• El Grupo Roca de la Comandancia de Cádiz de la Guardia Civil cumple siete años de dura lucha contra los delitos en explotaciones agrícolas y ganaderas

  • El robo de cobre genera graves daños

La seguridad en el mundo rural

La fiebre del cobre

El agente Manuel Guirola muestra cable de cobre en una chatarrería. El agente Manuel Guirola muestra cable de cobre en una chatarrería.

El agente Manuel Guirola muestra cable de cobre en una chatarrería.

Julio González

Escrito por

· Pedro M. Espinosa

Jefe de área

Cuando en 2013 la Guardia Civil decidió crear el Grupo Roca, para prevenir los robos en explotaciones agrícolas y ganaderas, las infracciones penales en el área de influencia de la Comandancia de Cádiz llegaban hasta las 377. El esfuerzo de los hombres que conforman esta unidad ha hecho que en apenas seis años las estadísticas se hayan reducido hasta las 122 que se registraron el pasado año y que en este 2020 tan atípico sigan en clara disminución. Es un trabajo callado, humilde, cercano, pero tremendamente efectivo. Podríamos decir que en el Grupo Roca confluyen algunos de los valores que sirvieron como estímulo al Duque de Ahumada para crear el cuerpo hace ya 176 años, como son el acercamiento a la gente que vive y trabaja en el ámbito rural, aumentar la presencia de la Benemérita en el campo o dar una respuesta eficaz ante el ascenso de delitos que se cometen en explotaciones agrícolas y ganaderas y que, sin su compromiso, posiblemente quedarían impunes.

El equipo Roca de la Comandancia gaditana tiene su sede en Jerez y está formado por tres personas: Manuel Guirola, que es su jefe; y los guardias Salvador Rodríguez Acedo y José María González Borges. Su principal área de influencia es la campiña jerezana, por donde nos movimos para realizar este reportaje el pasado 25 de noviembre, justo antes de que el cielo se abriera sobre San Isidro del Guadalete y el diluvio nos castigara por cualquiera sabe qué pecados.

Pero los números de teléfono de los componentes del grupo no están sólo en poder de la mayoría de los propietarios de las fincas de la campiña sino también en la Costa Noroeste o la Sierra. “En esto la confianza es necesaria”, dice Guirola mientras desayunamos un pan moreno de esos que te reconcilian con el género humano en la venta jerezana La Extremeña. “Mi número lo tiene todo el mundo, y saben que pueden llamarme para consultarme lo que sea. Hacemos muchos kilómetros para atenderlos, para darles consejos, entrevistarnos, ofrecerles información, todo para que se sientan protegidos. Porque siempre se ha dicho que es difícil ponerle puertas al campo, pero es que en la época actual igual es necesario”, continúa el jefe del equipo.

Desde su creación, los delitos en el medio rural han bajado drásticamente

Los delitos en el campo son casi siempre contra la propiedad, pero, en los últimos años, la Guardia Civil está teniendo que hacer frente al frenesí de grupos que sufren la que podríamos denominar fiebre del cobre. Saben que es un material caro, que fundido no deja huellas, y que abunda en cables, tubos y llaves de regadíos, aspersores… así que arramblan con todo lo que pueden. Seguir su pista es difícil. Pero lo intentan. En nuestra ruta asistimos a una inspección en una gigantesca chatarrería jerezana. Allí hay de todo, incluido mucho cobre. “Algunos propietarios tienen marcados sus cables y se los puede identificar. Con otros es más complicado, y una vez que se tritura, que se hace en polvo se convierte en esto”, dice Manolo mientras coge con sus manazas un puñado del pesado material rojizo que se escapa entre sus dedos como si estos fueran un vanguardista reloj de arena. “Una vez molido se lleva a Córdoba o Barcelona, que son los dos únicos sitios donde vuelven a fundirlo para dar una segunda vida al material, pero claro, ahí ya es indetectable”, comenta Borges mientras sube a una montaña de cables enmarañados.

