Cultura

Carmen Boza, artesanía musical

  • La cantautora linense de 24 años acaba de editar el EP 'Lapislázuli' · Su directo se pasea por el Búho Real de Madrid y el Pay Pay de Cádiz

Casi entre susurros se presenta en el escenario, tímida y sugerente sostiene su guitarra y encierra en su mirada el vértigo que aísla bajo sus cabellos. Carmen Boza (La Línea, 1987) es magia, una maestra artesana conjugando sentimientos, tejiendo los sonidos y desplazando la sonoridad en acordes espaciales. Éstos caen diluidos sobre un público que quiere escucharla. Nadie está de paso frente a ella.

Se ha hecho un hueco en templos del acústico como el Pay Pay de Cádiz o el Búho Real de Madrid, lo cual considera un privilegio. "Estaba en mi casa hace un año y veía los vídeos de gente que me gusta allí y ahora verme es una locura, siento que lo que hago no se queda simplemente aquí, sino que trasciende".

Ese ir y venir con su guitarra, su mejor aliada, tocando desde Sevilla a Barcelona, ha desembocado en Lapislázuli. Se trata de su primer EP producido por Román Méndez de Miss Caffeina, y como vehículo de promoción las redes sociales, convertidas para ella en autopistas infinitas sin peaje donde darse a conocer tal cual es. "Lo que tengo viene de ahí. De que un día abrí un canal en Youtube y empecé a colgar vídeos y surgió el movimiento social, fue una locura, algunos vídeos tienen 80.000 visitas". Y así es, con casi 2.500 seguidores en Facebook, en Twitter y alrededor de 600.000 reproducciones totales de sus vídeos colgados.

Lapislázuli se propone como el primer volumen de una serie de discos de igual formato. "La idea de que sean 5 ó 6 temas es como una especie de presentación", explica Boza de un trabajo en el que Román y ella han invertido mucho tiempo. "Hemos tenido que cuadrar muchos horarios, hacer esfuerzos tratando de gastar el mínimo presupuesto porque no teníamos dinero, ni siquiera para sacar una copia del disco". Su EP se está vendiendo en internet y en sus conciertos, como el que ofreció esta semana en La Línea, su ciudad natal, de la mano de Cultura Levadura. El formato de creación demuestra que más allá de ser una edición limitada, tener este disco es una joya artesanal.

Además de las redes sociales, se considera una chica con suerte al haber podido conocer a Miss Caffeina o Zahara, que le han enriquecido con su música además de beneficiarle poder tocar con ellos. Hacer el disco con Román Méndez, ser telonera de Zahara o actuar junto a José Antonio Delgado le ha ayudado. "He tenido la suerte de conocer a gente que ya era conocida y grandes músicos que han querido cederme un poquito de su tarta, del pastel que podían comerse ellos solos".

Con 16 años hizo su primera canción y es que la música de pequeña no le interesaba mucho hasta que, sin tapujos, confiesa que descubrió a Avril Lavigne. "Tenía 15 años y quería ser como ella". Sin dar clases llevó un aprendizaje autodidacta. "He tenido amigos músicos que me han enseñado pero, fundamentalmente, ha sido a base de libros y horas de tocar", y además muestra su destreza al piano. Actualmente sus influencias musicales pasan más por estilos un tanto independientes, desde John Mayer a Bon Iver, aunque crecer con la música de los 90 le ha llevado a mirar también a grandes voces del Pop como Christina Aguilera o Alicia Keys.

Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Algeciras, fruto de esta formación durante un tiempo compaginó sus bolos de fin de semana con una jornada laboral de lunes a viernes como diseñadora. Tuvo que decidir y dejó a un lado la estabilidad económica para perseguir su meta. "Me fortalecía saber que estaba haciendo lo que quiero hacer. A veces pierdo dinero pero decidí que me merecía más la pena renunciar al trabajo e ir a Madrid".

No sabe si el camino que lleva en la música es el mejor, "no tengo otra forma de hacerlo, espero que sea el correcto". Para Boza triunfar está un poco ligado al azar, aunque evidentemente requiere un gran esfuerzo, trabajar mucho y viajar.

Sus composiciones atraviesan sentidos y desbaratan sentimientos. Sabe que al público le llega lo que escribe y para ello también añade dosis de emoción al cantar, "trato de disfrutar con lo que hago". Su instinto peculiar también se ve en detalles como el nombre de sus canciones, desde Cartas desde el círculo polar hasta Pacuare. Reconoce que quizás se pasa de mística pero es una enamorada de las palabras, y si son esdrújulas mucho más.

Alrededor de 25 canciones ha compuesto. Su facilidad para hacer música está por encima de escribir letras, aunque cualquiera lo diría con textos así... "Como los trozos metálicos se adhieren al imán / como dos cucharas juntas que se atreven a encajar / somos como dos cometas que se arriesgan a escapar de las manos de su dueño". Pertenece a la canción El ejército, una de sus obras favoritas junto a El pequeño Vals sin título.

Agotar entradas en Málaga o La Línea reconoce que le genera una "ansiedad brutal". Hace música porque le gusta y siempre se ha guiado por impulsos. Un contrato discográfico no le quita el sueño, aunque Lapislázuli ha llamado la atención de algún que otro sello musical. Si bien, ella cree en su proyecto, es un camino progresivo que va recorriendo con la gente. "Para mí la música todavía tiene un carácter artesano y personal, quiero tocar, disfrutar de los conciertos que hago". Y por muy alto que vuele sabe que La Línea es su casa, hasta los 20 años residió en la ciudad donde empezó a descifrar acordes dejando fluir esta inquietud, la que hoy siente como un modo de vida.

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