Cultura

Adiós a América Martínez, maestra de la guitarra clásica

  • Ayer fue enterrada en el sevillano cementerio de San Fernando la primera catedrática de guitarra de Andalucía, que falleció el pasado jueves en El Puerto de Santa María

La muerte de América Martínez, el pasado jueves en El Puerto de Santa María a los 88 años de edad, ha causado un hondo pesar en la cultura y en las varias generaciones de intérpretes que tuvieron en esta mujer, la primera catedrática de guitarra del Conservatorio Superior de Sevilla, un inquebrantable ejemplo de pasión por la música. Familiares, amigos y discípulos despidieron ayer en el sevillano cementerio de San Fernando a la virtuosa que se codeó con los grandes intérpretes del siglo XX, como Andrés Segovia, Joaquín Rodrigo y Manuel Castillo, y se desvivió dando clases extras, que nunca cobraba, para que de entre sus alumnos surgiera una de las mejores generaciones de guitarristas españoles, a la que pertenecen, entre otros, María Esther Guzmán y Juan Carlos Rivera.

"Llevar la música a los colegios me llenó de satisfacción porque la música no admite la maldad y un niño que se eduque en la música nunca será violento", declaraba América en mayo de 2002 a nuestro compañero Luis Carlos Peris en la extensa entrevista que publicó Diario de Sevilla, uno de los rotativos del Grupo Joly, apenas tres meses después de que una desafortunada intervención quirúrgica le impidiera volver a andar y la obligara a conducirse en silla de ruedas.

"Fue una profesora excelente. La guitarra era su vida. Comenzó como intérprete formando un dúo de mandolina española y guitarra junto a su hermana España. Llegó a actuar en el Círculo de Bellas Artes, en el María Guerrero y en el Teatro de la Zarzuela antes de salir de gira por todo el país. Sin embargo, pronto aparcaría los conciertos para dedicarse a la enseñanza, que fue su pasión", evocaba ayer Juan Carlos Rivera, quien cursó con ella toda la carrera en el Conservatorio Superior de Sevilla y la considera "la gran defensora de la guitarra clásica en Andalucía. Hizo de este instrumento algo muy importante en Sevilla, donde sólo se conocía y estudiaba la guitarra flamenca".

"Su currículum era extraordinario. Acumulaba becas, premios, y se la requería constantemente para formar parte de tribunales musicales y dictar conferencias en España y el extranjero", continúa el también director de Armoniosi Concerti que, aunque hoy es uno de los grandes intérpretes de música antigua, asume que nada habría sido igual si no hubiera pasado por las aulas de América en el Conservatorio de Sevilla, donde logró el premio de honor de fin de carrera.

Bajo las directrices de quien fue la primera catedrática de guitarra de Andalucía y la segunda de España, añade Juan Carlos Rivera, "ha crecido la gran escuela de guitarristas sevillanos", que comprende en la actualidad concertistas y profesores de renombre como María Esther Guzmán, José María Gallardo, José Antonio Peñalosa, Serafín Arriaza, Claudio González Jiménez, el malogrado Juan Antonio Torres, Maribel Álvarez, José María Pichardo y un largo etcétera.

Rocío Macareno, otra de sus alumnas más notables, que preside en la actualidad la Asociación de Amigos de la Guitarra Juan Antonio Torres, cree que "doña América ha dejado una huella imborrable en la guitarra clásica española". En los últimos años, había recibido la Placa de Honor de la Provincia, que le otorgó la Diputación de Sevilla, y el Conservatorio de Mairena fue denominado con su nombre. Además, la propia Rocío Macareno se encargó de recuperar las piezas y buscar la financiación para lograr editar una recopilación histórica de sus grabaciones, que incluía obras de Sor, Mudarra, Coste, Malats, Tárrega y Daniel Fortea, el maestro madrileño que le dio en su niñez clases particulares y le descubrió los secretos de la guitarra. Ese primer disco se presentó en septiembre de 2007 en la Casa de la Provincia, que también ha acogido en los últimos años el Festival de Guitarra que perpetúa su nombre.

América Martínez nació en Madrid en 1922 y comenzó sus estudios de guitarra animada por su madre, quien a los 9 años le encomendó su educación a Fortea. A los 10 años se hizo famosa por los recitales que ofrecía con su hermana España. En 1945 se creó para ella la plaza de profesora de guitarra en el Conservatorio Superior de Sevilla, cuya cátedra obtuvo por oposición (por unanimidad y con el número 1) en 1949. Seguiría vinculada a esta institución hasta su jubilación en 1987, tras 43 años de magisterio ininterrumpido. Ese año organizó en Sevilla el Homenaje a 130 Años de Guitarra Clásica Española, su más ambicioso proyecto.

América se casó en 1950 con el escritor José María de Mena, de quien se separó cuatro años después. La pareja tuvo dos hijos: Juan, que la ha cuidado hasta el final de sus días en su hogar portuense, y América, fallecida a mediados de los años 90.

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