20 vivencias del 20

Sin corridas pero sacrificando toros bravos todo el año en los mataderos

  • El ganadero tarifeño Javier Núñez pone voz a la crisis total en la que está sumida la treintena de ganaderías de reses bravas que hay en la provincia de Cádiz

Javier Núñez, tras un burladero con el escudo de la ganadería La Palmosilla.

Javier Núñez, tras un burladero con el escudo de la ganadería La Palmosilla. / Firo Carreto

La ganadería La Palmosilla, ubicada en el término municipal de Tarifa, cumplirá en 2021 su primer cuarto de siglo de existencia. Pero todo apunta a que la efeméride no podrán celebrarla como se merece. Y es que el año que ahora acaba ha sido tan desastroso para el mundo de la tauromaquia en general y para la cría de toros bravos en particular que ver a estas ganaderías aún en pie es ya un milagro.

Javier Núñez, desde La Palmosilla, pone voz al sentir de la treintena de ganaderías de toros bravos que hay en la provincia de Cádiz y que cuentan las horas para que acabe este annus horribilis. Sin corridas toros no ha habido ingresos para estas ganaderías, y sin ingresos ha habido que sacrificar a multitud de esos toros de lidia, muchos más de los que hubieran sido matados en las plazas.

"Yo he tenido que llevar ya al matadero este año a 188 toros, y en pocos días tendré que matar 40 más. Es una pérdida terrible, pero es lo único que podemos hacer para sobrevivir", reflexiona este ganadero gaditano.

Este trágico desenlace lo marcan las cifras. Y son inapelables. Porque criar a un toro de lidia desde que nace hasta que llega a la edad óptima para ser toreado (cuatro o cinco años) le cuesta al ganadero unos 5.000 euros de media por cada animal. Pero al no haber corridas este año, esos toros quedan desfasados porque ninguno supera los seis años de vida. Así que hay que mandarlos al matadero, donde la ganadería cobra apenas unos 500 euros por cabeza.

En este proceso de adelgazar como sea la estructura de cada ganadería al no haber ingresos hay otro elemento que se pierde y es que el paso por el matadero cercena también muchos años de estudio sobre la genética de las diferentes familias que conforman cada ganadería, un trabajo muy concienzudo que buscar seleccionar las reses que mejor pueden transmitir la casta y la bravura que se busca.

A mediados de 2020 La Palmosilla había sacrificado a dos tercios de los toros que tenía para ser toreados. Ahora, cuando expira el año, ese porcentaje se ha elevado hasta el 80%, aproximadamente.

Pero en La Palmosilla no desfallecen y ahí que siguen trabajando y entrenando a los toros supervivientes por si en 2021 surge un milagro y regresan los espectáculos taurinos. "Claro que estamos entrenándolos, porque, pese a este año tan nefasto, nuestro compromiso sigue siendo con el público, con los aficionados. Y con lo mucho que nos costó sacar cabeza, ahora no podemos bajar a Segunda División", resume un ganadero que no disimula su temor ante la posibilidad de que venga una tercera ola del virus. "Eso ya sería el remate".

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