Diario de las artes

La verdad inquietante del retrato eterno

Carmen Chofre. Sala Pescadería. Jerez

La pintura de Carmen Chofre, como la de otros muchos que viven y trabajan en Jerez oque, siendo de aquí, realizan su actividad fuera - Nacho Estudillo, Javier Palacios, Natalia Domínguez, Fernando Clemente o Ana Barriga, entre otros -supone en estos momentos toda una feliz fiesta del Arte.

Ella, sevillana de nacimiento, lleva tiempo afincada en Jerez donde, además de pintar, ejerce una entusiasta labor docente en la Escuela de Arte de la Porvera.

Carmen es una pintora de muchos quilates; una artista consciente de las fórmulas modernas de la pintura para que ésta siga patrocinando todos sus eternos valores.

Después de haber contemplado su esclarecedora obra en varias buenas comparecencias colectivas, presenta de forma individual su obra en la Sala Pescadería; una sala que en el año que, ahora, acaba, cumple los veinticinco como importante espacio expositivo, después de que el arquitecto Ignacio de la Peña Muñoz dirigiese las obras de su remodelación, desde aquella sede de la Academia de San Dionisio, para convertirse en definitivo centro donde lo artístico ofertara su especial sentido.

Carmen Chofre llega hasta la Pescadería con un especialísimo homenaje al retrato, esavieja modalidad representativa de difícil concepción, compleja manifestación y no fácilresolución. En la muestra se nos ofrece una amplia galería de posiciones representativas que desentrañan los muchos registros artísticos que patrocinan esta realidad a la que muchos han sido los llamados y muy pocos - poquísimos - los que verdaderamente han sabido plantear el rigor y la seriedad de una especialidad con mucha exigencia creativa.

Un retrato, aunque algunos pretendan atribuirse circunstancias particulares y únicas,tiene los desarrollos compositivos muy claros. No es únicamente la ilustración fidedigna de los rasgos físicos del retratado; eso puede hasta ser lo menos importante e, incluso, lo más fácil de conseguir. Un retrato tiene que aunar el relato de las características distintivas del modelo y sus signos psicológicos que lo distinguen. Carmen Chofre evidencia bien a las claras la realidad general de la persona que posa, su psicológica personalidad.

En sus retratos contemplamos la única verdad del retratado; sus formas, sus gestos; también sus emociones, sus luces y hasta sus sombras. En los retratos de Carmen se modela la historia del modelo. No existe sólo la efectista suerte que se busca con la simple afortunada apariencia. En sus retratos está la vida, la esencia y hasta la existencia del que posa. Carmen es una artista culta, con los conocimientos que dan seguridad, los que valen, los que generan el arte bueno.

Sus fórmulas creativas pasan por un dibujo determinante, contundente, elegante y de sabia estructura conformadora. En sus retratos todo queda plasmado dese la inteligencia pictórica de una artista creadora, de una artista convencida, de una artista que manifiesta lo más grande y verdadero del arte de siempre.

En la exposición nos encontramos una realidad artística verdadera, sin trampa ni cartón; sin juegos dialécticos ni espurias ficciones para explicar lo inexplicable. Sus obras no inventan nada porque, ya, todo está inventado y es único patrimonio del Arte. Sin embargo, su pintura es más pintura, sus retratos son verdaderos retratos y no brindis a sol de lo equívoco.

Sus retratos nos sitúan en la amplia diversidad creativa en torno a esa compleja manifestación artística. En ellos lo meramente epidérmico se ve absolutamente complementado por una descripción mediata de la personalidad del personaje, con sus interioridades desarrolladas sutilmente.

En las obras de Carmen el modelo es el verdadero protagonista; todo lo suyo, lo de dentro y lo de fuera, se hace bien patente en esa pintura sabia que obra sólo para destacar la dignidad del retratado.

Cuando tantos son los que asumen el retrato para marcar posiciones efectistas y buscar espurios halagos sobre simples aciertos representativos, Carmen Chofre se vuelca en el personaje, lo convierte en eterno, en imagen perpetua de una realidad que sólo él - el retratado - puede convencer. Por eso, en la obra de esta artista, la personalidad total delretratado se hace tan evidente para la mirada del espectador; la manifestación física de cada personaje queda en un segundo plano ante la aplastante realidad psicológica que descubre.

En sus retratos contemplamos la única existencia general del retratado. En definitiva, la verdad manifiesta que no engaña y hace feliz protagonista a un modelo que se convierte en eterno argumento clarificador.

Estamos, por tanto, ante una exposición redonda que vuelve a incidir en esa fiesta total de la pintura eterna; una pintura de verdad que atrapa y convence.

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