Cultura

'Delicadas' de 'T de teatre', el mundo visto desde la óptica femenina

  • A pesar de la crisis, el Villamarta vuelve a acertar con calidad y teatro de autor

Dirección: Alfredo Sanzol. Reparto principal: T de teatre: Mamen Duch, Marta Pérez, Carme Pla, Àgata Roca, Albert Ribalta y Jordi Rico. Teatro Villamarta. Sábado 5 de noviembre de 2011. 20,30 horas.

Es de todos conocida la permanente lucha por hacer del teatro un género menor antes las grandes superproducciones cinematográficas, las series de cadenas digitales y los desmesurados presupuestos de otras latitudes. Sin embargo, en época de vacas flacas como la actual, el público agradece la cercanía de la figura de un actor o de una actriz, la desigual capacidad de atención a una voz en un escenario, o la posibilidad de sentir en algún momento, el jadeo de la respiración de esos actores desarrollando su papel.

Además, en este caso, la propuesta de este grupo, archiconocido por sus anteriores intenciones, empieza desde un principio de la obra, haciendo una atractiva declaración de intenciones sobre el poder de las mujeres, sus manejos y la visión hacia los hombres como títeres en sus manos. Por ello, de sorpresiva y novedosa se puede calificar la aparición de actores masculinos en escena, cuando este grupo de actrices siempre nos acostumbraban a una androginia desatada y congruente. De brillante y profesional, la desnudez emocional de los actores y actrices, ante una escenografía sencilla y simple como acostumbran. De delicada y sencilla la transición de sketches dentro de una línea argumental de recuerdos, aunque en los primeros compases haya que hacer un esfuerzo para conseguir seguir el espectáculo sin dudas razonables sobre la identidad de quienes aparecen limpios y libres de perjuicios de guión.

Pero sin que nos atiborren con palabras, se evocan historias fácilmente imaginables. Esta seña de identidad es una de las características de esta producción, donde la propia transición de los personajes aparece con mayor fuerza que los pocos apoyos de escenografía con que cuentan, guiñando a los espectadores para que entiendan que se trata de seguir una línea argumental con la fuerza expresiva de los personajes individuales, la enorme coordinación de los gags corales de varios protagonistas y la fuerza narrativa de las gargantas finas y aterciopeladas de voces de mujer declamando sus miserias.

En todo momento los espectadores están visualmente enganchados a un ciclorama cóncavo hacia la sala, a modo de cielo protector libre y grandioso, un suelo cóncavo y en oleada hacia la sala y hacia el fondo de la caja negra, un manzano-ciruelo y una rosa enhiesta que huele aunque no esté presente. Porque ésta es otra de las señas de identidad de esta obra, la facilidad para estimular en los presentes los cinco sentidos: alcohol en friegas, aviones que sobrevuelan, fragancias de rosas recién cortadas o manzanos que ofrecen ciruelos.

Una lección de puesta en escena minimalista dando importancia a los personajes y apoyándose puntualmente en la escenografía, acertada la doble intención de las piezas musicales subrayando la carga emocional de las escenas y la iluminación interiorista, limpia y con focos de haces de luz dura entre calles apoyando escenas de disposición al fondo de escenario y haces más blandos a modo de panorama de escenas que difuminadas, se nos ofrecían sencillas y en el color sepia que se quería transmitir, a modo de álbum de fotos de una época en blanco y negro. Aún así, los colores alcanzan su función de contrapunto, pasteles en todo el vestuario, apagados en la utilería y más llamativos en imágenes concretas de zapatos o del ciclorama singular que inunda no solo el fondo del escenario sino que se abre imponente hacia el patio de butacas acariciando el peine de todo el escenario.

Las transiciones entre escenas, realizadas por los propios personajes y las salidas entre cajas sin cambios retan al espectador al continuo cambio de registro. Tanto actrices como actores, y más tras tantas representaciones a sus espaldas, logran crear personajes muy creíbles, definidos, con equilibrio entre la expresión corporal y la colocación en primer y segundo término. Las emociones de esta propuesta rezuman sentimientos del género humano, de los que las mujeres de todos nosotros siempre saben y de los que se nutren la mayoría de nuestros recuerdos. Eso es lo que sucede en el nudo central de esta obra. El mundo visto por las mujeres.

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