Cultura

La Arquitectura y el Tiempo (II)

El Museo Arqueológico de Jerez suele realizar cada mes la presentación de una de sus piezas. Dicha presentación corre a cargo de algún especialista que imparte una conferencia explicativa sobre la misma. Paralelamente el grupo El Arroyo propone a dos artistas para que aporten respectivas interpretaciones artísticas de la pieza correspondiente. El pasado mes de septiembre la pieza elegida Inscripción Cristiana de Mesas de Asta, CITUTAETIBIX, una inscripción funeraria, fue introducida por Eugenio Vega Gean y Francisco Antonio García Romero, y los artistas invitados fueron la pintora Carmen Guerrero y el responsable de esta página. Vaya por delante que mi aceptación como artista fue obtenida gracias a las circunstancias en que me fue realizada la propuesta: un mediodía de viernes conversando y tomando cañas en el bar La Moderna. Por otra parte, siempre he defendido que la arquitectura, aunque persigue alcanzar o transmitir sentimientos semejantes a las otras disciplinas consideradas artísticas, se separa de éstas en la medida que tiene que responder a otras cuestiones sustanciales para la actividad humana. Dicho de otro modo: el que suscribe nunca se consideró un artista. Y además olvidé el compromiso.

Sin embargo, diez días antes de la fecha señalada recibí un correo de la directora del Museo y amiga, Rosalía González, en el que me enviaba la documentación sobre la pieza y el cartel en el que figuraba como uno de los artistas invitados. Entré en modo pánico, lo que me duró todo el fin de semana. El lunes me puse en marcha y fui a conocer la pieza. Era más pequeña y muchísimo más bonita de lo que parecía en las fotos. Decidí dibujarla. Al día siguiente tenía a mi disposición en el museo una mesa de dibujo y todo tipo de instrumentos de medida y de dibujo, además de unos guantes de nitrilo y la pieza, para poder tomarla en mis manos, para sopesarla y a través de mis dedos experimentar la temperatura del material, su textura, su finura o rugosidad según la cara del prisma, sus proporciones.

Primero dibujé su sección, que es el principal vehículo que los arquitectos tenemos para entender los objetos, sea una pieza pequeña como la del Museo o un edificio. Calqué la inscripción, medí con un conformador de acero cada una de sus caras, las copié en mi cuaderno de dibujo. La fotografié en todas las posiciones imaginables y volví a mi espacio de trabajo pensando en ella. Junto con mi compañero Estanislao Cavanillas, la dibujamos a escala natural utilizando el ordenador y una vez dibujada empezamos a medirla. Aunque habíamos utilizado el sistema métrico, la pieza fue labrada en su momento usando un sistema de medida diferente, el romano, que se basa en medidas antropomórficas: un pie, que se subdivide en 12 pulgadas o en 16 dedos... Buscando las proporciones de la pieza en pulgadas nos dimos cuenta de que el diámetro de las dos circunferencias era de phi pulgadas, siendo phi la proporción áurea. El resto de las medidas también eran múltiplos de dicho número áureo. Las que no lo eran se aproximaban tanto que las dimos por buenas. Los amigos del Museo asistentes a la presentación de nuestro dibujo no nos abuchearon, por lo que nos pareció que podíamos considerar superada la prueba en tiempo y forma. O en tiempo y arquitectura.

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