Patrimonio gaditano en peligro

Al menos dos personas robaron la campana de Medina

  • La ermita de los Santos Mártires de Medina cuenta con una vigilancia de varias horas al día pero no está abandonada. Tras el robo de la campana por al menos dos personas, el Obispado no piensa incrementar las medidas de seguridad 

Alambrada que cortaron los ladrones para acceder a la ermita. Alambrada que cortaron los ladrones para acceder a la ermita.

Alambrada que cortaron los ladrones para acceder a la ermita. / Manuel Aragón Pina

El ladrón, bueno no, los ladrones (porque no pudo hacerlo uno solo) aparcaron el coche en el carril paralelo a la carretera, tras unos matorrales y a unos doscientos metros de la ermita de los Santos Mártires. Luego, cortaron los cables de la alambrada de la finca aledaña, la cruzaron y volvieron a cortar los que lindan con el terreno del templo visigodo más antiguo de Andalucía para acceder y poder consumar el robo de la campana.

Todo eso sucedió en la noche del 30 de abril, y esas son las primeras conclusiones de los investigadores de la Guardia Civil que este jueves por la mañana inspeccionaban el escenario del robo, sobre el terreno. "Así lo hicieron, casi seguro, y luego bajaron la campana, que pesará unos 60 kilos, acercaron el coche y se fueron", aventura uno de ellos, quien no obstante advierte de que la investigación está en sus inicios.

Manuel Román es el conserje, vigilante y cuidador casi al completo de la ermita. Pertenece a la empresa Eulen y se encarga de la seguridad de la iglesia, además de enseñarla a los escasos visitantes que se acercan a este templo a las afueras de Medina Sidonia. Es su misión de martes a viernes de 12 a 2 de la tarde, y los sábados y domingo de 11 a 3. Él fue quien se percató de la sustracción de la campana.

El campanario en el que falta la pieza robada. El campanario en el que falta la pieza robada.

El campanario en el que falta la pieza robada. / Manuel Aragón Pina

"No me di cuenta en seguida de lo que habían robado -cuenta junto a la puerta de la ermita- pero sí vi de inmediato cuando llegué el 1 de mayo que habían roto el candado de la cancela. Me puse muy nervioso, claro, y avisé a mi jefa, a mi mujer y al vecino. Luego ya vino la Guardia Civil". Según pudo deducir, los ladrones subieron con una escalera al tejadillo, descolgaron la campana y se fueron sin más.

María José Atienza, responsable de comunicación del Obispado de Cádiz, propietario del inmueble, desmiente también sobre el terreno que la ermita esté en estado de abandono. Y la verdad es que una somera visita le da la razón casi totalmente, aunque es verdad que el exterior necesita un remozado a conciencia. Incluso uno de los muros exteriores, con una peligrosa inclinación, amenaza con derrumbarse en cualquier momento, aunque sigue en pie.

Manuel Román se encarga, por propia iniciativa ya que no es su tarea, de mantener los jardines exteriores limpios al igual que la ermita y sus alrededores. "No tengo ninguna obligación, pero así me distraigo, ya que hay muchos días en los que nadie visita la ermita", cuenta, y añade que muchas veces él anima a entrar a gente que se acerca por el contorno.

Alambrada desde la que accedieron los ladrones a la ermita. Alambrada desde la que accedieron los ladrones a la ermita.

Alambrada desde la que accedieron los ladrones a la ermita. / Manuel Aragón Pina

Y es verdad que por su cuenta se ha aprendido la historia del importante templo visigodo, y que enseña y explica las inscripciones que certifican la fundación de la ermita en el siglo VII, la que frente a la pila de agua asevera que el agua bendita cura lo malo que echa el diablo por su boca, el arco visigodo que muestra la cruz, el sol que representa a Dios y la luna que representa la Iglesia. Manuel es mucho más que un conserje vigilante. Muchas de las cosas que cuenta las ha leído en el libro que sobre la construcción publicó el anterior ermitaño, Carlos García de Paredes, libro que lleva en su coche siempre.

De manera casual, a bordo de su todoterreno, aparece por allí Luis Guerrero Moguer, que fue concejal del gobierno municipal socialista de Medina en los primeros años de este siglo, y que no se priva de criticar el estado de la ermita, a la vez que señala la obra que el Obispado ha hecho junto al edificio y que luce espléndida. "Han puesto muy bonitos unos apartamentos para los curas, y no arreglan la iglesia, que cuesta mucho menos", se aventura a opinar.

María José Atienza precisa que esos 'apartamentos" son en realidad un centro para convivencias juveniles y retiros, y que eso sin duda revitalizará la ermita y todo el conjunto. Reconoce el mal aspecto exterior del edificio histórico, pero recuerda que ya se ha arreglado el techado bajo la cubierta, y que lo demás está pendiente de "otra fase" de las obras, aunque esta no tiene fecha.

Muro exterior de la ermita con evidente peligro de derrumbe. Muro exterior de la ermita con evidente peligro de derrumbe.

Muro exterior de la ermita con evidente peligro de derrumbe. / Manuel Aragón Pina

Atienza dice que el robo no ha hecho que el Obispado se plantee de momento incrementar las medidas de seguridad en torno al templo, y comenta que en realidad no alberga una riqueza iconográfica de gran valor, "más allá del que se le dé sentimental y religiosamente", puesto que las esculturas e imágenes son de reciente factura.

La campana, en sí, también es muy difícil de evaluar. Tampoco tiene una gran importancia histórica. Llegó a la ermita de los Santos Mártires en 1993, procedente de la capilla de Nuestra Señora de Loreto en la Base Aérea Militar de La Parra, que la donó en ese año al templo asidonense. Su instalación en el aeródromo jerezano se hizo en 1963. Así que habrá que inclinarse por que los ladrones piensen en sacar un buen rendimiento al valor del bronce, metal en el que está fundido y que no es precisamente barato.

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