero otras, no: otras eran problemas de la vida cotidiana”. Los pacientes que habían atendido vía telefónica lo veían un recurso ante la nada y volvían a llamar: “En Atención Primaria, como prácticamente no ven a los pacientes, los remitían del tirón”, comenta. Además, las consultas a distancia, en ciertos casos, pueden cubrir algo puntual pero no ser un continuo: “Si llamas, pueden coger el teléfono o no. Llega un momento, en los trastornos graves, en el que deberías ir a su casa. Ahora, encima, empiezan a resentir los meses de anormalidad, empiezan a estar peor. El no poder reunir las terapias de grupo, por ejemplo, nos limita mucho. En los taxis de rehabilitación sólo pueden ir dos personas, etc. Los familiares tienen también sus centros de día, que han tenido que cerrar. Ahora mismo el sistema sanitario está volcado en la urgencia y muchas cosas han pasado a un segundo plano”.

González de la Torre: "Si ya se están dejando de lado enfermedades físicas, que se ven, las de salud mental aún más"

Desde la UCA, Gabriel González de la Torre señala este punto como una de las cuestiones más preocupantes respecto a los efectos colaterales del covid: “Si ya se están dejando de lado enfermedades físicas, que se ven, pues las de salud mental todavía más –comenta–. Me llama mucho la atención que ni siquiera desde las administraciones se esté prestando atención a este tema, y a largo plazo traerá mayores problemas. Por ejemplo, a los investigadores se nos dijo que el Instituto Carlos III iba a sacar unas convocatorias covid relacionadas con el aspecto psicosocial, pero todavía no se ha concretado en nada”.

Para el especialista, es seguro que “aparecerán muchos más trastornos de ansiedad y depresión, algo que va a suceder, si no está sucediendo ya. Tenemos dos tipos de incertidumbre: por un lado, la situación social; y por otro, del tipo económico”.

Eulalio Valmisa lo corrobora: ya empiezan a llegar personas con problemas económicos que tienen su reflejo en lo emocional. “Todavía no son muchos pero suponemos que serán más –comenta–. La cuarta ola va a venir, y será de salud mental”. Habla con conocimiento de causa: la crisis del 2008 trajo una avalancha de perfiles que no correspondían exactamente a psicopatologías –”aunque se querían meter bajo ese paraguas”–, sino que respondían a contingencias: paro, aislamiento social. Y, de la mano, la anterior crisis trajo también un aumento en el número de suicidios

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