Diario de las Artes

Cuando la Corredera es más Corredera

  • Presentación de la obra de Eduardo Millán en ONLY SUITES HOTEL

Presentación de la obra de Eduardo Millán. Presentación de la obra de Eduardo Millán.

Presentación de la obra de Eduardo Millán. / Miguel Ángel González (Jerez)

Desde hace unos años hacia acá, existe en la ciudad una serie de pintores, de esos que llaman de media carrera, que suponen una realidad artística de suma trascendencia. Cualquiera de ellos podrían – de hecho, ya están en ello – formar parte de los más significativos catálogos que existen en el paisaje artístico español. Sin duda alguna, entre estos, el nombre de Eduardo Millán destaca por su absoluta trascendencia pictórica. Eduardo es un pintor grande, muy grande. Su realismo ha traspasado los límites artísticos de Jerez y es considerado como unos de los más seguros valores de esta puntura figurativa convincente que levanta casi unánime expectación. Esto nadie lo pone en duda, ni siquiera los envidiosos, pacatos y miopes que tanto abundan en la profesión. Y es que, Eduardo, aparte de muy buen pintor, es una gran persona; un artista sensato, consciente y alejado de las alharacas al uso. Es, en definitiva, un pintor importante y, además muy buena gente.

La historia que trae a Eduardo Millán, en estos momentos, a lo más alto de lo noticiable, comenzó hace unos años, cuando Eduardo Hinojosa, un coleccionista de arte de los que saben buscar artistas importantes, autores de obras, también, importantes. Hinojosa supo de la existencia de Eduardo Millán y se interesó abiertamente por su pintura. En aquel tiempo, la empresa de los Hinojosa se instala en Jerez para llevar a cabo proyectos inmobiliarios en la ciudad; entre estos, convertir en un especial establecimiento hotelero, un edificio largo tiempo abandonado al principio de la calle Corredera. Se le encarga al pintor jerezano una gran obra para ser instalada en las estancias de dicho hotel que, por entonces, ya se estaba construyendo. El encargo suponía toda una apuesta artística que Eduardo Millán acoge con entusiasmo. La especial manera de pintar de este autor iba a permitir la realización de una obra que se convertiría en toda una bella historia. El artista concibe la obra como un gran paisaje urbano inscrito en un gran lienzo de tres metros de ancho por uno setenta de alto, en tan espectacular soporte se iba a desarrollar un ejercicio pictórico de absoluta trascendencia; un paisaje que recogería toda la calle Corredera desde la plaza de las Angustias hasta la del Arenal.

Eduardo Millán que es pintor de una figuración excelsa y absolutamente racional, concibe la obra como una amplia superficie que abarca más de ciento sesenta grados de visión. Se trata de un bello ejercicio pictórico que giraba alrededor de una fecha determinante: el solsticio de invierno; unas pocas semanas antes de ese día, 21 de diciembre, y otras después; en ese tiempo la luz sufre muy pocas modificaciones. El pintor todos los días a la misma hora, desde una azotea, frente el edificio que ya, hoy, es hotel Only Suites, realizaba una pintura como si se tratase de un científico. Cuando la luz dejaba de ser la adecuada, debía dejarlo todo para dedicarse a otras circunstancias de la pintura, a perfilar sombras, a dibujar conscientemente los más mínimos detalles. La obra, una vez acabada, presenta, según el autor, una perspectiva curvilínea que permite aproximarse lo más posible a cómo el ojo humano ve.

Tan importante pieza, titulada, como no podía ser de otra forma, con el nombre de Corredera, es el producto de un artista que roza en sus ejecuciones la más absoluta perfección, es el producto de un artista científico, de un matemático, de un físico. Durante tres años se ha ido gestando un proyecto lleno de trascendencia artística; se ha ido configurando una obra, que es más que un bello proyecto pictórico. Eduardo Millán ha planteado todo con asepsia científica; la luz está planteada con sus volubles incidencias a la hora exacta; los ángulos y los perfiles del caserío de la calle, impactan por su claridad; una claridad salida de una estructura compositiva de limpia pincelada que deja formas exactas de un paisaje urbano que iba tomando su correcta dimensión en esos tres años de incesante labor.

La obra ha sido colocada en su lugar definitivo en un amplio salón del Only Suites, compartiendo un feliz espacio con muchas obras de gran valor artístico. La Corredera de Eduardo Millán está entre las mejores. Es una obra grande en tamaño, grande en formulación artística y muy grande en trascendencia pictórica. Es toda una lección de gran pintura, esa pintura que es eterna, que no tiene ni tiempo ni edad.. Con ella Eduardo Millán ha conseguido un absoluto tratado de representación; un ejercicio artístico dilatado en perfección que oferta una determinante racionalidad pictórica.

Es una obra para gozo absoluto de los sentidos.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios