Acuicultura en Cádiz

La piscifactoría de El Bosque echa el cierre tras 45 años de actividad

  • Unos supuestos vertidos al río Majaceite y la obligatoriedad de cumplir unos condicionamientos para la cría de las truchas acaban con la única acuicultura de la Sierra

Un operario trabajando en la piscifactoría cuando tenía actividad Un operario trabajando en la piscifactoría cuando tenía actividad

Un operario trabajando en la piscifactoría cuando tenía actividad / Ramón Aguilar

Las famosas truchas de la piscifactoría de El Bosque, que generaciones de gaditanos y foráneos han saboreado en la mesa a lo largo de cuatro décadas han pasado ya casi a la historia. El único sector acuicultor que tenía la Sierra, ubicado en este pueblo serrano, echó el cierre el pasado 31 de octubre tras 45 años de actividad por un supuesto delito de vertidos al río de El Bosque, cuya causa está abierta y se dirime en los tribunales. Además, la Administración exige al actual gerente de esta actividad una serie de condicionamientos para el funcionamiento de las instalaciones, con las que no ha contado a lo largo de su historia. Es decir, la autorización pertinente y obligatoria para la captación del agua del río El Bosque (Majaceite) necesaria para desarrollar la actividad de las piscinas donde se crían estas especies y su posterior devolución al mismo.

“Nunca ha habido licencia de vertidos ni de captación de agua. Creíamos que eso estaba arreglado ya que la gestionó primero la Consejería de Medio Ambiente y luego se la cedió a una primera empresa para su explotación”, defiende Gaspar Corbacho, ex concejal del Ayuntamiento de El Bosque y uno de los dos cooperativistas que tomaron el relevo a mediados de los años 90 que siguieron con la actividad.

La piscifactoría de El Bosque, junto con la extinta que había en Benamahoma (Grazalema), cambiaron el mercado de la trucha arco iris y la asalmonada, haciéndolas asequible al gran público y a los bolsillos. La industria bosqueña se inició de la mano de la Diputación provincial, que le cedió las instalaciones a una firma foránea para su explotación. De ahí, pasó a manos de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta, que llevó a cabo repoblaciones en el río y los primeros pasos de la venta directa. En 1994-95 dos desempleados de la localidad, Gaspar Corbacho y Francisco Román, tomaron el relevo con la promesa también de llevar un coto truchero de pesca, que no salió al final. En 2003, la gestión de la empresa pasó a manos de un familiar de Corbacho, que la ha llevado hasta la actualidad.

La venta de truchas de la piscifactoría ha sido un elemento dinamizador más para la actividad turística de El Bosque. Y ha emulado, también, la historia del Majaceite, considerado el río truchero más meridional de Europa. Hoy, la Junta de Andalucía tiene programas de reintroducción de la especie autóctona en sus aguas, en un intento de salvaguardar el patrimonio natural de la zona. Así que a nadie se le escapa las numerosas visitas al pueblo de gentes de distintos puntos para adquirir este producto, que se vendía directamente en las mismas instalaciones del Camino de Pescadores; se vendía a restaurantes y bares de la provincia y se distribuía desde Mercasevilla a otros puntos de la geografía.

Gastroenteritis

Pero la cosa se torció en 2015 cuando unos chavales alojados en el albergue que está junto a las dependencias de esta industria sufrieron una intoxicación. “Cogieron una gastroenteritis. Pensamos que era de la comida y dijeron que era de haberse bañado en el río. El PA pidió a la Junta que se aclarara el tema y ésta hizo una inspección, realizando un análisis de las aguas de la piscifactoría que van al río”, cuenta el ex concejal de IU y de IAB y activista Gaspar Corbacho, que es familiar del actual propietario.

Al no tener las instalaciones licencias para la captación de las aguas y vertidos, la Junta abrió expediente sancionador en 2017 y conminó a que se realice los condicionamientos necesarios para su explotación. El actual gerente tiene, además de esta sanción que tiene recurrida, una causa abierta en los juzgados por un presunto delito contra el medio ambiente por los supuestos vertidos.

El ex edil Gaspar Corbacho es tajante al defender que la contaminación del río no viene de la actividad de la piscifactoría y sí de los vertidos de “construcciones ilegales de viviendas cercana” al arrojo Almajar. “Llevo desde el año 1999 denunciando que estas construcciones ilegales vertían directamente al río todas las aguas fecales, a través de los canales de la piscifactoría. Se han mezclado aguas fecales con las aguas de la salida de la piscifactoría. Y por eso daría positivo tras la intoxicación. Cuando el Ayuntamiento ha corregido lo de las aguas fecales poniendo una bomba y unos tubos a la red de saneamiento, se han vuelto a hacer cuatro análisis de las aguas de la piscifactoría y todos han sido favorables. Se cortó los vertidos fecales a raíz de mi denuncia contra estas construcciones en 2018”, argumenta Corbacho.

Todo esto ha salpicado al ex concejal Gaspar Corbacho. El juzgado de Ubrique admitió un error al imputar al propio Corbacho por el vertido (había sido socio hacia años de la explotación) y no al actual gerente. “Él quiere volver a la actividad, pero se le pone una condiciones muy duras para la captación del agua y el vertido. Espero que el juez archive su causa y siga adelante mi denuncia contra esas construcciones por un delito contra la ordenación del territorio”.

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