Provincia de Cádiz

Dos psicólogas sobre Caridad: ni síntomas de duelo ni traumatizada

  • "Le provocaba gran tensión que su marido se negase a ir a vivir a Galicia con su hijo"

Dos psicólogas explicaron ayer que no apreciaron sintomatología de duelo en la acusada de asesinar a su marido en Sanlúcar y que tampoco estaba traumatizada. Ni por haber afrontado el tremendo episodio que supone encontrar muerto a un ser querido ni por el suicidio, cuando al principio ella sólo veía esa posibilidad, ni por el crimen, ya después, cuando empezó a considerar que alguien pudo matar a Manuel Gil. Si en Caridad M. destacaba algo cuando se entrevistaron varias veces con ella era su ausencia de emoción: durante toda la evaluación se encontraron con una planicie emocional, dijeron las peritos ayer, en la quinta sesión de la vista oral.

El juicio entró ayer en la recta final tras la comparecencia de las psicólogas y de policías que analizaron restos de sangre hallados en un calzado de la procesada. Estaban en unos zuecos que Caridad M. dijo llevaba mucho tiempo sin ponerse cuando ocurrió el crimen. La Policía los recogió durante una inspección de la casa del fallecido y la acusada, días después del suceso. Les aplicaron luminol y ese producto reveló que había manchas de sangre.

La sangre era de la propia Caridad, explicaron los analistas de la Policía ayer. También había de otra persona, pero no de Manuel Gil.

La vista oral continuará el próximo lunes. Será el momento de oír los alegatos del fiscal, del abogado de la acusación particular y de la abogada de la defensa. La magistrada que preside el tribunal elaborará después el objeto del veredicto, las preguntas a las que debe contestar el jurado, una a una y votando para obtener la respuesta. El señalamiento del juicio prevé que el próximo martes comience a deliberar el jurado. En principio, salvo complicaciones, habrá un veredicto por la tarde.

El jurado decidirá si Caridad M. asesinó a su marido, como sostienen las acusaciones, o es inocente, como afirma la defensa. La procesada declaró el pasado lunes que ella no mató a Manuel Gil, que se suicidó o lo mató alguien. La tarde del 9 de enero de 2008, ella lo dejó en casa solo y se fue a un bar del barrio a comprarle pan calentito. Él iba a darse un baño. Cuando regresó, tras tardar más de la cuenta porque sufrió un desvanecimiento y estuvo recuperándose un tiempo a la entrada de la casa, lo halló muerto.

Un error de los policías y del forense, como quedó claro en el juicio, hizo creer en principio que se trataba de una muerte voluntaria. El piso no fue precintado ni la familia del fallecido advertida de que había que esperar al resultado de la autopsia. El baño fue limpiado y ropa y objetos acabaron en la basura. La mañana del 10 de enero ya había crimen pero el escenario de ese crimen ya no existía más que en algunas fotos, pocas, y en el recuerdo de quienes lo vieron. Así comenzó una investigación lastrada por un error mayúsculo del que nadie ha querido hacerse cargo. Días después, Caridad M. fue detenida y enviada a prisión preventiva como imputada por el asesinato de su marido.

Las dos psicólogas que evaluaron a Caridad hablaron con ella cuando ya estaba encarcelada. Ayer dijeron que ella no veía otra posibilidad que el suicidio en principio. Nadie pudo entrar en la vivienda, sostenía. Más adelante, comenzó a admitir que alguien puso matar a Manuel Gil.

Las peritos comentaron que Caridad les dijo que le provocaba una gran tensión que su marido se negase a que se fuesen a vivir a Galicia. Ése era el destino de su hijo, guardia civil, que iba a casarse en mayo. Caridad quería residir cerca de su hijo, quería seguirlo. Pero Manuel Gil no quería moverse de Sanlúcar.

Una psiquiatra que trataba a Caridad comentó en el juicio algo que había dicho en la instrucción: que la acusada le dijo, antes del crimen, que estaba pensando en separarse. Las psicólogas explicaron que Caridad sabía de la declaración judicial de la psiquiatra y les comentó que esa mujer había hecho un falso testimonio.

En el juicio, la procesada negó que hubiese comentado jamás que pensaba en separarse de su marido.

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