Crítica de Cine

Cuando Bond se encontró con Spectra

spectre

Acción, aventuras, Reino Unido, 2015. 148 min. Dirección: Sam Mendes. Guión: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade, Jez Butterworth (Personajes: Ian Fleming). Música: Thomas Newman. Intérpretes: Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Ralph Fiennes, Monica Bellucci, Naomie Harris, Rory Kinnear, Ben Whishaw, Dave Bautista, Andrew Scott, Jesper Christensen, Stephanie Sigman. Cines: Al-Ándalus Bormujos, Alameda, Arcos, Cineápolis, Cinesa Camas, Cinesa Plaza de Armas 3D, Cinesur Nervión Plaza 3D, CineZona, Los Alcores, Metromar.

La longeva serie Bond tiene cuatro problemas. Nadie ha podido superar las bandas sonoras de John Barry, que creó el sonido Bond desde 1962 hasta 1971, más otros cinco títulos entre 1974 y 1987. Nadie ha podido superar los títulos de crédito de Maurice Binder, que creó la gun barrel sequence de apertura y revolucionó la presentación de películas con sus diseños desde 1962 hasta 1989. Nadie ha podido superar el diseño de producción de Ken Adam, que creó los metalizados y espectaculares decorados desde Dr. No hasta Moonraker. Y, sobre todo, nadie ha podido superar la interpretación que Sean Connery hizo del personaje. No vean exageración o nostalgia en ello. Los cuatro fueron primeras espadas. ¿Cómo superar este cartel? La conjunción de sus talentos fue el acierto mayor de los productores Saltzman y Broccoli cuando crearon la serie hace la friolera de 53 años.

A quien más se echa de menos, lógicamente, es a Connery. Roger Moore y Timothy Dalton fueron dos desastres. Pierce Brosnan fue correcto pero soso, como siempre. Y Daniel Craig es correcto pero inexpresivo. La diferencia entre los cuatro y Connery es simple: son actores mediocres y Connery es un grandísimo actor.

Dicho lo cual hay que añadir que, si nos olvidamos de que una vez Sean Connery fue James Bond 007, el reconcentrado cara de palo Daniel Craig es mejor actor que Moore y Dalton (lo que tampoco es decir mucho) y los Bond que ha interpretado son los más espectaculares y mejores desde que terminó el canon conneriano en 1971. San Mendes, un artesano que intentó engañarnos (y lo logró durante un tiempo) haciéndose pasar por un autor en American Beauty, Camino a la perdición o Revolutionary Road, le ha cogido el pulso al neobondismo tan influido por la saga Bourne. Aquí resucita, en versión precuela, la legendaria Spectra que lideraba el perverso Ernst Stavro Blofeld, el calvo del gato de angora y el anillo con el pulpo para el que trabajaron los no menos perversos Dr. No o Emilio Largo. La ausencia de Spectra desde Diamantes para la eternidad se debía a un litigio por los derechos de autor. Solventado, regresa tan triunfalmente que da título a esta nueva aventura en la que se narra el primer choque de Bond con ella.

¿Espectacular? Hasta el asombro desde la apabullante secuencia inicial. ¿Entretenida? Su muy largo metraje pasa en un suspiro. Además Chris Waltz es un buen Blofeld, aunque a veces parece irse más por el palo del Dr. Maligno que por los de sus más ilustres antecesores, Donald Pleasence y Telly Savalas. Las chicas Bond son espléndidas. La incorporación del compositor Thomas Newman, traído a la serie por Sam Mendes, ha resultado un acierto indiscutible. Y se agradecen -lucha en el tren, Alpes, cráter- los guiños a los Bond de verdad.

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