El agente Borges sube a una montaña de cables de cobre en una chatarrería. El agente Borges sube a una montaña de cables  de cobre en una chatarrería.

El agente Borges sube a una montaña de cables de cobre en una chatarrería. / Julio González

El cobre, como otros metales, sufre la especulación de un mercado feroz. Por eso está prohibido almacenarlo más de cinco años. “Hay quien juega con el precio. Si ve que baja en el mercado lo aguanta, hasta que escasea y entonces sube, y ahí es cuando lo suelta. Eso es especulación pura y dura y no está permitido. Por eso hay que estar atentos para vigilar que no se almacene cobre sin ton ni son”, dicen desde la Guardia Civil.

El daño que los ladrones de cobre causan a los agricultores y ganaderos es enorme. La cuestión no es solo el coste que puede tener ese cable, es que dejar sin riego un invernadero, una plantación de aguacates como la que visitamos en San Isidro del Guadalete, supone muchos miles de euros en pérdida a sus propietarios. “Es una lucha desigual, porque atacan por todos los flancos. Nosotros insistimos a la gente del campo para que se modernice, que ponga alarmas, cámaras de vigilancia, vallas que cierren caminos comunitarios y que permanecen abiertas por la comodidad de no tener que bajarse del coche a abrir un candado cuando llegas. Es la costumbre y contra eso hay que luchar. Nosotros hemos visto invernaderos de flores en Chipiona destrozados, y ya no es sólo que se lleven las tuberías, es que destrozan las flores, las pisotean, y a lo mejor cada gladiolo con su planta cuesta tres euros”, comenta Guirola.

En el campo ni siquiera un pivot de riego está a salvo. Este tipo de maquinaria usa unos potentes motores para desplazarse por los cultivos con sus grandes brazos arqueados desde los que salen los aspersores. “Pues hasta los motores se llevan, por no hablar del cableado. Estamos hablando de palos de cuatro o cinco mil euros. No son tonterías. Y en algunos cortijos han robado hasta cinco veces seguidas. Se llevan el cobre y lo venden en la provincia de Cádiz o en Sevilla”.

Hasta tal punto llegan los asaltos que muchos agricultores optan por anillar el cable al tubo del pivot para así dificultar que puedan arrancarlo.

Peo el Grupo Roca no sólo investiga robo de cobre. Porque en el campo la costumbre es dejarlo todo a mano. Hasta las llaves de los tractores. “Es una tentación y los ladrones lo saben. Roban aperos de labranza, cajas de plástico, tubos, cosechas... de todo”.

Curiosamente, la franja horaria en que se producen más robos en las zonas rurales no son las de la madrugada sino entre las tres y las seis de la tarde y en el ocaso del sol.

Polvo de cobre listo para ser nuevamente fundido. Polvo de cobre listo para ser nuevamente fundido.

Polvo de cobre listo para ser nuevamente fundido. / Julio González

Las estadísticas dicen que los detenidos en estas prácticas delictivas en el medio rural son principalmente españoles, aproximadamente en un 70%; pero, además, el 30% son reincidentes. “Y eso que las penas que les caen no son bajas. Por robar tubos de riego que causen daños en una cosecha pueden ir, por ejemplo, del año y medio a las tres años y medio de cárcel”, dice Guirola, que continúa. “A veces van tan cegados buscando lo que les interesa que no se dan cuenta el daño que provocan. Hace unos meses detuvimos en Chipiona a un tipo que había robado 500 cajas de plástico, era lo único que le interesaba, así que tiró todo su contenido, en este caso boniatos. Si hablamos de que el kilo de boniatos se puede vender en el mercado a dos euros, pues tiró por el suelo 1.000 euros”.

