Cultura

"En el Barroco, la locura era una herramienta de evasión"

  • Tras un primer y exitoso álbum con cantatas del siglo XVIII, el contratenor Flavio Ferri-Benedetti viaja a las fuentes del primer Barroco para su segundo disco en solitario

Flavio Ferri-Benedetti nació en Italia de padres italianos, pero desde los 11 años vive en Castellón. Estudió en España (piano en el conservatorio y traducción e interpretación en la universidad), aunque para el canto tuvo que marcharse a Basilea. Está a punto de leer en Valencia su tesis doctoral, que versa sobre la tradición clásica en Pietro Metastasio, "mi libretista favorito, y la forma que tuve de meterme en el terreno de la filología". Acaba de presentar un disco titulado La Pazza (La loca).

-¿Cómo nace la idea de este trabajo?

-Hace tres años hice con el Il Profondo un disco dedicado al barroco tardío, y nos gustó tanto la experiencia de trabajar juntos que pensamos en repetir, pero con algo completamente diferente, así que nos fuimos al Barroco temprano, aunque, para ser honestos, también metimos en el lote a Barbara Strozzi, que ya es del Barroco medio. En cualquier caso, todas las piezas son del XVII italiano, directa o indirectamente relacionadas con el tratamiento de la locura, real o figurada. Muchas de estas obras las hemos extraído y editado nosotros mismos de los manuscritos. La más importante, la más extensa también, es un lamento anónimo (La Pazzia), cuyo texto es idéntico a uno que usó Pietro Antonio Giramo, un compositor activo en los años 20 del siglo XVII, para una pieza que grabó hace muchos años Anna Caterina Antonacci. El texto es idéntico, pero la música es totalmente diferente, y no estaba grabada. Es una pieza única, casi una miniópera, muy difícil, pero nos dijimos, esto lo tenemos que hacer. Diría que en general es un disco atrevido.

-Cómo filólogo y cómo músico, ¿qué se esconde detrás de esa "locura" que aparece en tantas músicas barrocas?

-En mi opinión no está muy lejos de la visión que de la locura nos dan algunos autores de las escenas de locura románticas. Sobre todo cuando se trata de personajes femeninos, la locura era la única vía de escape en un mundo machista, donde el control social hacia la mujer era casi absoluto. La locura era casi imprescindible, era una herramienta para evadirse. No es pues sólo un fenómeno médico, sino social, sobre todo en el Barroco. Pero incluso en el siglo XXI puede haber algo de eso. Cuando canto estas piezas siento un fuerte paralelismo entre el ayer y el hoy. Estos textos tan poéticos reformulados con palabras actuales podrían expresar cosas que seguimos sintiendo hoy en día. No es un tema que haya quedado desactualizado.

-Desde el punto de vista del canto, ¿hay mucha diferencia entre el Barroco tardío y el temprano?

-Mucha. Brutal. La técnica es la misma para todo. Lo que cambia es el estilo y la articulación. Lo más difícil del primer barroco es esa articulación tan especial, la manera de pegar las palabras, la velocidad de las notas, la declamación, la sílaba, la dicción, la métrica... Para mí, lo primero siempre es el texto, pero es que para el repertorio de esa época la palabra lo es todo, manda absolutamente; no lo olvide, es el tiempo del recitar cantando. Además al ser una música que se acompaña sólo del bajo continuo, resulta todo mucho más esencial, más desnudo. Cuando cantas con violines estás arropado por una armonía, que se hace mucho más presente. El bajo es también una armonía, pero en el fondo no deja de ser una línea musical. En este repertorio estás completamente desnudo, muy expuesto, mucho más que en la música del XVIII.

-De todos modos, el continuo que emplea es de extraordinaria riqueza, un conjunto de violas da gamba y una gran variedad de instrumentos de cuerda pulsada, incluida una mandolina barroca que da a la música un color muy especial.

-Es un concepto del grupo. Il Profondo nace como conjunto de bajo continuo, y ellos tenían el deseo de hacer este tipo de continuo, muy variado, a lo grande, potente, lo cual no quita para que en algunas piezas se reduzca y vaya a lo íntimo, se queden un arpa o un clave en solitario. Es bonita esta idea de orquestación del bajo continuo, porque permite contar con una infinidad de colores, de timbres, de posibilidades para pintar las palabras. Además lo fuimos adaptando sobre la marcha. A medida que ensayábamos decidíamos qué bajo usar, en función siempre del texto.

-El CD se publica bajo la marca Resonando, pero ¿es autoproducción?

-Sí, el disco está financiado con nuestros ahorros. Resonando es una plataforma de autoproducción sin distribuidores. El disco solo puede comprarse por internet y llega por correo o por iTunes. Se intenta que así todo el beneficio vaya al artista.

-La portada es impactante...

-Sí, es un perro de porcelana barroco, pero parece un monstruo. Es una imagen dura, como la locura, y a la vez una declaración de intenciones: cuidado con el perro, porque vamos a morder.

-Los contratenores han logrado una posición de privilegio en la ópera del Barroco, aunque en España el espacio que se concede en las programaciones de los teatros a la ópera barroca es todavía muy pequeño. ¿A qué piensa que se debe?

-No se programan muchas óperas barrocas en España, es cierto. En Alemania hay al menos una ópera barroca por temporada en cada ciudad, en cada teatro. Sin Alemania, Austria, Suiza y Francia, los contratenores no tendríamos trabajo... Y estoy convencido de que al público español le encantaría la ópera barroca, pero la mayoría de los programadores sigue pensando que si salen de lo trillado la gente no va a responder, y eso es un error. Hace dos años hicimos una Agrippina de Haendel en Oviedo y se llenó todos los días. Es verdad que no es buen momento, que en España no hay dinero, no hay presupuesto para hacer más cosas barrocas. Hay muchos festivales, pero la mayoría han decaído con la crisis. Por otro lado, aunque está desapareciendo muy rápidamente en otras esferas musicales, el tabú contra los contratenores sigue estando muy arraigado en los conservatorios españoles: el 95% de los profesores no sabe lo que es un contratenor, no sabe tratarlo. Yo tuve que irme de España para estudiar. Y lo cierto es que al contratenor se le da clase como a cualquier otra voz. Los profesores españoles deben perder el miedo. La de contratenor es una voz de cabeza con voz de pecho al final, y ya está. Sin embargo sigue arraigado el tabú de los años 70, según el cual la de contratenor es una vocecita que no se va a oír. Pero el contratenor moderno tiene acceso hoy a la técnica moderna y ya se hace oír.

Flavio Ferri-Benedetti. Il Profondo. Resonando

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