Ilya U. Topper. periodista y coordinador de 'm´sur'

"El islam fanático actual es un fénomeno moderno"

  • Colabora con diferentes medios, es corresponsal de Efe en Turquía y dedica un blog al mundo mediterráneo

  • De padres alemanes, creció entre España, Marruecos y Portugal, aunque se considera de Cádiz

"El islam fanático actual es un fénomeno moderno" "El islam fanático actual es un fénomeno moderno"

"El islam fanático actual es un fénomeno moderno"

Nacer, nacer, Ilya Topper nació en Almería, hijo de padres alemanes. Pero desde los 20 años tiene claro que es "de Cádiz: el único lugar en el que he ido al colegio. El de la Caleta". Colaborador con distintos medios y corresponsal de Efe en Estambul, Topper es también coordinador de M´Sur: publicación que busca acercar realidades a ambos lados del Meditarráneo.

-¿Cuándo entendieron que un proyecto como Mediterráneo Sur era necesario?

-Desde siempre. Hay mucha información equivocada sobre los países al sur y al este del Mediterráneo, que es tan habitual categorizar como "islámicos", pero muy a menudo no es mala intención sino falta de información o incluso falta de capacidad de buscar datos, contexto, antecedentes. Cuando empezamos, en 2008, era peor que ahora; ha crecido el interés en el concepto "conjunto mediterráneo" y hay más periodistas españoles informando desde el terreno. Aún así, creemos que M'Sur puede seguir siendo una referencia para consultar información con garantías: solo escribe allí una veintena de periodistas muy escogidos, todos con experiencia de años en los países que cubren, y todo se revisa a fondo antes de publicarse. Pero además añadimos una dimensión cultural, publicando poesía, literatura, arte de esos países, algo prácticamente ausente de la oferta cultural en España. Y la música nos puede enseñar tanto o más que las ráfagas de disparos.

-Vive en Estambul...

-Llegué a Estambul en 2010, como corresponsal (freelance) del diario El Mundo, y un año y medio después me fichó la agencia EFE. ¿Por qué Estambul? Ya lo conocía de breves visitas, es una ciudad fascinante para vivir. Además es un punto geopolítico de inmenso interés para un periodista. Pero sobre todo, la opción me llegó cuando estuve en Madrid, sin trabajo y cobrando el último mes del paro...

-¿Cómo se recibe el retroceso social que suponen las políticas de Erdogan? ¿La sociedad turca está más polarizada?

-Sí, está cada día más polarizada, dividida en dos bloques prácticamente iguales: uno que apoya el proyecto de Erdogan de convertir la República en una nación de identidad islámica bajo un líder fuerte, en una especie de recuperación del papel del Imperio otomano como supuesta cabeza y guía del "mundo musulmán", y otro bloque que se opone rotundamente y se considera una república laica europea, tal y como se fundó en 1923. Son dos visiones muy enfrentadas. De momento, Erdogan, el líder islamista que se considera heredero de los sultanes otomanos, tiene un 1% más en las urnas, y con eso gana.

-En 'Las lágrimas del imam', el artículo que firmó para 'El confidencial' y que ha tenido una gran repercusión, invita a la reflexión en torno a lo que puede funcionar mal dentro de las comunidades islámicas, más allá del discurso de que los asesinos no tienen nada que ver con islam. "Sí que tiene que ver -afirmaba-. Mal que le pese".

-La gran mayoría de los musulmanes, incluidos los fundamentalistas, tampoco quieren que la gente se mate en la calle. Si lo hacen, algo ha ido mal, también para ellos. Porque una cosa es vivir según estrictas reglas religiosas, otra es ser asesino. Lo que no ven o no quieren ver los fundamentalistas, que hoy en Europa se han hecho con el poder en las comunidades musulmanas, es que su imposición de un ideario teocrático, en el que los valores divinos son absolutos e incuestionables, facilita la difusión de un fanatismo asesino. Porque enseña que esa teocracia rige vida y muerte: no se atrevieron ni a denunciar la fetua contra Salman Rushdie en 1989. Y su ideología de la segregación, junto con toda la industria halal, que fomenta la idea de que no se puede compartir comida con no musulmanes, facilita que los jóvenes vivan en un espacio aparte en el que creen que solo valen las reglas de Dios. Y si alguien les dice que esas reglas incluyen matar...

