Diario de las artes

Sintiendo el paisaje

Sintiendo el paisaje Sintiendo el paisaje

Sintiendo el paisaje

CARMEN CHOFRE. Galería Cristóbal Bejarano. LINARES

Cada día confirmo el claro planteamiento de un viejo pintor, pasado, el pobre, de tiempo, de aguardiente del bueno y de verdad: “Hijo, no te equivoques; no existe la pintura, existen los pintores que la hacen y, de éstos, sólo hay dos: los buenos y los malos. De aquellos, lo que hagan se te quedará pegado al alma; de los malos, no quieras acordarte, perderás el tiempo y se te ensuciará el alma”. Carmen Chofre es pintora – si no, no me acordaría de ella -; su obra se pega al alma. Que la pintura de Carmen Chofre es de las buenas, me lo avisaron dos magníficos retratos en una exposición en La Pescadería. Dos retratos que inundaron el alma de pintura. Eso la distinguía, la hacía pintora de las buenas. Convencía a la mirada y traspasaba lo que la vista contempla. Ahora, ofrece esa realidad incontestable de quién es buena artista.

Con esta exposición, la pintura vuelve a dictar la sentencia del viejo sabio. Lo que Carmen Chofre hace es pintura porque lo hace una pintora cierta. Su paisaje nos adentra por los horizontes eternos del arte grande, aquel que hace los artistas sabios, seguros, verdaderos. Los paisajes de Carmen dejan contemplar todo cuanto en ellos existe; hacen caminar a la mirada por los espacios que ella descubre; espacios amplios, luminosos, con la luz reverberando para que las sombras se ciñan a lo sombrío que ella, la luz, también, proyecta; el color modela la existencia de la naturaleza, la hace permanente y nos la descubre con intensidad, con su sensualidad, con su fuerza, con sus horizontes cambiantes. Carmen esculpe, a su vez, el color, para que las formas intensifiquen su existencia. Carmen magnifica los horizontes, agranda los espacios, proyecta las perspectivas para, de nuevo, manipular a la mirada y que esta abarque estancias imposibles. Los paisajes de Carmen no copian la naturaleza; pintan la realidad del propio paisaje; ofrecen toda su existencia; sus tierras, sus luces, sus sombras – sobre todo sus sombras -, la atmósfera que la envuelven, los aires que la refrescan, los infinitos sonidos que hasta se escuchan. Carmen pinta, en definitiva, el gran paisaje que hace eterno la pintura de paisaje.

Esta exposición de Carmen Chofre en Linares, con ese paisaje expectante, abierto a los límpidos horizontes de una naturaleza que ofrece su infinitos argumentos y sus modelos más dispares, a veces íntimas estancias pobladas de lo más escueto, a veces lejanías inabarcables desde suaves alcores que hacen felizmente incontrolable a la mirada; vuelve a situarnos en la certeza de una artista de muy amplio espectro. Si con dos retratos nos hizo comprender cómo era la verdadera pintura de un retrato, ahora, con sus paisajes nos descubre el amplio sentido de la pintura paisajística; la cierta, la que no ofrece duda, la que convence. Con ella volvemos a saber por qué existe la pintura.

En la obra de Carmen Chofre los argumentos artísticos surgen sin afectación. Ellos la hace absolutamente creíbles; el color desentraña lo real; es la contundente arquitectura que sustenta esa representación que ella hace más real. Modela la pincelada, la regula para que potencie o para que minimice; la hace exuberante o contenida. Con sus paisajes nos hace ver el paisaje, sentir el paisaje, vivir el paisaje.

En la Colección de Pintura del XIX que alberga el Museo Carmen Thyssen de Málaga se encuentra uno de los cuadros de paisaje que mayor entusiasmo han levantado en mí este tipo de manifestación artística. Se trata de un paisaje boscoso de Sánchez Perrier en felicísimos tonos agrisados. Una de esas maravillas que hace eterna la pintura. Con algunas obras de la exposición de Carmen Chofre en esta galería de Linares he experimentado la misma sensación que ante aquella que está en el antiguo palacio de los Villalón de Málaga. Ella como aquel genial pintor sevillano, hace grande la pintura porque es capaz de conseguir que su obre se pegue a lo más hondo del alma. Carmen Chofre es una buena pintora que hace la buena pintura.

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