Durante sus muchos años de experiencia, los agentes han tenido multitud de anécdotas, aunque alguna se les ha quedado grabada especialmente. “Uno de los robos lo resolvimos porque en el invernadero en que habían entrado a uno de los intrusos se le había caído un vale de una tienda de bebé para comprar un cochecito. Empezamos a tirar del hilo hasta que llegamos a la tienda, donde los dependientes se acordaban que el tipo en cuestión había dado a cuenta un euro para una futura compra. Pero lo mejor del caso es que ni estaba esperando un bebé, ni estaba casado ni tan siquiera tenía novia, jajaja. Tanta previsión le salió cara, porque gracias a ese vale esclarecimos varios robos en invernaderos”.

Un martillo contra los malos

Pero el Grupo Roca no sólo patrulla el campo. También ha protagonizado operaciones sonadas en los últimos años, como la denominada Silver-Sun, que tuvo lugar en 2019 y que acabó con la detención de nueve personas y en la que colaboraron los Grupos Roca de La Rinconada (Sevilla) y Córdoba. Gracias a su labor se recuperaron siete toneladas de cobre robado, se detuvo a los gerentes de la chatarrería que compraba el material robado y se intervino vehículos, dinero en metálico y armas.

Además, y no menos importante, como consecuencia de la explotación de esta operación se han esclarecido gran cantidad de delitos graves en la demarcación de esta Comandancia, afectando a instalaciones en zonas aisladas, plantas agrícolas, estaciones de bombeo, comunidades de regantes, plantas hortofrutícolas o cooperativas agrícolas... Entre todos ellos destacan dos robos con fuerza que sufrió la Cooperativa Las Virtudes en Conil.

También el pasado año se desarrollaron las operaciones Baticola y Sincha, en la que se detuvo a dos personas por el robo de monturas y arreos de caballo en diferentes explotaciones ganaderas de la provincia por valor de más de 50.000 euros. “Piezas de una gran calidad”, cuentan.

Muestra de cobre, cada uno con su certificado, en una chatarrería jerezana. Muestra de cobre, cada uno con su certificado, en una chatarrería jerezana.

Muestra de cobre, cada uno con su certificado, en una chatarrería jerezana. / Julio González

En la Operación Fictus se detuvo a dos personas por falsificar documentos para dar de alta en la Jefatura Provincial de Tráfico maquinaria agrícola, realizándose dicha actividad en la Gestoría Boliches de Arcos.

Antes, en 2018, el Grupo Roca detuvo a tres personas por un delito grave de hurto de cobre en las instalaciones de Dragados Offshore, en un dispositivo en el que también fue arrestado el responsable de la planta de reciclaje por receptación.

Más medios y más información

El jefe del Grupo Roca de la Comandancia de Cádiz, Manuel Guirola, considera fundamental para limitar los robos en las explotaciones “la implementación de medios técnicos que persuadan al delincuente de entrar en las propiedades y que, caso de hacerlo, nos ayuden a la investigación”. También considera que habría que potenciar las labores de información y formación en las almazaras, cooperativas y, en general, en el mundo agrario, sobre el reciente Documento de Acompañamiento al Transporte (DAT), “porque actualmente hay un gran desconocimiento sobre el mismo y no se está utilizando”.

Además, insiste, “hay que concienciar a aquel que tiene una explotación agraria y ganadera que es muy importante registrarse en el Registro de Explotaciones Agrarias y Forestales de Andalucía (REAFA), para tener localizada la explotación”.

La Benemérita advierte que muchos de los guardas cinegéticos de la Junta cuentan con antecedentes policiales y judiciales, por lo que sería conveniente establecer filtros de acceso, solicitando el correspondiente certificado de penados y rebeldes.

Por último, advierte de que “las fincas no disponen de guardas rurales para la vigilancia, y sería importante su implementación. A todo esto, por supuesto, hay que añadir que todo quien se dedique al medio agrario puede utilizar el 062 para comunicar toda conducta sospechosa, pudiendo hacerlo de manera anónima”.

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