-"Lo que los saudíes llaman islam es lo que se enseña en las principales mezquitas de Europa", denuncia. ¿Por qué no ha sido posible crear espacios para el islam modernizado?

-Con "islam modernizado" te refieres a un islam liberal y tolerante, entiendo, dando por hecho que el islam saudí es arcaico y conservador. Es al revés. El islam tradicional, antiguo, era relativamente liberal y tolerante: lo demuestra casi un milenio de civilización arábiga con una enorme cultura literaria, científica y a menudo irreverente, y con una habitual convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos. El islam fanático actual, que se va radicalizando cada día más, es un fenómeno totalmente moderno, impulsado en parte por jóvenes rebeldes, chicas que utilizan el velo en un gesto de ruptura con la tradición de sus madres, que no lo llevaban. Precisamente por eso ha conquistado espacios y se sigue expandiendo. Lo que no se ha conseguido es mantener el islam tradicional y liberal del pueblo llano. Ha sido fagocitado por el islamismo moderno, financiado desde Arabia Saudí y otros países del Golfo, como Qatar. Especialmente en Europa, donde los inmigrantes se han encontrado en una especie de vacío, sin ayuda para adaptarse a su entorno - sobre todo en Alemania se esperaba que tras unos años de trabajo se volviesen a sus países: no se veía necesidad de aceptarlos como compatriotas- y sin las referencias de su pueblo, los ritos y las costumbres. Han sido proclives, en parte, a seguir las indicaciones de quien era a menudo la única persona que les ayudaba: un imam local, interlocutor respaldado por las autoridades locales, y a cargo de una mezquita financiada por potencias islamistas. Aun así, esa generación de inmigrantes ha mostrado bastante esfuerzo en integrarse y bastante reticencia a los imames. Son sus hijos los que se han pasado con armas y bagajes a lo que alguien les ha dicho es su verdadero religión. Una religión de la que ignoraban todo.

-La segregación sobre la que trabaja ese "nuevo" islam es, desde luego, una doble segregación: religiosa y por género.

-A las mujeres siempre les cae la tarea de conservar el honor de la familia, del clan, de la nación, no solo en el islam. En los guetos islámicos en Europa se les controla enormemente, no se les permite salir con chicos "cristianos", se les exige conservarse vírgenes. Y si su familia no les pone muchas pegas, se encargan los demás chicos de la comunidad. Sé de una joven española de familia marroquí que dejó un trabajo en un restaurante solo porque allí ya trabajaba otro marroquí, y temía que él fuera a su familia con el chisme de lo que ella hacía o dejaba de hacer en el trabajo. La presión social es terrorífica. Y eso que las familias marroquíes no son las peores.

-Lo que nos lleva al tema del velo.

-Prensa y partidos europeos tienen una fascinación orientalista con el velo que raya en lo enfermizo, en lo perverso. Toda mujer que lleva velo es elevada a representante de la hermosa diversidad cultural. Sin recordar que el velo no es cultural: ese velo estandarizado, que no se puede quitar en presencia de hombres, es un invento islamista de los últimos 40 años. En los pueblos de Marruecos, las mujeres se quitan el pañuelo en presencia de hombres sin ningún pudor: no saben que "su religión" se lo impide. Y en la ciudad, donde ya les ha llegado esa misión islamista, las que eligen llevarlo, o son forzadas a llevarlo, saben que es para ocultar la belleza de su cabello a los hombres y así no incitarlos a asaltarlas y violarlas. Porque se da por hecho que todo hombre tiene impulsos de violador, y es responsabilidad de la mujer evitar que los lleve a la práctica. Esa es la justificación teológica del velo que conoce toda musulmana. Pero como esto queda fatal en Europa, la prensa solo entrevista a las conversas que, escudadas en su ignorancia, aseguran que es una "identidad" y una cuestión de "libertad personal". Curiosamente, nunca se les pregunta si es libertad algo que no se puede quitar.

-Esa ideología de la segregación, a nivel genérico, se establece entre quienes son musulmanes y quienes no. Pero trabajar con una filosofía de superioridad a través de la fe solo se consigue, realmente, si se la transmites a alguien que se considera inferior, no adaptado, rechazado. Y ese es un resultado, apunta, el de no sentirse compatriota, que viene por doble vía.

-La segregación en Europa también se consigue en gran medida mediante el velo: a las mujeres se les convence o se les obliga a identificarse con el velo para no confundirlas con las demás, esas "demás" que no son puras sino putas. Las mujeres son quienes más lo sufren, pero a los hombres se les dice que son los responsables de ejercer este control, de vigilar que su comunidad no se mezcle con los "infieles". Y en esta segregación por supuesto se sienten, se les hace sentirse superiores (distinguirse solo tiene sentido si uno es mejor). Como en realidad están en condiciones inferiores, en parte por ese nivel mayor o menor de racismo que hay en toda Europa, en parte por su negativa - inducida por los imames- a adaptarse y comportarse como los demás, comer lo que comen los demás, se les crea una frustración evidente que acaba a menudo en violencia, incluso si no es yihadista.

-Es muy difícil desarrollar un discurso que no escore. Lo más normal es que, en algún punto, te preguntes, ¿estoy siendo intolerante? ¿estoy siendo buenista? ¿Cuáles cree que son los principales errores que cometemos al respecto?

-Uno solo: el racismo. Ese racismo que consiste en no aceptar a los demás como personas humanas plenas, con plena inteligencia y plenos derechos y deberes. Si la derecha considera a los inmigrantes como subhumanos incapaces de llegar a "nuestro" nivel de civilización, la izquierda que quiere blindar el islam contra las críticas, hace exactamente lo mismo: da por hecho que "los musulmanes" son personajes débiles que deben estar siempre sujetos a las normas de la religión bajo la que nacieron, y que son incapaces de pensar con libertad y de rebelarse contra sus dogmas, tal y como se rebelaron los europeos contra muchos dogmas cristianos. Solo desde ese racismo inconsciente se explica que se tache hoy de "islamofobia" y se vete la crítica a cualquier discurso fundamentalista islámico: se cree que los musulmanes, pobrecitos ellos, no pueden vivir sin la tutela omnipotente de su religión. Y sí pueden, perfectamente.

-Olivier Roy apuntaba en 'The Guardian' que el terrorismo obedece más a una islamización del radicalismo que a una radicalización del islam. Que los nuevos yihaidistas vienen a ser los "tontos útiles" del extremismo.

-Coincido en gran parte con este análisis: como él, también he dicho que el yihadismo en Europa es simplemente la continuación de la violencia política bajo una nueva bandera, tras las bombas que el fascismo colocaba en Italia o el comunismo de la RAF en Alemania, pasando por los diversos nacionalismos radicales (IRA, ETA). Como fenómeno político no es algo inusitado. Lo novedoso es que se utilice al islam como bandera, y lo llamativo que no existe siquiera una meta política concreta. La meta de la RAF era tan utópica que es más comparable y quizá nos dé la clave de lo que buscan, no los chavales que van a matar y morir, sino quienes los manipulan: crear caos, miedo, inseguridad, para poder acabar imponiendo mejor sus políticas autoritarias.

-Ha comentado también los peligros que puede encerrar el término "islamofobia".

-La "islamofobia" es un término moderno, calcado al "antisemitismo": se da a entender que se trata de racismo contra un colectivo "étnico" concreto, pero se usa para bloquear toda crítica a quienes se han erigido en portavoces de ese colectivo. Me llaman antisemita si critico las políticas del Gobierno de Israel; me llaman islamófobo si critico el discurso fundamentalista de ciertos imames. Solo una minoría de musulmanas en el mundo lleva hiyab, y de éstas, la gran mayoría lo hace de forma obligada. Sin embargo, si critico el hiyab, me llaman "islamófobo", fingiendo que atacar una doctrina integrista concreta es atacar a todas las mujeres musulmanas. Este afán de vetar toda crítica es un ejemplo de totalitarismo. Lo llamativo es que el término lo emplean incluso personas que no están de acuerdo con el fundamentalismo islámico pero creen su deber blindarlo contra las críticas. Criticar cómo el clero fundamentalista oprime a los musulmanes no es estar en contra de los musulmanes sino a favor. Mientras no entendemos que los caricaturistas de Charlie Hebdo, asesinados por caricaturizar a Mahoma, murieron por la libertad de los musulmanes, no hemos entendido nada.

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